Imputaciones JEP Archives | VerdadAbierta.com https://verdadabierta.com/tag/imputaciones-jep/ Periodismo a profundidad sobre conflicto armado en Colombia. Tue, 30 Apr 2024 14:58:58 +0000 es-CO hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.2 Víctimas de la toma de Mitú: desconectadas de la JEP y a la espera de audiencia territorial https://verdadabierta.com/victimas-de-la-toma-de-mitu-desconectadas-de-la-jep-y-a-la-espera-de-audiencia-territorial/ Wed, 17 May 2023 12:03:34 +0000 https://verdadabierta.com/?p=32368 Las personas afectadas por una de las incursiones más cruentas perpetradas por la extinta guerrilla de las Farc piden que la justicia transicional llegue a Vaupés y vincule a quienes padecieron el secuestro. Sus heridas permanecen abiertas y aunque algunos han logrado reconstruir sus vidas, otros atraviesan situaciones precarias. Una pregunta les inquieta: ¿cómo podrán […]

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Las personas afectadas por una de las incursiones más cruentas perpetradas por la extinta guerrilla de las Farc piden que la justicia transicional llegue a Vaupés y vincule a quienes padecieron el secuestro. Sus heridas permanecen abiertas y aunque algunos han logrado reconstruir sus vidas, otros atraviesan situaciones precarias. Una pregunta les inquieta: ¿cómo podrán repararlos?

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“Los ‘falsos positivos’ no obedecieron a manzanas podridas” https://verdadabierta.com/los-falsos-positivos-no-obedecieron-manzanas-podridas/ Wed, 29 May 2019 14:25:11 +0000 https://verdadabierta.com/?p=22027 Un informe elaborado por varias organizaciones no gubernamentales y entregado a la Sala de Reconocimiento de Verdad, Responsabilidad y Determinación de Hechos de la Jurisdicción Especial para la Paz, plantea que las ejecuciones extrajudiciales obedecieron a una práctica sistemática de las Fuerzas Militares. La mañana del lunes 14 de junio de 2004, soldados adscritos al […]

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Un informe elaborado por varias organizaciones no gubernamentales y entregado a la Sala de Reconocimiento de Verdad, Responsabilidad y Determinación de Hechos de la Jurisdicción Especial para la Paz, plantea que las ejecuciones extrajudiciales obedecieron a una práctica sistemática de las Fuerzas Militares.

La mañana del lunes 14 de junio de 2004, soldados adscritos al Batallón de Artillería No. 4 Jorge Eduardo Sánchez (Bajes) de la IV Brigada del Ejército, con sede en Medellín, irrumpieron violentamente en la casa de Mauricio García, por aquel entonces un campesino de tan sólo 13 años de edad, quien, junto a su familia, vivía en el corregimiento Santa Ana, municipio de Granada, en el oriente de Antioquia.

“Recuerdo el estruendo tan impresionante, como si hubiera estallado algo”, relata Mauricio. “Yo estaba en el patio y salí a ver qué estaba pasando. Mi mamá estaba en la cocina y salió a los gritos también. Cuando llegué a la sala vi a mi papá tirado en el suelo, con los soldados apuntándole. Recuerdo a mi mamá desesperada preguntando qué estaba pasando. Recuerdo cuando uno de los soldados le pegó una patada durísima a mi papá estando tirado en el suelo”.

Los uniformados se llevaron a Nicolás Emilio García, hombre dedicado a las faenas del campo y padre de Mauricio, para una casa ubicada en el casco urbano, que servía de cuartel general del Batallón Bajes.

“Pero nosotros no nos atrevíamos a bajar al pueblo”, agrega Mauricio. “Eran años muy duros. De mucha violencia. Más para nosotros, porque había un estigma muy fuerte: todo el que era de Santa Ana era guerrillero. Con todo y eso mi mamá bajó a hablar con uno de los comandantes del Ejército, a preguntarle qué estaba pasando. El militar le dijo que no se preocupara. Que no le iba a pasar nada, que sólo le iban a hacer unas preguntas a mí papá y ya”.

Mauricio y su madre decidieron que lo mejor era viajar a Medellín a denunciar el hecho ante organismos humanitarios y buscar asesoría jurídica. “Pero sólo pudimos viajar la mañana del 18 de junio. Era viernes. Lo recuerdo como si fuera ayer. Mi mamá siempre fue de trabajo comunitario, entonces ya conocía a los abogados de la Corporación Jurídica Libertad. Ese viernes hablamos con un abogado de allí y quedamos de volver el lunes. Pero pasó que del pueblo nos llamaron a decirnos que mi papá ya no lo tenían los militares, que lo habían sacado de la casa esa mañana del viernes”.

No tener noticias de su padre llenó de angustia a Mauricio durante ese fin de semana. Para calmar sus peores temores, decidió visitar, por su cuenta, los anfiteatros de la ciudad. “Madrugué el lunes. Para esa época no conocía muy bien la ciudad. Yo era un niño en ese entonces. Simplemente recuerdo que llegué a uno y pregunté si habían llegado cuerpos de Granada ese fin de semana. Me dijeron que sí: dos hombres y una mujer. ¿Cómo era uno de los hombres?, pregunté. La descripción que me dieron coincidía con mi papá. Después, con un tío, identificamos el cadáver. Era mi papá”.

El reporte entregado por las autoridades forenses a Mauricio y su familia indicaba que el cuerpo había sido llevado por tropas del Batallón Bajes del Ejército y lo reportaron como guerrillero muerto en combate en zona rural de Granada.

¿Cómo terminó muerto en un combate con el Ejército un labriego que cuatro días antes había sido sacado de su casa por los propios militares y se encontraba detenido? Es lo que aún se pregunta Mauricio, quien tampoco ha recibido explicación alguna por parte del Ejército por la muerte de Edier Alejando García, su hermano, perpetrada 17 meses antes de la tragedia de su padre.

“Eso fue el 13 de enero de 2003. Ese día mi hermano estaba con su novia y venía para la casa”, recuerda Mauricio. “Resulta que los soldados se ubicaron en el filo de la montaña, cerca de donde vivíamos. Y comenzaron a dispararles. ¿Qué hizo mi hermano? Salir corriendo. Un disparo alcanzó a mi hermano en la pierna, que lo tiró al suelo. La novia siguió corriendo. Mi hermano se paró y lo alcanzó otro tiro en el pecho, el que finalmente lo mató”.

Y continúa: “Los soldados dijeron que se trató de guerrilleros. Se llevaron su cuerpo para Granada en helicóptero, que si queríamos bajáramos para identificarlo, pero, como le dije, en ese tiempo nos daba mucho miedo bajar al pueblo. Así que mi hermano estuvo en el cementerio de Granada enterrado en una bóveda como N.N como hasta 2009, cuando el fiscal de exhumaciones Gustavo Duque nos ayudó a recuperar sus restos”.

Ante la JEP

Catalina Díaz, magistrada de la Sala de Reconocimiento de Verdad, Responsabilidad y Determinación de Hechos de la JEP. Foto: Cortesía Corporación Jurídica Libertad.

Mauricio tuvo la oportunidad de relatar su historia ante Catalina Díaz, magistrada de la Sala de Reconocimiento de Verdad, Responsabilidad y Determinación de Hechos de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP): “Lo hice porque siento que es mi deber, porque no quiero que esto se vuelva a repetir, porque quiero saber la verdad de lo que pasó con mi papá y mi hermano, porque quiero que se haga justicia”.

Su historia hace parte de los 112 casos (para un total de 165 víctimas) que componen el informe titulado Ni descuidos ni manzanas podridas: ejecuciones extrajudiciales en Antioquia, una política de Estado, elaborado por las organizaciones defensoras de derechos humanos Corporación Jurídica Yira Castro; Corporación Jurídica Libertad; Humanidad Vigente Corporación Jurídica; y el Equipo Colombiano Interdisciplinario de Trabajo Forense y Asistencia Psicosocial (Equitas).

El informe fue entregado en Medellín a la magistrada Díaz para que sea incorporado a las demás pruebas que reposan en el expediente 003 que cursa ante la JEP, denominado “muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes del Estado”, por el cual son juzgados poco más de tres mil miembros de la Fuerza Pública en este tribunal de justicia transicional. (Leer más en: Falsos postivos, una herida que sigue abierta)

En este documento, las organizaciones defensoras de derechos humanos intentan demostrar que los mal llamados “falsos positivos” no fueron hechos aislados cometidos por soldados corruptos, sino que, por el contrario, se trató de una práctica sistemática en las Fuerzas Militares con el fin de demostrar ante la opinión pública que se estaba ganando la guerra contra las guerrillas. (Leer más en: ‘Falsos positivos’: macabra estrategia para mostrar que se estaba ganando la guerra)

“Las pruebas que incluimos en el informe permiten señalar que existió una política de estímulos para las batallones y brigadas que registraran más muertes en combate y que, para tal fin, se creó al interior de varias guarniciones militares una estructura dedicada a la planeación y comisión de estos crímenes”, afirma Sergio Arboleda, abogado de la Corporación Jurídica Libertad (CJL).

Para sustentar esa afirmación, las organizaciones defensoras de derechos humanos centraron su atención en el caso del coronel (r) del Ejército Juan Carlos Barrera Jurado, quien estuvo como comandante del Batallón Bajes entre diciembre de 2003 y diciembre de 2004. Durante este periodo, agrega el abogado de la (CJL), se documentaron 65 casos de ejecuciones extrajudiciales atribuibles a esta unidad militar, que dejaron un total de 97 víctimas, de las cuales 18 aún están sin identificar.

Luego de su paso por el Bajes, el coronel (r) Barrera Jurado fungió comandante de la Brigada XIV del Ejército, con sede en Puerto Berrío, Antioquia, entre el 30 de octubre de 2007 y el 31 de octubre de 2008.

“Si analizamos ese periodo, vemos que se registraron 47 casos de ejecuciones extrajudiciales, que dejaron un total de 57 víctimas, 29 de las cuales aún permanecen sin identificar. Estos hechos son atribuibles a los batallones Bombona, Calibío y Energético y Vial No. 8, adscritos a la Brigada XIV del Ejército, y fueron cometidos en municipios del Nordeste y Magdalena Medio antioqueños, así como en el sur de Bolívar”, sostiene Óscar Pardo, abogado de Humanidad Vigente Corporación Jurídica.

Uno de estos casos es el de Miguel Ángel Ramírez Gutiérrez, presentado por tropas de la Brigada XIV como guerrillero del Eln dado de baja en combate el 27 de enero de 2008. “Lo triste es que la noticia la recibí en la cárcel”, dice su padre, Miguel Ángel Ramírez Huepa, integrante de la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra (ACVC).

“Ocho días antes llegaron los soldados a la vereda (Puerto Nuevo Ité, Remedios, Nordeste de Antioquia). Estábamos en reunión de la junta de acción comunal, llegaron pidiendo papeles y me llevaron acusado de rebelión”, relata Miguel Ángel.

“Estando en la (cárcel) Modelo de Bucaramanga me dicen: ‘mire que mataron a su hijo’. Lo que me contaron fue que pasó el Ejército por la vereda esa tarde del 27 de enero. Sonaron unos disparos. Llegó un helicóptero del Ejército y se llevó unos cuerpos para Puerto Berrío (Magdalena Medio antioqueño) diciendo que eran unos comandantes de la guerrilla. Después del tiroteo fueron a buscar a mi hijo en la finca y no lo encontraron”.

“Cómo él también era líder”, continúa Miguel Ángel, “entonces se fueron otros líderes con cooperantes internacionales hasta Puerto Berrío, pero allá los del Ejército, supongo que, al ver semejante escándalo, les dijeron que no tenían a nadie. Como a los dos días encontraron el cuerpo de mi hijo enterrado en una fosa común a las afueras de Puerto Berrío”.

Que haya justicia

En septiembre del año pasado el general (r) Mario Montoya compareció ante la JEP por casos de ejecuciones extrajudiciales pero las víctimas no estuvieron conformes con el desarrollo de la audiencia. Foto: Cortesía Corporación Jurídica Libertad.

Uno de los casos que será priorizado dentro del expediente 003 que cursa trámite ante la JEP será el del Batallón Bajes. Tal como lo señaló la magistrada Díaz, el informe entregado por las organizaciones defensoras de derechos humanos constituye insumo valioso no sólo por representar la voz de las víctimas sino, también, por contener información que será útil para la contrastación y verificación.

“Ese es el punto de partida para la contrastación. La JEP ha recibido información de la Fiscalía General de la Nación, de la Procuraduría General de la Nación, de otras instituciones del Estado como el Centro Nacional de Memoria Histórica y con estos informes entregados por las organizaciones de víctimas contrastamos toda la información para llamar a los comparecientes a presentar versiones voluntarias”, explicó la togada.

En este punto, una de las comparecencias más esperadas por las organizaciones defensoras de derechos humanos será, precisamente, la del coronel (r) Barrera Jurado, “quien se acogió a la JEP, pero creemos que para negar su responsabilidad en estos hechos”, intuye Pardo.

En el análisis de los casos atribuibles tanto al Batallón Bajes como a la Brigada XIV, los activistas encontraron patrones comunes que evidenciarían una actuación sistemática del Ejército. “En ambos casos se recurrió a guías e informantes a quienes se les pagó recompensas. También fue común en ambos casos la alteración de la escena del crimen, así como el ocultamiento de pruebas y la inconsistencia en documentos internos del Ejército”, señala el jurista de Humanidad Vigente.

Si bien por varios de estos hechos la justicia ordinaria ha proferido sentencias contra soldados y suboficiales, “no existe ningún tipo de condena contra altos oficiales, comandantes de brigadas, batallones, Ejército y Fuerzas Militares”, afirma Pardo. (Leer más en: “Generales involucrados en ‘falsos positivos’ han sido intocables”: Vivanco)

“De hecho”, agrega, “el coronel (r) Barrera Jurado fue llamado a calificar servicios en 2008 por su responsabilidad en la comisión de violaciones a los derechos humanos y se encuentra vinculado a una investigación penal que adelanta la Fiscalía 106 de derechos humanos, pero continúa como contratista del Ejército y es asesor de doctrina militar”.

Por ello, uno de los propósitos que persigue el informe es aportar material probatorio útil para que se investigue y se determine la responsabilidad de otros altos mandos militares sindicados de ser responsables de la comisión de estos crímenes, como el general (r) del Ejército, Mario Montoya. (Leer más en: “Las bajas no es lo más importante, es lo único”: general Mario Montoya)

“Justamente, en el informe que le entregamos a la JEP, buscamos escalar la responsabilidad no solo al coronel (r) Barrera Jurado sino también a otros mandos militares como Óscar Enrique González Peña, Luis Roberto Pico Hernández y el mismo Mario Montoya”, precisa Arboleda, de la CJL, oficiales que pasaron por la comandancia de la IV Brigada del Ejército. (Leer más en: “Asistencia de general (r) Mario Montoya a la JEP fue decepcionante”)

“Por ejemplo, en el tiempo que (coronel) Barrera Jurado se desempeñó como comandante del (batallón) Bajes, (general) Montoya era comandante de la Brigada IV; luego, cuando Barrera Jurado fue comandante de la Brigada XIV, Montoya era el comandante del Ejército. Y así. Por eso decimos que la responsabilidad se debe escalar hasta el máximo responsable”, detalla Arboleda.

Para personas como Mauricio García, más que responsabilidades de mando, lo que importa es la verdad, provenga de quien provenga. “Eso es lo que quiero, saber qué fue lo que pasó con mi papá y con mi hermano. Por qué ellos si eran tan sólo unos campesinos. Fueron muertes que cambiaron mi vida para siempre. Y la vida de ellos no valía el ascenso de un militar o unas vacaciones”.

Debate candente

Con el recuerdo de los ‘falsos positivos’ aún presente y la lucha de las víctimas por acceder a justicia, en el país ronda el fantasma de nuevas ejecuciones extrajudiciales. Foto: Cortesía Corporación Jurídica Libertad.

La presentación de este informe ante la JEP tiene como telón de fondo una dura discusión sobre la sospecha de que la nueva comandancia del Ejército estaría exigiéndole a sus hombres incrementar este año los “resultados operacionales” a través de la aplicación de la Disposición 02 del 10 de enero de 2019, firmada por el general Nicasio Martínez. (Descargar Disposición 02)

La revelación de esas órdenes fue hecha en días pasados en un artículo publicado por el diario estadounidense New York Times. A través de fuentes anónimas, que al parecer son oficiales activos del Ejército inconformes por la adopción de esas reglas operaciones, se planteó que se estarían creando las condiciones para volver a las ejecuciones extrajudiciales de civiles para mostrar resultados positivos en la guerra que se libra contra la guerrilla del Eln, disidencias de las Farc y organizaciones del narcotráfico.

La nueva disposición operacional ha sido comparada con la Directiva 029 de 2005, expedida por el entonces ministro de la Defensa, Camilo Ospina, que fijó un conjunto de recompensas a las tropas con el fin de fortalecer las acciones contra grupos armados ilegales. (Descargar Directiva 029 de 2005)

Un día antes de la publicación y previendo el impacto que generaría el artículo, escrito por el periodista Nicholas Casey, tanto el ministro de Defensa, Guillermo Botero, como el general Martínez, reiteraron en rueda de prensa que las disposiciones tomadas a comienzos de este año cumplen con las normas del Derecho Internacional Humanitario y los protocolos que regulan los conflictos armados internos, de los cuales Colombia es firmante.

“Tenemos que fijarnos objetivos y metas ambiciosas. Lo que hicimos fue actualizar, hicimos reglas de enfrentamiento donde les dijimos qué deben hacer en el combate y qué no deben hacer”, explicó el alto oficial, cuya declaración fue reproducida por el diario El Tiempo.

“Hicimos unas reglas de enfrentamiento en la cual le dijimos a cada uno que debe hacer durante el combate. De hecho, hoy tenemos más de 140 personas que en combate han sido capturadas, heridos a los que hemos prestado todo el apoyo médico y las hemos dejado a disposición de la autoridad competente, esa es la mejor muestra del respeto por los derechos humanos”, detalló Martínez.

La publicación también generó una carta de rechazo del gobierno colombiana firmada por el canciller Carlos Holmes Trujillo y el ministro Botero, que fue enviada a la dirección del diario norteamericano. De acuerdo con estos dos altos funcionarios de gobierno, el texto de Casey “muestra una visión tendenciosa, parcial y distorsionada de los esfuerzos que el Estado colombiano y su Ejército hacen para estabilizar los territorios y consolidar el orden y la seguridad, como también para proteger a la población y los derechos y las libertades”. (Ver carta, en inglés)

La respuesta no se hizo esperar. El New York Times, a través de su editor ejecutivo, Dean Baquet, refutó las observaciones del Canciller Trujillo y el ministro Botero: “En ningún momento el artículo sugiere que el ejército colombiano ha emitido órdenes ilegales o inconstitucionales. De hecho, la única referencia a la legalidad de dichas órdenes viene del mismo general, cuando dice que la orden por encima de todas es respetar la ley y proteger los derechos humanos”.

En medio de esta fuerte discusión nacional e internacional está la población civil que habita en zona donde persiste el conflicto armado. Se teme que, como en el pasado, aquellos homicidios contra ciudadanos inermes que luego son presentados como “guerrilleros dados de baja en combate” regresen a enlutar los campos. (Leer más en: El miedo a los “falsos positivos” vuelve al sur de Bolívar)

Esta discusión también tocó a la revista SEMANA. Uno de sus más prestigiosos columnistas, Daniel Coronell, cuestionó en su habitual columna de domingo el hecho de que no publicaran los temores que tenían algunos oficiales del Ejército, pues desde hace tres meses tenían la misma información que publicó el New York Times. En respuesta, el fundador de la publicación, Felipe López, decidió retirarle el espacio al periodista.

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¿Podrá la JEP saldar la deuda de justicia con las víctimas de la UP? https://verdadabierta.com/podra-la-jep-saldar-la-deuda-de-justicia-con-las-victimas-de-la-up/ Wed, 06 Mar 2019 13:11:43 +0000 https://verdadabierta.com/?p=21108 La Jurisdicción Especial para la Paz abrió un nuevo expediente para esclarecer los hechos que constituyeron el genocidio político que padecieron los militantes de la Unión Patriótica. Los sobrevivientes de esa violencia esperan encontrar respuestas después de tres décadas y que esa tragedia no se vuelva a repetir. Tras revisar informes de la Fiscalía General […]

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La Jurisdicción Especial para la Paz abrió un nuevo expediente para esclarecer los hechos que constituyeron el genocidio político que padecieron los militantes de la Unión Patriótica. Los sobrevivientes de esa violencia esperan encontrar respuestas después de tres décadas y que esa tragedia no se vuelva a repetir.

Tras revisar informes de la Fiscalía General de la Nación, del Centro de Memoria Histórica (CNMH) y de la Corporación Reiniciar sobre la violencia que padecieron los integrantes de la Unión Patriótica, la Sala de Reconocimiento de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) anunció la apertura de un nuevo caso, el 006, para investigar a los responsables de las más de 6 mil víctimas que dejó ese exterminio. (Leer más en: El saldo rojo de la Unión Patriótica)

En el Auto 27 de este año, la Sala explica que la violencia que padeció la Unión Patriótica (UP), partido político que nació en medio de los diálogos de paz del expresidente Belisario Betancur con la guerrilla de las Farc en 1985, cumple con todos los requisitos para ser uno de sus casos priorizados. El análisis preliminar refiere que, al cruzar los tres informes, se evidencia la existencia de un patrón sistemático y generalizado de violencia contra los miembros de la UP.

Asimismo, y desde distintas hipótesis, dichos informes señalan como presuntos responsables a miembros de la Fuerza Pública, agentes del Estado, terceros civiles y grupos paramilitares. “Además, en determinados lugares y durante periodos de tiempo con fronteras identificables, algunos de estos actores aparentemente operaban a través de alianzas entre ellos, por medio de las cuales se ejecutó la violencia contra la UP”, refiere el Auto.

Sobre los civiles, agentes estatales y exparamilitares, la JEP aclara que sólo tiene competencia para conocer sobre los hechos ocurridos con razón del conflicto armado por parte de miembros de la Fuerza Pública y de las Farc, pero que puede procesar a los demás si aceptan comparecer voluntariamente ante su jurisdicción, tal y como lo avaló la Corte Constitucional.

En cuanto a miembros de la Fuerza Pública, la Sala de Reconocimiento informó que 16 se han acogido a la JEP, expresamente, por hechos relacionados con crímenes contra miembros de la UP. Además, que se encuentra en estudio la postulación de 13 exfuncionarios del DAS y de cuatro oficiales del Ejército Nacional para ser escuchados en esa rama de justicia transicional.

Entre los exuniformados que comparecerán ante la JEP por este caso se encuentran un brigadier general, tres mayores, un capitán, un teniente, un subteniente, dos sargentos viceprimeros, tres sargentos segundos, un cabo segundo, dos soldados profesionales y un agente de inteligencia.

El documento también reseña los escasos resultados que ha producido la justicia ordinaria, como lo reconoció la propia Fiscalía General de la Nación en la información que hizo allegar. Según datos del ente acusador, tiene 863 procesos en investigación, 53 en juicio, 246 sentencias y 67 casos declarados como crímenes de lesa humanidad.

Y en ese sentido, cita un apartado de la Fiscalía: “(…) Los datos de judicializaciones evidencian avances significativos, aunque aún insuficientes sobre este fenómeno criminal. De los 863 radicados, 809 están siendo tramitados bajo la Ley 600 y 54 bajo la Ley 906. En lo que respecta a la Ley 600, 479 procesos, el 59,21% de los casos, no han superado la etapa de investigación previa. Adicionalmente, 267 procesos, es decir el 33% de los casos, se encuentran en etapa de instrucción. 53 procesos, el 6,55% de los casos, están en juicio”.

Lo que espera la Unión Patriótica

Aida Avella estuvo exiliada durante 17 años en Suiza. Foto: archivo Semana.

Uno de los principales reclamos de Aida Avella, actual presidenta de la UP y senadora de la República, pasa por el hecho de que por fin salga a la luz cómo se cometió ese exterminio y quiénes estuvieron detrás de él. “Es necesario que se escuche esa parte dolorosísima de la historia de Colombia, en donde varios agentes del Estado estuvieron vinculados a la matanza sin razón e irracional de un partido político de oposición”, indica. (Leer más en: Víctimas que alcanzaron curul, llevarán mensaje de tolerancia al Congreso)

Y con esperanza señala: “Sobre todo, el país tiene que conocer qué pasó, quiénes dieron las órdenes, dónde se hicieron los planes. Creo que ahí tienen mucho que decir algunos militares y otros en retiro, pero también tienen que complementar algunas historias los jefes paramilitares que saben bastante de la situación. Aquí tienen que ir a contar la verdad”. (Leer más en: Los crímenes contra la UP no fueron aislados)

Al hablar sobre el tema, recordó el asesinato de Diana Cardona, alcaldesa del municipio antioqueño de Apartadó, quien el 26 de febrero de 1990 fue encontrada sin vida y con su rostro desfigurado en las afueras de Medellín, tras haber salido con otro turno de escoltas.

Por eso, espera que la JEP ayude a esclarecer los miles de crímenes que padecieron sus militantes y llame a declarar a los responsables de ese desangre: “Por ejemplo, en el crimen de Diana Cardona, ¿quién era el director del DAS en Antioquia y por qué llegan esos escoltas del DAS? Son cosas que hay que esclarecer: quiénes estuvieron en las alturas de la seguridad en muchos de los crímenes, desapariciones y amenazas”.

Para Imelda Daza, quien regresó a Colombia en 2015 tras un exilio de 28 años, la apertura de este caso es un camino hacia la reconciliación y la reconstrucción del país, siempre y cuando se establezca quiénes fueron los autores intelectuales de la violencia contra la UP; y reconozcan sus culpas y pidan perdón, pues están dispuestos a perdonar. (Leer más en: El regreso de Imelda a la política de Cesar)

En 1987, Daza buscó refugio en Suecia y regresó a Colombia en 2015.

“Esperamos que los autores intelectuales del genocidio contra la Unión Patriótica sean juzgados y condenados. No para ir a una cárcel, no nos interesa porque con eso nada resolvemos y no nos complace, pero sí que se identifique la manera de que esos culpables puedan resarcir el daño enorme que les causaron no sólo a algunas personas, sino al país en general”, precisa.

Y aunque desconfía del gobierno nacional y del Fiscal General de la Nación por las trabas que le han puesto a la ley estatuaria de la JEP, la cual a pesar de haber surtido todos los tramites pertinentes no ha sido sancionada por el presidente Iván Duque, esta mujer de 70 años no duda de las posibilidades este mecanismo de justicia transicional.

“La justicia ordinaria ha tenido 31 años para actuar, y que sepa, de 125 asesinatos en Cesar, no hay un sólo expediente. ¿Qué podemos esperar justicia ordinaria? Nada, porque lo único que ha garantizado es impunidad total sobre un genocidio. Sí creemos que la JEP, a pesar de las dificultades, puede ser la única institución que garantice ese mínimo que esperamos: reconocimiento de los hechos, esclarecimiento de esas verdades, promesas de no repetición y reparación”.

Daza enfatiza que, en el caso de acudir a alguna audiencia de la JEP, su intervención se centraría en la reparación que anhelan: “Requerimos reconcomiendo del buen nombre de las víctimas, hay que hacerlo territorialmente. Nosotros hicimos en Cesar un acto de desagravio y reconocimiento en Becerril: colocamos una palca con los nombres de las principales víctimas en el Concejo Municipal. Fue un acto doloroso pero solemne, los familiares se sintieron dignificados”.

Y aparte de reparación, concluye que lo primordial de este proceso, es que se garantice que en Colombia no volverá a ocurrir otro genocidio político. De hecho, en ello coincide con Avella. (Leer más en: Exterminio de la UP fue un genocidio político)

“Esperamos que no se vuelvan a cometer esta clase de crímenes selectivos, no sólo contra la Unión Patriótica. Creo que esta sociedad está supremamente preocupada y angustiada con lo que está pasando en estos momentos con los líderes sociales. Para mí, eso es una revictimización para los que hemos sido víctimas del Estado. Para mí es claro que están repitiendo el mismo esquema de la Unión Patriótica porque no fueron castigados, y cuando los crímenes permanecen sin castigo, se vuelven a repetir porque la mayoría (de los victimarios) se siente segura de que no será tocada por la justicia”, plantea la presidenta de la UP. (Leer más en: Los alarmantes patrones que rodean el asesinato de líderes sociales)

Lo que destaca el Caso 006

Gráfico tomado del Auto 27 de la Sala de Reconocimiento de la JEP.

Al cruzar los voluminosos informes de la Fiscalía, del CNMH y de la Corporación Reiniciar, los investigadores de este mecanismo de justicia transicional encontraron similitudes en la manera como ocurrió el desangre de la Unión Patriótica, aunque hay una gran diferencia entre las cifras el ente acusador y las otras dos organizaciones. (Leer más en: Organizaciones sociales nutren de información a la JEP)

El informe de la Fiscalía General de la Nación entregado a la JEP establece un universo de 1.620 víctimas de la UP; sin embargo, la Corporación Reiniciar identificó 6.613 víctimas entre 1984 al 2002, cifra similar a la documentada por el CNMH: 6.201 durante los mismos 18 años. Estas últimas fueron detalladas y dan cuenta de que 3.122 miembros de la Unión Patriótica son víctimas de asesinatos selectivos, 544 de desaparición forzada, 478 de asesinatos en masacres, cuatro de secuestros y tres más padecieron otros tipos de violencia.

Además, el análisis de los tres informes permitió identificar que la violencia contra la Unión Patriótica se concentró en el Magdalena Medio, entre 1984 y 1988; en Urabá, entre 1986 y 1998; en Meta, entre 1988 y 1992; en la Costa Caribe, entre 1996 y 2002; en el nororiente y nordeste antioqueño y el sur del país, regiones en las que la Fiscalía sostiene que la “persecución se dio a través de perspectivas contrainsurgentes y anticomunistas, que se expresaron en homicidios selectivos y en la estigmatización a líderes sociales y políticos, docentes, comerciantes y empleados, entre otros”.

En términos territoriales, el ente acusador encontró que los ataques contra ese partido político ocurrieron por lo menos en 27 departamentos; y el Centro Nacional de Memoria Histórica estableció victimizaciones en 367 municipios, de los cuales, en 40 de ellos, se concentran dos terceras partes del total de las víctimas.

Sobre el perfil de las víctimas, la Sala las agrupó en cuatro grandes categorías, a partir de la información que recibió antes de emitir el Auto 27: “(i) la base campesina y obrera que actuó como agente de movilización social de la UP; (ii) los militantes del partido, ya fueran dirigentes nacionales o regionales o solo aquellos que participaban de manera activa, cuyo rol en la función pública agravó su vulnerabilidad pues los hizo visibles a los ojos de los aparatos criminales; (iii) simpatizantes de la UP, es decir personas que no militaban ni participaban activa o formalmente en el partido, pero tenían algún grado de afinidad con el mismo o con los roles de liderazgo social (lo que incluyó en ciertos casos a líderes campesinos, comunitarios, estudiantiles, sindicales e indígenas); y (iv) personas que no pertenecían al partido, pero que sí compartían intereses o identidades de izquierda”. (Leer más en: César Pérez y el exterminio de la UP en Antioquia y César Pérez condenado a 30 años por la masacre de Segovia)

Y sobre el porqué de la persecución hacia esos sectores, destaca uno de los planteamientos del CNMH: “Se habría enmarcado en el contexto de una lógica anticomunista en la cual las Fuerzas Armadas se perfilaron como guardianas de la nación “verdadera”, caracterizada por el capitalismo, el conservatismo político y el catolicismo, ante una amenaza existencial sintetizada en la UP como su enemigo directo. Esta confrontación se libró a través de alianzas público-privadas fundadas en coincidencias ideológicas o en consideraciones pragmáticas y fue alentada por un discurso oficial de estigmatización de la UP. En este clima adverso al surgimiento de alternativas democráticas, el éxito electoral de la UP en 1986 fue visto como una amenaza al status qua ante el cual se reaccionó a través de la violencia”.

Cuando la JEP pasa sus horas más bajas por el limbo en el que se encuentra su ley estatuaria y por la captura de uno de sus fiscales implicado en un supuesto acto de soborno para evitar la extradición hacia Estados Unidos de ‘Jesús Santrich’, exjefe de las Farc que dejó las armas y fue capturado porque presuntamente estaba negociando el envío de cocaína tras su dejación de armas, ese mecanismo de justicia transicional abre una brecha para esclarecer una de las tragedias más dolorosas y vergonzantes del conflicto armado.

Las esperanzas de más de seis mil familias para acceder a justicia integral en Colombia están en manos de nuevos magistrados, de la firma presidencial a una ley que ya recibió el visto bueno de la Corte Constitucional y del compromiso real de aquellos que se sometieron a esta instancia para contar realmente lo qué pasó y quiénes estuvieron detrás de esa tragedia política.

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Bajo reserva, relatos de exjefes de las Farc sobre la práctica del secuestro https://verdadabierta.com/bajo-reserva-relatos-de-exjefes-de-las-farc-sobre-la-practica-del-secuestro/ Thu, 14 Feb 2019 15:22:34 +0000 https://verdadabierta.com/?p=20739 The post Bajo reserva, relatos de exjefes de las Farc sobre la práctica del secuestro appeared first on VerdadAbierta.com.

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A partir de hoy comparecerán ante la Justicia Especial para la Paz los excomandantes de la extinta guerrilla para hablar de ese crimen atroz que hizo parte de sus estrategias de guerra, unas veces en sentido político y otras como mecanismo de financiación.

Dando continuidad al Caso 001 y con la intención de conocer las motivaciones que tuvieron las Farc para incurrir en la práctica del secuestro, comenzarán a ser interrogados, bajo estricta reserva, por lo menos 31 exjefes guerrilleros, iniciando con Rodrigo Londoño Echeverri, mejor conocido como ‘Timochenko’, quien otrora fue el máximo comandante del grupo insurgente y ahora funge como presidente del partido que se conformó tras la firma del Acuerdo de Paz.

Estas diligencias, que se extenderán hasta el 27 de mayo, están bajo la responsabilidad de la Sala de Reconocimiento de Verdad, de Responsabilidad y de Determinación de los Hechos y Conductas de la Justicia Especial para la Paz (JEP), instancia que citó a los 31 exmiembros del Estado Mayor de la antigua guerrilla de las Farc a dar una versión voluntaria de lo acontecido durante décadas sobre la retención ilegal, por largos años, de militares y policías, así como de civiles.

La lista la encabeza Londoño Echeverri y continuaría con ‘Pastor Alape’, ‘Fabián Ramírez’, ‘Joaquín Gómez’, ‘Pacho Chino’, ‘Carlos Antonio Lozada’, ‘Jesús Santrich’, ‘Iván Márquez’, Hernán Velásquez (‘El Paisa’) y Henry Castellanos (‘Romaña’). (Descargar Auto)

La atención ante este citatorio está puesta en ‘Iván Márquez’ y ‘El Paisa’, quienes se encuentran, supuestamente, en el departamento de Caquetá al margen de las discusiones públicas y a través de diversos pronunciamientos han sido críticos con el proceso de implementación del Acuerdo de Paz. Su no comparecencia podría significar la pérdida de los beneficios que otorga la justicia transicional.

De acuerdo con el Auto 02 del pasado 19 de febrero, la Sala de Reconocimiento cuenta con una vasta información documental y testimonial sobre la práctica del secuestro realizada antes del 1 de diciembre de 2016. Desde la apertura del Caso 001, en julio del año pasado, ha recibido informes orales de víctimas del secuestro, particularmente de un grupo de políticos que, en su momento fueron denominados “canjeables” por guerrilleros presos.

Se suman a esos testimonios informes aportados por la Fiscalía General de la Nación; por lo menos 312 sentencias contra miembros del grupo subversivo por hechos que implican algún tipo de “retención ilegal”; diversos expedientes judiciales; y documentos provenientes de la Fundación País Libre, el Centro Nacional de Memoria Histórica, la Asociación Colombiana de Víctimas de Secuestro, Desaparición Forzada y Otros Hechos Victimizantes (Acomides) y de la Fundación Colombiana Ganadera (Fundagan), entre otros.

En la versión voluntaria, precisa la Sala de Reconocimiento, “los comparecientes pueden reconocer la verdad y la responsabilidad, negar los hechos, su responsabilidad o su relación con el conflicto armado”. Asimismo, indica que “la aceptación de la autoría o participación por parte del compareciente en la versión tendrá carácter de confesión. Esta versión tiene como propósito el acopio de información para contribuir a la búsqueda de la verdad”.

La reserva con la que se manejará la comparecencia de los exjefes del Estado Mayor de las antiguas Farc se respalda, según un instructivo de la JEP, en normas relacionadas con la protección de “datos sujetos a reserva, de investigaciones en etapa reservada, de nombres de víctimas, de datos sensibles según la Ley de Habeas Data y de terceros que no son comparecientes de la JEP y se puede afectar su buen nombre”. (Descargar guía)

Una vez los comparecientes rindan su testimonio, éste les será puesto en conocimiento a las víctimas para que tengan la oportunidad de contrastarlo, presentar observaciones y aportar pruebas. Sólo hasta que este proceso se surta en esas instancias, se convocará a una audiencia pública de reconocimiento de verdad y responsabilidad en la que se conocerán detalles de lo testimoniado.

Un estudio realizado por la firma Cifras y Conceptos para el Centro Nacional de Memoria Histórica permitió documentar, a través del análisis de un millón 300 mil datos, 39.058 casos de secuestrados entre 1970 y 2010. De esta manera, la investigación demostró que hubo un aumento de 15 mil secuestros con respecto a los 24 mil que habían registrado las autoridades para ese mismo periodo.

Ese informe determinó, además, que de los 9.082 casos en los que se confirma el responsable de un secuestro, están las Farc, con un 37 por ciento, y el Eln, con un 30 por ciento, seguidos de redes criminales, paramilitares y otros más sin identificar.

Para tener un mejor contexto de esta práctica atroz en momentos que comenzará a revelarse la verdad sobre lo ocurrido y la responsabilidad que tienen las antiguas Farc, VerdadAbierta.com ofrece un conjunto de artículos, listados a continuación, que dan cuenta de esta tragedia que ocasionó la confrontación armada.

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La JEP le pone lupa a violencia que golpeó al norte de Cauca https://verdadabierta.com/la-jep-le-pone-lupa-a-violencia-que-golpeo-en-norte-de-cauca/ https://verdadabierta.com/la-jep-le-pone-lupa-a-violencia-que-golpeo-en-norte-de-cauca/#comments Tue, 20 Nov 2018 20:20:42 +0000 https://verdadabierta.com/?p=19466 La Sala de Reconocimiento de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) priorizó la grave situación que padecieron los habitantes de ocho municipios de ese departamento por cuenta del conflicto armado entre 1993 y 2016. Comunidades étnicas recibieron con optimismo esa decisión, aunque esperan que los crímenes que sufrieron sean valorados en su conjunto como […]

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La Sala de Reconocimiento de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) priorizó la grave situación que padecieron los habitantes de ocho municipios de ese departamento por cuenta del conflicto armado entre 1993 y 2016. Comunidades étnicas recibieron con optimismo esa decisión, aunque esperan que los crímenes que sufrieron sean valorados en su conjunto como daños colectivos a sus pueblos y territorios.

Este lunes la magistrada Belkis Izquierdo anunció la apertura del Caso 005 de la JEP, que se centrará en las violaciones de derechos humanos, que presuntamente cometieron miembros de la guerrilla de las Farc y de la Fuerza Pública durante la confrontación armada en el norte de Cauca. Se priorizaron los municipios de Santander de Quilichao, Suárez, Buenos Aires, Morales, Caloto, Corinto, Toribío y Caldono.

La togada explicó que “la Sala decidió priorizar esta situación debido a que el departamento de Cauca es especialmente representativo frente al conflicto armado, ya que en él han confluido todos los actores armados que han cometido violaciones representativas a los derechos humanos y que afectaron a grupos sociales, especialmente vulnerables (pueblos indígenas, afrodescendientes y comunidades campesinas)”.

Y es que la situación no es para menos, pues según informes de la Fiscalía General de la Nación, del Centro Nacional de Memoria Histórica y de organizaciones sociales, en esa región se identificaron múltiples “conductas especialmente graves”, como desplazamiento forzado, detenciones irregulares, tortura, violencia sexual, muertes producto del conflicto armado, confinamiento, siembra de minas antipersonal, reclutamiento forzado, desaparición forzada, ataques a la población civil, amenazas y atentados al medio ambiente.

Fuente:Observatorio de Memoria y Conflicto del CNMH.

Entre los anuncios de Izquierdo, destaca que en la apertura de ese expediente se aplicó el enfoque territorial y étnico-racial consagrado en el Acuerdo Final, “como una de las estrategias para lograr una mejor comprensión de las dinámicas regionales del conflicto y sus posibles causas y efectos, como la discriminación racial, la presencia de múltiples grupos armados, la importancia económica y estratégica de las regiones donde están asentados, en su mayoría, los pueblos étnicos”. (Leer más en: Acuerdo con las Farc tiene capítulo étnico)

Asimismo, la magistrada explicó que la decisión de priorizar esos municipios se basó en los Criterios y Metodología de Priorización de Casos y Situaciones de la Sala, que tienen en cuenta aspectos subjetivos como la vulnerabilidad de las víctimas, el impacto diferenciado en los pueblos étnicos y sus territorios, el impacto diferenciado en otros sujetos colectivos y la representatividad de los presuntos responsables; y objetivos como gravedad de los hechos, la magnitud de la victimización y la representatividad de los hechos.

Tras la apertura del caso, además de conocer la información de esos municipios, la JEP decretó abierta la etapa de reconocimiento de verdad, de responsabilidad y de determinación de los hechos; y declaró la apertura del acopio de información y el llamado de versiones voluntarias.

A la apertura de este expediente le antecedieron los relacionados con los secuestros de los denominados “canjeables” por parte de las Farc; la priorización de la violencia ocurrida en el Pacífico nariñense, particularmente en los municipios de Tumaco, Barbacoas y Ricaurte; las “muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes del Estado”; y la priorización de la región de Urabá. (Leer más en: La dura realidad del secuestro retumba en la JEP y Con dudas de las víctimas, empieza proceso por ‘falsos positivos’ en la JEP)

Esperanza de justicia

Según registros de la Unidad de Víctimas al 1 de noviembre, en el departamento de Cauca hay registradas 293.424 como afectadas por el conflicto armado. Foto: archivo Semana.

Para Víctor Hugo Moreno, consejero Mayor de la Asociación de Consejos Comunitarios del Norte del Cauca (Aconc), la priorización de esa región por parte de la JEP es una noticia muy importante y las comunidades afro la reciben de la mejor manera, por todas las afectaciones que les ha dejado el conflicto armado, no sólo en víctimas, sino también en personas exiliadas por la estigmatización, daños en los territorios y fracturas en las comunidades.

Sin embargo, para este líder comunitario, es clave que la JEP no fije sus decisiones sólo en las afectaciones individuales, sino también en los daños que los actores armados les propinaron a sus proyectos de vida como pueblos ancestrales, “porque ha existido una constante resistencia para no dejar desarticular las dinámicas organizativas y de pervivencia de la vida como pueblo étnico, tanto de la comunidad negra, como del pueblo indígena que ha tenido una resistencia histórica en el territorio”.

Y argumentó: “Cuando asesinan a un líder, no sólo se lo están llevando a él, sino a un conocimiento, a un rol de articulación y de trabajo comunitario; se está desarticulando a la comunidad porque esa persona que jugaba un papel importante de convocatoria y planificación, está dejando de estar. La afectación no es sólo para la familia de la persona que toca ‘sembrarla’ en la tierra, sino que queda un vacío en la comunidad por el ejercicio de liderazgo que ejercía”.

Esa visión es compartida por el pueblo Nasa, la comunidad indígena que tiene 19 cabildos en la región. Edwin Mauricio Capaz, coordinador del Tejido de Defensa de la Vida de la Asociación de Cabildos Indígena del Norte del Cauca (Acin), sugirió que los casos tratados en la JEP deberán tener un enfoque colectivo o comunitario.

“Nuestras comunidades han manifestado que los procesos de justicia deben tener un hilo conductor colectivo. Conocemos de hechos graves violaciones de derechos humanos y de infracciones Derecho Internacional Humanitario en los que se ultimaron guardias indígenas, autoridades tradicionales e importantes líderes de la organización; se afectaron importantes territorios considerados como sagrados; y también se dio la estigmatización contra la organización (Acin), por tomar autonomía y decidir no participar con ningún actor armado”, detalló Capaz.

De acuerdo con el coordinador del Tejido de Defensa de la Vida de la Acin, la JEP no sólo tendrá el reto de revisar lo que pasó con relación a la confrontación armada, sino calificar la violencia que padeció el pueblo Nasa: “Hay que decir que muchos hechos en desarrollo del conflicto fueron contra mecanismos propios de resistencia pacífica que desarrollaron las comunidades viéndose ahogadas por el conflicto armado. Hay muchas cosas que se hicieron contra la Guardia Indígena, contra autoridades ancestrales, contra la estructura organizativa, contra médicos tradicionales y otra serie de elementos muy propios de las comunidades, que se deben dar cuenta”.

No obstante, reiteró que la priorización del norte de Cauca la reciben con optimismo: “Esperamos que los encuentros y desencuentros que tenemos con la JEP sean abordados de buena fe, de buena forma, y poder apotrar mucho a ese ejercicio de reconciliación. Es una oportunidad para ir saldando una deuda histórica de ejercicio de justicia”.

Esperan más

En los ocho municipios priorizados por la JEP, la Unidad de Víctimas registra 72.758 personas afectadas por el conflicto armado. Foto: Gobernación de Cauca.

En Aconc guardan la esperanza de que la apertura de este caso ayude a desestancar la reparación a la que tiene derecho la mayoría de sus consejos comunitarios, pues 36 de los 43 que la componen, cuentan con sus propias resoluciones de la Unidad de Víctimas, que los reconoce como sujetos de reparación colectiva, pero han pasado los años y ésta aún no llega. (Leer más en: Reparación colectiva, la deuda que dejó Alan Jara en la Unidad de Víctimas)

“Para nosotros sería muy importante que se pueda priorizar el norte de Cauca para que tenga una reparación efectiva. Los estudios de la JEP y sus fallos tienen que contribuir a esa reparación colectiva de nuestros territorios y de nuestros procesos organizativos como pueblo étnico”, planteó Moreno.

Y detalló: “A partir de la movilización social comunitaria en 2014 se logró hacer ese acuerdo y en 2015 inició todo el proceso de levantamiento de los casos victimizantes colectivos a la luz del Decreto Ley 4635 de 2011. Una vez se hizo todo el barrido de hechos victimizantes se determinó que 36 consejos comunitarios eran sujetos de reparación colectiva y cada consejo tiene su resolución de forma individual. Pero eso está parado, porque más allá de las resoluciones y de los documentos, no se ha avanzado. Hay una gran preocupación porque la Ley de Víctimas y el Decreto 4635 vencen en 2021”.

Por otro lado, Capaz, de la Acin, cuestionó el periodo que la JEP estipuló para establecer los hechos cometidos presuntamente por miembros de las Farc y de la Fuerza Pública, que va de 1993 a 2016, quedando por fuera la masacre de El Nilo, ocurrida en 1991, un caso que para la región es emblemático y en el que están implicados paramilitares y miembros de la Policía Nacional. (Leer más en: La masacre de El Nilo y “Esperamos que por fin se haga justicia”: indígenas Nasa)

“Hay una deuda histórica en los rangos de fecha que ocultan mucha parte de la verdad que las comunidades quieren expresar; eso es cortar gran parte de la verdad de parte tajante. La partición de actores armados y de la vida política y empresarial, es un mal mensaje y fragmentación del ejercicio de justicia. Son verdades a medias por tiempos cortados”, se lamentó Capaz.

Por eso, las comunidades esperan que los casos que se quedaron por fuera de esta priorización puedan ser abordados en otros expedientes: “La JEP tiene limitaciones entorno a actores y tiempo, pero nuestro grado de integralidad de afectación al pueblo Nasa trasciende tiempos y actores armados, y ese principio nos deja cortos en pretensiones. Esperamos que el ejercicio de justicia como el de El Nilo y otras masacres ocurridas con anterioridad y por otros actores armados, se puedan abocardar en posteriores ejercicios de justicia. Estamos dispuestos a aportar, escuchar y dialogar en la medida en que se pueda”.

Ese vacío sobre demás actores involucrados en las hostilidades del conflicto armado también preocupa al pueblo afro, y por eso el Consejero Mayor de Aconc considera que la JEP debería tener en cuenta la violencia de los paramilitares del Bloque Calima de las desmovilizadas Autodefensas Unidas de Colombia (Auc).

“Se requiere que la JEP meta la mano. Hay muchas cosas que no están aclaradas, el Centro Nacional de Memoria Histórica ha ayudado a sistematizar muchas de las confesiones (de los desmovilizados del Calima) y de las cosas que pasaron en el norte de Cauca, creemos que hay necesidad de que se tenga en cuenta eso. Creo que las mismas investigaciones arrojarán el vínculo necesario de los grupos paramilitares, teniendo en cuenta que para que se aclaren las cosas y haya fallos efectivos, tiene que tener en cuenta todo el contexto del territorio. Empresarios, Fuerza Pública y gobiernos locales, departamentales y nacionales, en su momento, por omisión o por acción, tuvieron que ver con eso”, precisó.

Por esa razón, Moreno reiteró que, en un marco de reparación integral, las víctimas tienen derecho a conocer toda la verdad de lo acontecido en el conflicto armado, “y la JEP tiene que generar los fallos a favor de los territorios, con un enfoque colectivo e individual, y hacer énfasis en las afectaciones de los pueblos étnicos del norte de Cauca”.

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“Todos los días nos decían que éramos el enemigo, el ejército burgués, el ejército paramilitar” https://verdadabierta.com/todos-los-dias-nos-decian-eramos-enemigo-ejercito-burgues-ejercito-paramilitar/ Wed, 07 Nov 2018 15:12:57 +0000 https://verdadabierta.com/?p=19281 Dos miembros de la fuerza pública, sobrevivientes de la masacre de Urrao, Antioquia, les contaron a los magistrados de la JEP detalles de su cautiverio y del asesinato de sus compañeros de plagio, entre los que se encontraba el gobernador de Antioquia Guillermo Gaviria y su asesor de paz, Gilberto Echeverri. Este martes, la Sala […]

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Dos miembros de la fuerza pública, sobrevivientes de la masacre de Urrao, Antioquia, les contaron a los magistrados de la JEP detalles de su cautiverio y del asesinato de sus compañeros de plagio, entre los que se encontraba el gobernador de Antioquia Guillermo Gaviria y su asesor de paz, Gilberto Echeverri.

Este martes, la Sala de Reconocimiento de Verdad de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) continuó escuchando a las víctimas del secuestro, tarea que inició el pasado 22 de octubre. En esta oportunidad, acudieron víctimas directas e indirectas de la masacre de Urrao, ocurrida el 5 de mayo de 2003 y perpetrada por las Farc tras un intento de rescate por parte de la Fuerza Pública. Allí murieron, tras 13 meses de cautiverio, el gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria; el exministro y asesor de Paz de la gobernación, Gilberto Echeverri; y ocho militares. (Lea más: La dura realidad del secuestro retumba en la JEP)

Los primeros en intervenir ante los magistrados de la JEP fueron los familiares de Echeverri, quienes pidieron que su testimonio se recibiera a puerta cerrada. Posteriormente rindió informe oral la exdirectora de la Unidad para las Víctimas, Yolanda Pinto, esposa de Gaviria para el momento del secuestro. Tal como hizo ante el Congreso de la República en noviembre de 2016, durante las discusiones previas a la refrendación del segundo Acuerdo Final de paz, Pinto controvirtió el operativo de rescate, sobre el que dijo estuvo “mal planeado y ejecutado”.

El cuestionamiento apunta a la llamada Operación Monasterio, adelantada por tropas de la Cuarta Brigada del Ejército bajo el mando del entonces comandante de esa guarnición militar, general Mario Montoya. Ese fracaso operacional nunca fue investigado por las autoridades de manera diligente.

Yolanda Pinto fue la última directora de la Unidad para las Víctimas del gobierno de Juan Manuel Santos. Foto: JEP.

Pinto también criticó a las Farc por el secuestro del gobernador Gaviria, quien fue retenido junto con su asesor de paz el 21 de abril de 2002 cuando lideraban una marcha de la No Violencia en zona rural del municipio de Caicedo, en el occidente antioqueño, en solidaridad con las comunidades campesinas confinadas por las Farc. En el sitio conocido como El Vaho fue conminado por guerrilleros del Frente 34 a que los acompañara a hablar con el comandante de esa unidad insurgente, Aicardo Agudelo, conocido como ‘El Paisa’. Lo siguió el exministro Echeverri. En ese momento comenzó su trágico secuestro.

Por ese hecho, y el posterior asesinato de su esposo, Pinto les pidió a los excomandantes de las Farc contar “la verdad sobre por qué lo hicieron, qué daño les estaba causando Guillermo, si él vivo le era más útil a Colombia y a la causa de los más necesitados, a los que supuestamente defendían las Farc”.

Finalmente intervinieron los suboficiales Heriberto Aranguren, del Ejército, y Agenor Viellard, de la Armada, dos de los tres sobrevivientes de la masacre de Urrao. En sus testimonios es posible dimensionar la capacidad militar que llegaron a tener las Farc finalizando la década de 1990, las difíciles condiciones en que transcurrió la retención de los integrantes de la Fuerza Pública y la relación que estos últimos tuvieron con los civiles durante el cautiverio.

Retrocedieron “miles de años”

Aranguren ingresó al Ejército en 1990. Foto: JEP.

Heriberto Aranguren, sargento mayor retirado del Ejército, fue plagiado el 22 de junio de 1999 tras sostener un combate con el Bloque Noroccidental de las Farc, en el corregimiento Juan José, de Puerto Libertador, Córdoba. Al respecto, detalló:

“A las 11:20 de la mañana habíamos caminado toda la noche, llegamos a Juan José y supuestamente la guerrilla ya se había ido, pero la población civil sabía que aún estaba ahí. Llamaron al Alcalde, al Gobernador. Ahí estaban los grandes jefes militares, (que) ordenaron pasar el río San Jorge a seguir la persecución. Embarqué en un helicóptero civil de una empresa petrolera llamada Ocensa, que es solamente para transporte de personal, no tiene armas para apoyar a las tropas que desembarcan (…) La guerrilla sabían cuál era el único lugar donde podíamos desembarcar, dejaron que el helicóptero aterrizara y cuando el helicóptero se fue a ir sonaron las primeras ráfagas de fusil, intentando derribarlo”.

Aranguren aseguró que después de varios minutos de combate, tras “quedar sin munición y ante la superioridad del enemigo”, fue capturado junto a cuatro soldados, mientras que 35 de sus compañeros murieron en la confrontación.

Periodistas que cubrieron en aquella época esos hechos y llegaron hasta Juan José un día después del ataque, le contaron a VerdadAbierta.com que la carretera entre el municipio de Puerto Libertador y ese caserío estaba plagada de paramilitares que portaban brazaletes de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc). “Ellos instalaron retenes en la vía, hacían bajar a los pasajeros de buses y a quienes íbamos en carros particulares, como nosotros; exigían los documentos de identidad y decidían si se podía seguir hacia Juan José o no”, detalló uno de los comunicadores consultados por este portal, quien pidió la reserva del nombre.

Para los militares sobrevivientes en Juan José comenzó una pesadilla por cuenta de las Farc, que los trasladó a la profundidad de la selva: “Duré dos años encerrado en un cajón de madera en el Nudo del Paramillo (…) Hablo de un cajón porque era hermético, de tres por tres metros y un metro 70 de altura (…) Era un espacio muy reducido, tocaba dormir casi el uno encima del otro: los cuatro soldados que secuestraron y yo. Nos facilitaron un tarro de cinco galones, le hicieron un hueco, y ese era nuestro orinal todos los días”. Para el final del año 1999, recordó, “el nuevo milenio llegó como si la humanidad hubiera retrocedido miles de años: no había papel higiénico, ni energía, vivía totalmente aislado”.

En 2002, Aranguren y otros militares fueron llevados al lugar donde se encontraban el gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria, y el asesor de Paz de la gobernación, Gilberto Echeverri, secuestrados por las Farc en abril de ese año. Sobre los dos funcionarios, el sargento recordó:

“De ellos aprendí lo que es amor por la patria, por el país, la preocupación por la problemática social causante de la desigualdad social, la falta de oportunidades, la necesidad de una buena educación. También aprendí de ellos la filosofía de la no violencia, basada en el pensamiento de grandes pacifistas de la historia de la humanidad, como Mahatma Gandhi y Martin Luther King. De ellos aprendí que existen herramientas como la huelga de hambre, la desobediencia civil y las marchas pacíficas. Si los grupos armados ilegales han causado daño, más daño ha causado la indiferencia del pueblo colombiano”.

Asimismo, contó que los militares les prestaron apoyo a ambos políticos: “Por ser personas civiles, tratábamos de girar todos alrededor de ellos para minimizar esa estadía ahí en cautiverio, (con actividades) como reclamarles la comida, lavarles la ropa, peluquearlos, arreglarles la barba”.

Posteriormente, entregó detalles sobre la masacre: “El 5 de mayo de 2003 llevábamos la rutina diaria, unos estudiaban inglés, otros realizábamos manualidades y artesanías, para mantener la mente ocupada. A las 11 en punto de la mañana sentimos los helicópteros del Ejército sobre el campamento guerrillero. El jefe guerrillero ‘El Paisa’, del Frente 34 de las Farc, al ver que el Ejército venía por los secuestrados, organiza a sus hombres, dando órdenes claras de quién asesinaba a quién (…) Entran al cambuche y empiezan a fusilarnos a sangre fría, sin que hubiera combate con el Ejército. Al ver que algunos compañeros habían quedado heridos, los remataron a tiros de gracia. Prefirieron acabar con la vida de los secuestrados a permitirle, según ellos, un triunfo a las Fuerzas Militares de Colombia”.

Según contó el sargento ante los magistrados de la JEP, él sobrevivió por haberse escondido debajo de su cama, lo cual minimizó el impacto de los disparos. Aún así, recibió uno en la pierna y dos en el cráneo, que le ocasionaron el 56 por ciento de la pérdida de la capacidad laboral. Por ello, fue designado a realizar trabajo de oficina, hasta marzo de 2016, cuando se retiró del Ejército. Sobre su estado de salud, aseguró: “Ha sido difícil el proceso de recuperación, no me han realizado la junta médica de retiro, me ha tocado cancelar de mi pecunio algunos exámenes de especialista. Si eso es así conmigo, que hice parte del Estado, cómo será para el campesino que vive en una vereda muy alejada o para un ciudadano del común”.

Sobre los responsables de su secuestro, señaló a los entonces integrantes del Estado Mayor Central de las Farc y su Secretariado; al comandante del bloque Noroccidental, ‘Iván Márquez’, de quien hoy se desconoce el paradero; a los comandantes de los frentes 34 y 18, conocidos como ‘Isaías Trujillo’ y ‘Román Ruiz’, respectivamente; así como a quienes se encargaron de custodiarlo en Antioquia y Chocó, incluyendo a ‘El Paisa’ y a un guerrillero llamado ‘Malicia’. Tanto ‘Ruiz’ como ‘El Paisa’ murieron en bombardeos ejecutados por el Ejército.

Aranguren, además, responsabilizó al Estado: “También es culpable el Estado, porque por acción u omisión permitió que nos tuviera un actor armado ilegal tanto tiempo en las selvas. Considero que, como víctima, el Estado todavía está en deuda conmigo”.

Frente a la reparación, le pidió a la Farc contar la verdad sobre lo ocurrido, mostrar “arrepentimiento verdadero”, no volver a “delinquir” y contribuir a la “reconstrucción de la infraestructura”.

“Enemigos”

Viellard llegó a Juradó en junio de 1999. Foto: JEP.

El sargento primero Agenor Viellard se incorporó a la Armada en 1993. Fue secuestrado en diciembre de 1999, en Juradó, Chocó, durante una toma de población ejecutada por el Frente 57 del bloque Noroccidental de las Farc. Así recordó los momentos previos a la toma:

“El 11 de diciembre de 99, salí al pueblo a comprar víveres para la tropa y me dieron la información de que los campesinos que salieron a buscar ganado y animales para sacrificar y vender no habían regresado y eran las 5 de la tarde (…) Desde enero del 99 había la información de que ‘Iván Márquez’ se quería tomar Juradó, Chocó. Era el tiempo en que ellos (las Farc) se tomaban las poblaciones que querían (…) Llevé la información al comandante de puesto, teniente Alejandro Ledezma Ortiz, que se comunica con el batallón. El comandante de ese entonces, coronel Leopoldo Jiménez, no se tomó en serio la información”

Pasada la medianoche, contó el sargento, empezó el ataque de la guerrilla con pipetas de gas y disparos de fusil. Aseguró que los insurgentes sobrepasaban diez a uno a los infantes de marina, cuyos M16 se “trababan mucho por la arena y la lluvia”. Al día siguiente, cuando las Farc se habían tomado por completo el puesto de la Armada, los sobrevivientes se entregaron. Para entonces, Viellard tenía un disparo en el pecho.

Posteriormente, según relató: “Nos empezaron a llevar selva adentro (…) Al día siguiente llegó ‘Iván Márquez’ con una señora que supuestamente era su esposa y nos dijeron que éramos canjeables, prisioneros de guerra, que nos respetaban la vida y que si nos pasaba algo era porque nos intentábamos volar”.

Viellard también dio cuenta de un episodio que él y sus compañeros vivieron con un comandante guerrillero del Bloque Noroccidental, conocido como ‘Alirio’:

“Una tarde ‘Alirio’ nos empezó a decir que ellos eran un ejército revolucionario y que su llegada al poder nadie la detenía. Yo le pregunté que si se creían un ejército, por qué no respetaban los derechos humanos, por qué tenían niños. Entonces él se enojó mucho (…) Llegó la hora de la comida, la changua guerrillera, un mazacote de arroz, y yo vi que mi porción era muy poquita, al otro día fue lo mismo, al almuerzo también. Entonces yo le dije a alias ‘Aliro’ que si ellos eran un ejército revolucionario, debían respetar mis derechos y que entraba a huelga de hambre”.

Y continuó: “Se unieron otros a la huelga, duramos dos días, hasta que llegó ‘Alirio’, nos dijo que termináramos ya con esa payasada, que cuáles derechos, empezó a disparar al aire y los guerrilleros estaban como en posición de fusilarnos; eso nos asustó mucho, empezamos a temblar. Y dijo que quería ver terminar esa huelga de hambre ya. Entonces, el sargento más antiguo nos aconsejó: ‘Muchachos, no se hagan matar por pendejadas, dejen ese cuento de la huelga y sigamos, hermano, la guerra es de los vivos’. Terminamos la huelga y empezó el secuestro un poco más duro, porque obviamente el comandante estaba enojado con nosotros”.

El sargento también contó que “a nosotros los militares todos los días nos decían que éramos el enemigo, el ejército burgués, el ejército paramilitar”.

Posteriormente, en 2002, el grupo llegó al sitio donde se encontraban Guillermo Gaviria y Gilberto Echeverri. Sobre los dos políticos asesinados, Viellard expresó: “Fueron dos civiles que nos enseñaron mucho: valores, fortalezas (…) Nos ayudaron a tener ese cautiverio más llevadero”.

Durante esa época, Viellard enfermó de Leishmaniasis, para la que, asegura, nunca recibió medicamentos: “‘El Paisa’ me dijo que tenía una sola forma de curar, pero que era una tortura. Me empezaron a colocar un cuchillo caliente en la cara, después cogían panela, la derretían en la herida y me colocaban cera de abeja que quemaban. Obviamente se me hinchó mucho la cara y cuando llegué a donde mis compañeros, los vi triste, les pregunté qué pasaba y claro, yo estaba desfigurado, a ellos eso les daba mucha tristeza”.

El sargento también se refirió a la masacre. Contó, como Aranguren, que tras el arribo del Ejército a la zona las Farc decidieron asesinar a los rehenes:

“Cuando yo me agacho a recoger mi equipo y mis cosas, empiezan a dispararnos las Farc. Me tiro al piso y empiezo a meterme debajo de la cama. Cuando me faltan las piernas, escucho al doctor Gilberto quejarse, gritando: ‘Estoy herido’. Yo le alcancé a decir: ‘Doctor, cállese que nos van a matar’. Cuando yo termino, escucho a ‘El Paisa’ decir: ‘Verifiquen que no quede nadie vivo’ (…) Cuando llegan donde mí, me disparan por encima de la cama y los tiros me pegan al lado, yo era muy delgado y no me alcanzaron a tocar. Cuando remataron al exministro Echeverri, el tiro que le sale de la cabeza me pega a mí en la pierna, que todavía lo tengo, una ojiva de 7,62 (…) Mi sargento Guarnizo (quedó) ileso y bajó a buscar al Ejército. Duró más o menos como 15 minutos, empezaron a dar los primeros auxilios, cuando me levantan en la camilla veo a mis compañeros, los cuerpos ya sin vida”.

Por último, Viellard les dijo a los magistrados que durante su secuestro se enteró del asesinato de un soldado de apellido Norato y un guerrillero conocido como ‘Humberto’, quienes en diciembre de 2001 escaparon juntos de las Farc. Según el relato del sargento, ambos hombres fueron recapturados y posteriormente asesinados, tras lo cual los guerrilleros “colocaron equipo de sonido, porque ellos cargaban planta eléctrica, y empezaron a hacer fiesta celebrando la muerte del soldado”.

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La dura realidad del secuestro retumba en la JEP https://verdadabierta.com/la-dura-realidad-del-secuestro-retumba-en-la-jep/ Sun, 28 Oct 2018 10:05:43 +0000 https://verdadabierta.com/?p=19162 The post La dura realidad del secuestro retumba en la JEP appeared first on VerdadAbierta.com.

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Como parte del caso 001, la Jurisdicción Especial para la Paz inició la recepción de informes orales sobre ese delito cometido por la extinta guerrilla de las Farc. En los relatos de las víctimas emerge la tragedia de los años vividos en cautiverio, así como las múltiples respuestas que adeudan el antiguo grupo subversivo y el Estado.

La Sala de Reconocimiento de Verdad de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) empezó a escuchar a las víctimas del conflicto armado. Las primeras en ser llamadas fueron las personas secuestradas por las Farc con el objetivo de ser canjeadas por guerrilleros presos, entre las que se encontraban dirigentes políticos, policías y militares de alto rango.

En los relatos, rendidos durante esta semana y que la JEP denominó “informes orales”, las víctimas ofrecieron dolorosos detalles sobre los largos años que pasaron secuestradas, las consecuencias sobre sus entornos familiares y las gestiones adelantadas por parientes y líderes políticos para su liberación. El pasado viernes acudieron las familias de los once diputados del Valle del Cauca, asesinados en 2007 mientras permanecían en cautiverio, en circunstancias que aún no han sido esclarecidas.

Además de relatar episodios y situaciones similares, varias de las víctimas, por separado, coincidieron en exigir verdad sobre al menos cuatro circunstancias. (Leer más en: Los secuestros, casi el doble de lo que se calculaba)

La primera está relacionada con la falta de medidas de seguridad con la que contaban al momento de los hechos, pese a que el gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana (1998-2002) había sido notificado por las Farc de que la guerrilla llevaría a cabo secuestros de dirigentes políticos para presionar un intercambio humanitario. El general (r) Luis Mendieta, el único convocado por la JEP que no hacía parte de la población civil para el momento del secuestro, también contó que en los días previos a su retención había pedido refuerzos infructuosamente.

Una segunda tiene que ver con la posibilidad de que terceros no combatientes participaran en la planeación de los secuestros de dirigentes políticos. El reclamo por esta verdad fue especialmente recalcado por los excongresistas liberales de Huila Consuelo González, Jorge Eduardo Géchem y Orlando Beltrán, quienes alegaron que su secuestro casi simultáneo lesionó su proyecto en el departamento y facilitó el fortalecimiento de otros movimientos políticos.

La tercera está relacionada con el paradero de personas que fueron secuestradas y que hoy están desaparecidas. Al respecto, González, Beltrán, el exgobernador de Meta Alan Jara y el general (r) Mendieta le suministraron a la JEP los nombres de presuntos desaparecidos y pidieron adelantar las gestiones necesarias para conocer su ubicación. (Leer más en: La verdad que les falta a las víctimas de ‘Martín Sombra’)

La cuarta circunstancia tiene que ver con el hecho de que los presidentes Pastrana y Álvaro Uribe (2002-2006/2006-2010) nunca hubieran aceptado negociar un intercambio humanitario para liberar a los políticos, policías y militares de alto rango que se encontraban secuestrados, pese a que pasaban los años y el país conocía las difíciles situaciones que atravesaban.

Las víctimas también expresaron las distintas opiniones que tienen sobre el proceso de paz pactado entre las Farc y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos (2010-2014/2014-2018), así como sus aspiraciones frente a la reparación del daño causado.

Estos son algunos apartes de sus testimonios, están organizados en el orden en el que se presentaron a la JEP:

“En nuestros secuestros hubo mano negra por parte de enemigos políticos”

Fue secuestrado por las Farc en cercanías a Ipiales, Nariño, el 10 de junio de 2001, cuando ejercía como Senador de la República. Fue liberado siete años después, gracias a las gestiones realizadas por el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y por la senadora Piedad Córdoba.

Inició su intervención en la JEP anunciando: “Rendiré testimonio ante ustedes como un acto de confianza en nuestras instituciones y como una contribución a la construcción de una memoria histórica fiel a los brutales acontecimientos a los que hemos sido sometidos tantos colombianos de bien por parte de estos criminales durante tanto tiempo. Asisto esperanzado en que este escenario contribuya efectivamente a la consecución de la verdad, justicia y reparación de todas las víctimas de este sangriento conflicto, pues es en el restablecimiento de su dignidad que radica el éxito o el fracaso del acordado proceso de paz”.

Posteriormente, se refirió a la decisión de las Farc de secuestrarlo para canjearlo por guerrilleros presos: “La misma noche del secuestro escuché por la radio al señor ‘Jojoy’ diciendo que mi liberación solamente se daría si el Congreso de la República expedía una ley de canje. Por supuesto, en ese momento entendí que yo no saldría con vida de allá, porque yo, que era que Senador en el momento, sabía perfectamente que el Congreso jamás iba a poder expedir una ley por medio de la cual se aceptara el secuestro y se generaran las posibilidades de un intercambio en forma permanente”.

Pérez describió detalladamente la ruta por la que lo llevaron las Farc, primero entre los departamentos de Nariño y Putumayo, luego al Ecuador y, posteriormente, al departamento del Caquetá. Sobre el primer periodo, relató: “Los dos primeros años (estuve) solo, a veces amarrado a los árboles, no le permitían a la guerrilla hablar conmigo. Estuve sin ningún tipo de medicamentos, muy limitados los alimentos, no tenía ni siquiera cuchara para comer, tenía que comer con los dedos, porque consideraban que yo era un elemento peligroso que podía utilizar la cuchara o un tenedor como un instrumento para atacarlos. Muchas veces no me daban jabón, tenía que utilizar el barro de las quebradas para poderme bañar. Crema dental no existía, tenía que limpiarme los dientes con el carbón, con las cenizas de las hogueras que hacían para cocinar”.

Sobre el regreso de Ecuador a Colombia para dirigirse al Caquetá, también contó: “Una noche los guerrilleros mandaron a unas agraciadas guerrilleras, vestidas de civil, con tremendas minifaldas, para que fueran al puente sobre el río San Miguel, al lado colombiano, donde existía un grupo de policías o militares, para que los distrajesen con música, baile, traguito. Mientras estaban en la fanfarria, me pasaron por el río San Miguel, justo debajo del puente internacional (…) Después de varios días atravesamos parte del Putumayo y llegamos a un sitio donde está la base militar de Tres Esquinas, una de las más grandes que tiene el país, y me pasaron a las cinco de la mañana frente a esa base militar, yo no podía creer, encadenado en una canoa”.

Pérez se refirió a las largas caminatas a las que estuvo sometido tras el desalojo del campamento para secuestrados que custodiaba el entonces comandante ‘Martín Sombra’ en el Caquetá: “En ese campamento, que llamábamos ‘Caribe’, porque de vez en cuando nos daban pescado Caribe, estuvimos un año. De ahí nos sacaron en forma abrupta y caminamos cerca de 40 días en una marcha que algunos asimilábamos con la famosa marcha de Mao Tse-Tung en China. Una marcha terrible, porque no teníamos nada de alimentos, era escasamente arroz, que nos preparaban a las 10, 11 de la noche, huyendo de unos operativos militares que se estaban produciendo. Terminamos hasta comiendo micos en la selva del hambre, que la sufríamos todos, tanto los guerrilleros como nosotros”.

Sobre el intento de escape que vivió con la excandidata presidencial Íngrid Betancourt, aseguró que las Farc los castigaron de una manera ‘aberrante’: “Nos entregamos nuevamente a la guerrilla porque mi estado de salud se había complicado mucho. El castigo fue encadenarnos, desde ese día hasta el último de secuestro, como animales a los árboles. Nos sacaban a hacer nuestras necesidades como sacar uno a los perros al parque, nos quitaron las botas como castigo y estuvimos un tiempo descalzos en la selva”.

Además, el excongresista dijo que durante el secuestro no recibió atención médica para la diabetes y la hipertensión que sufría: “Para la guerrilla eso era broma. Los mismos comandantes se reían, diciendo que cada que secuestraban a un político, entonces resultaba enfermo (…) En general, estuve sin la dieta necesaria, mucho menos los medicamentos”. Asimismo, declaró que mientras estuvo en cautiverio adquirió una infección renal y sufrió un infarto: “Cuando recobré la libertad, en los exámenes que, por supuesto, nunca me suministró el gobierno colombiano, en su indiferencia por la suerte de los secuestrados, apareció el infarto, con un 25 por ciento del miocardio necrosado”.

Sobre sus aspiraciones frente a la justicia transicional, declaró que exige la verdad sobre todos los responsables de su secuestro y sobre las motivaciones reales del mismo: “Estoy plenamente seguro, como estamos la mayoría de los secuestrados con los que he tenido la oportunidad de conversar, de que detrás de nuestros secuestros hubo mano negra por parte de enemigos políticos en nuestras regiones (…) Abrigo la esperanza de que ustedes en el momento que encaren a los miembros de las Farc puedan abordar el tema de esa verdad”. Asimismo, dijo que “aceptaría cualquiera que sea la decisión en relación a las penas, pero algún día esperaría que, con toda la honestidad, con la humildad que (los) debería caracterizar, los victimarios, los comandantes guerrilleros, nos pidieran perdón a las víctimas”.

Además de referirse a su secuestro, Pérez reflexionó sobre el conflicto armado: “Si uno se adentrara en el fondo del conflicto, comprendiera que hay unos factores estructurales generadores de la violencia: el hambre, la miseria, la falta de oportunidades, han sido el caldo de cultivo que ha alimentado las expresiones violentas en este país, llámese guerrilla, paramilitarismo, delincuencia común. Y muchas veces nosotros como sociedad hemos sido indiferentes a la suerte de millones de compatriotas”.

Y agregó que “en este libro que les acabo de entregar (7 años secuestrado por las Farc, 2008), yo pedí perdón a Colombia y a Nariño, porque como senador o como congresista puede haber hecho más para evitar que tanta gente no aguantara hambre, no tuviera que dedicarse a actividades ilícitas por falta de oportunidades, haber contribuido a construir una sociedad menos desigual”.

“La narración le da un sentido al dolor”

El ahora representante a la Cámara fue secuestrado el 5 de octubre de 2000 en Riosucio, Caldas. En octubre de 2008 se fugó de las selvas de Chocó con la complicidad de un guerrillero que desertó de las filas de las Farc. Ante los magistrados de la JEP destacó que una de las situaciones más difíciles de su cautiverio fue la soledad, porque, a diferencia de los demás secuestrados denominados como “canjeables”, estuvo aislado.

Lizcano contó cómo se aferró a la literatura, a los mensajes radiales que enviaban sus familiares y a la docencia, para no perder la fe y la cordura. “A uno le dan un radio y ahí escuchaba los mensajes de mi señora, de mis alumnos, porque fui académico de la Nacional y otras universidades. Mis formas de sobrevivir: el radio en el que escuchaba los mensajes y la poesía. Nunca escribí una antes de mi secuestro y, como dice Mario Benedetti, ‘es un drenaje que le sirve a uno en la vida para no temerle a la muerte’. Fui recuperando mi identidad a través de la poesía, escribí 83 poemas”, señaló.

Agregó que “cuando estaba en momentos más angustiosos, sacaba poemas de Miguel Hernández, de Borges, de Silva. Los arrancaba de libros, porque me los quitaban. Para cuando las marchas eran forzadas, los metía en hojas de plástico porque la humedad era mucha; los sacaba y volvía y los leía”.

También contó cómo le surgió la idea de darle clases a los árboles para no perder la cordura: “Aquella vez que mi señora, mi ‘barquerita’, como la llamaba en los poemas y la conoció el país, puso a mis alumnos a leerme mensajes el Día del Maestro, me decían: ‘No se deje morir, luche, luche’. Esa noche estaba perdiendo la voz porque los guerrilleros de base no me podían hablar, solamente los comandantes. Me vino la idea de darle clase a los árboles”.

Y prosiguió: “Al otro día cogí el cuaderno, empecé a arrancar hojas y les ponía a los árboles los nombres de mis alumnos. Escuchaba mucho a la historiadora Diana Uribe y replicaba las clases que le oía por radio. Esto es muy importante para que ustedes tengan un contenido que no es solamente condenar al victimario y ponerle una pena, sino mirar el contexto social en el que el conflicto armado se movió”. En ese punto, habló sobre la falta de educación de algunos de los guerrilleros que lo mantenían en cautiverio.

Retomando el punto de sus clases, contó que, cuando empezó con ellas, “un guerrillero me contestó: ‘Oiga, cucho, usted cree que aquí vamos a comer de locos. No nos crea tan pendejos’. Y me arrancó las hojas. Aprendí que lo más duro y despiadado de las Farc, de los carceleros con las víctimas, es el desprecio. Uno olvida el odio, pero no el desprecio. Esa es una primera lección de vida que aprendí en mi experiencia”.

“Esa noche me armé de valor y lloré. Me decía: ‘Soy capaz, soy capaz’. Se me vino una idea: ‘Yo soy amante de la vida de (Simón) Bolívar y ellos, entrecomillas, dicen ser bolivarianos’, y empecé a hablar de Bolívar. Empezaron a hacerme rueda, corrillo, y finalmente fueron los tiempos que logré para sobrevivir”, declaró.

También contó dos momentos que lo llevaron al punto más alto del umbral de dolor: el asesinato de su amigo Orlando Sierra, periodista y director del diario La Patria, de Manizales, y el secuestro de su hijo Juan Carlos: “Fueron momentos profundos de dolor. Cuando mi señora decía (en radio) mis ‘Lizcanitos’ llénense de valor, (yo) decía: ‘No me hable primero a mí, sino a ese muchacho que necesita más valor y ánimo, yo estoy fuerte’. Ese fue el umbral más alto del dolor. Afortunadamente salió libre y con vida”.

En su relato, el congresista señaló que ante la JEP no busca una verdad, sino las muchas verdades que existen alrededor del conflicto armado, y resaltó la importancia de ese espacio para las víctimas. “La narración le da un sentido al dolor, por eso es importante este organismo que afortunadamente nos dio a los colombianos esta Jurisdicción Especial para la Paz, que es distinta a una justicia tradicional, para que ustedes puedan escuchar y darle sentido a la narración. Me parece que esa es la importancia de este evento, que estoy con ustedes”.

Sus reflexiones también cobijaron a quienes fueron sus carceleros, y contó dos historias que lo marcaron. “’Otili’, no sé si se desmovilizó, pero fue una comandante del Frente José María Córdova, que opera(ba) en Antioquia. Se me acercó, porque los comandantes eran los únicos que me podían hablar. Le preguntaba por las niñas en las filas heridas. Me dijo que esas niñas, como ella, fueron violadas por sus padrastros: ‘Llegan aquí, les damos un radio, un fusil y un uniforme. Regresé a mi vereda y me miran como persona. Mi padrastro se arrodilló a pedirme perdón, recuperé mi identidad como persona’. Mire lo complejo que es la guerra y sus consecuencias”.

El otro caso que le causó impacto emocional es el de un niño al que le decían ‘Comidita’: “Era un muchacho moreno de 14 años. El fusil AK-47 que cargaba era más grande que él, lo arrastraba. Marchó muchas veces conmigo y me prestaba guardia. Le decían ‘Comidita’, porque en las marchas se comía el arroz crudo, se tomaba el aceite, se comía las lentejas. Le ponían como castigo cargar cosas pesadas. El niño se quejaba muchas veces, agotado. El comandante ‘Sebastián’ lo regañaba, un tipo indolente. Intentó volarse, lo cogieron y lo degollaron. Una vez en medio del hambre, me llevó guamas y me decía ‘camarada’. El comandante lo sancionaba poniéndolo a cargar troncos de árboles. Esa es una de las cosas que más me conmovió. (El comandante) le decía: ‘No son camaradas, sino enemigos de clase’”.

Según él, las experiencias sufridas durante el cautiverio lo llevaron a apostarle al perdón: “De tantas cosas nace la idea del perdón. Comprender es perdonar. Mientras uno comprenda las causas, no todas justificables, más bien explicables, aprende a perdonar. Ahí empecé a pensar en perdón y decir que no más clases, no más matemáticas, y me propuse cuando saliera estudiar filosofía, porque el hombre es la medida de todas las cosas. Vi allí que mi identidad la recuperaba en la medida que comprendiera esas causas y muchas cosas más sobre la vida”.

Y profundizó: “Entendiendo el perdón como un don gratuito que otorga la víctima al victimario. El perdón no es religioso, no es jurídico, no lo otorga el Estado con normas, el perdón lo otorgan las víctimas. Es un acto individual que uno hace con el victimario. Difícil es, pero ese es el perdón que he hecho con mis carceleros, que los veo día a día (en el Congreso) por ser presidente de la Comisión de Paz”.

Y concluyó que “si el país se conduce y acabamos con estos odios y llegamos a la reconciliación, creo que hemos llegado a la paz”. Y les envió un mensaje a los magistrados de la JEP: “Construir una memoria histórica es lo que ustedes deben aportarle al país como magistrados de esta importante jurisdicción de paz. Que se sepa la verdad para que no haya más repetición, para que no sea solo la reparación económica”.

“Mi reparación es que esto nunca más se repita”

Fue secuestrado el 15 de julio de 2001 en el municipio de Lejanías, Meta, cuando se encontraba a bordo de un vehículo de Naciones Unidas. Siete meses atrás había terminado su segundo periodo como gobernador de ese departamento (1998-2000). Fue liberado el 3 de febrero de 2009 gracias a la gestión de la entonces senadora Piedad Córdoba; del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; y del Comité Internacional de la Cruz Roja.

Inició su intervención refiriéndose a la dificultad de expresar las emociones experimentadas durante el secuestro: “Estuve secuestrado siete años y siete meses, que son 2.760 largas noches. Uno puede describir con detalle un momento, un episodio del secuestro, y estoy seguro que ustedes y la comunidad en general no solo lo entenderían, sino que además podrían dimensionar la tragedia que se vivió en ese instante. Pero lo que es imposible de transmitir es la suma de esos miles y miles de instantes y todo lo que pasa por la mente de cada uno de nosotros (…) Son demasiados momentos de angustia, tribulación, miedo a perder la vida, y eso es muy complejo de comunicar”.

Posteriormente, contó que durante los primeros meses del secuestro encontró tranquilidad impartiendo clases: “Fue algo que nació al día siguiente de haber sido llevado a donde estaban los 28 militares y policías (en el Caquetá), y que llamamos ‘escuelita de la selva’. Fue una actitud de resiliencia, de poder, en algún instante del día, ser libres (…) Poder hacer algo útil, zafarse del secuestro durante una, dos, tres horas, era único. Eso nos ayudó muchísimo a mantener no solamente nuestro deseo de libertad, nuestro deseo de seguir vivos, sino (también) hacerlo con dignidad. Hay que decir que para ello se necesitaba algo básico, un diccionario, y las Farc lo facilitó”.

El exgobernador también narró tres momentos que calificó como “dolorosos” y “degradantes”, que dan cuenta de las difíciles condiciones en las que transcurrió su secuestro y el de otras personas.

El primero tiene que ver con el hacinamiento: “Estuve en 12 jaulas distintas. Una de esas era tan pequeña y éramos en ese momento tal vez 34 personas, casi ni cabíamos. Ante las dificultades que implica la convivencia en esas circunstancias, lo único que se me ocurrió fue contar cuántas tablas había en el ancho de la casa y dividirlas por el número de secuestrados. Y con estupor, el resultado me dio que a cada secuestrado nos tocaba de a tabla y media. Cada tabla tiene 20 cm”.

El segundo episodio está relacionado con el encierro: “Había un (campamento) que estaba encerrado por todos lados, solamente en el techo había la posibilidad de respirar. Por una orden de quien estaba al mando de la guerrilla, le pusieron tablas en el techo también y quedó como un cajón (…) Nosotros todas las mañanas nos levantábamos con un dolor de cabeza terrible por la falta de oxígeno (…) Allí, precisamente en ese sitio, fuimos bombardeados por la aviación del Ejército. Y era el mundo al revés, en una frase que nunca se nos olvidará, y es que en esa asfixia y nosotros encerrados (gritábamos), la guerrilla gritaba también, hasta que un guerrillero dijo: ‘Tranquilos, que el miedo alcanza para todos’ (…) Ese miedo permanente a morir, a ser asesinado o a caer en un bombardeo hacía que fuese extremadamente inhumano el vivir allí’”.

El tercer momento tiene que ver con la manera como la guerrilla les permitía bañarse: “Una vez nos llevaban a un río, a bañarnos por una pendiente llena de barro, y yo iba al final de la fila. Íbamos 32 personas encadenadas, en pantaloneta, descalzas, y esa imagen parecía una fila de esclavos, que pude ver desde el alto donde iniciaba el descenso hacia el río. Y como gran cosa ese día, porque siempre nos llevaban a pequeñas quebradas, tapadas completamente por vegetación, nos dieron río y nos dijeron: pueden nadar si quieren (..) Esa imagen, congelada allí, creo que me acompañará siempre”.

Jara contó, además, que durante el cautiverio se enfermó de paludismo cerebral, hepatitis y leishmaniasis. Asimismo, describió la angustia que vivieron él y el grupo de secuestrados con el que se encontraba cuando las Farc les quitaron los radios, que era la única manera de enterarse de lo que ocurría afuera de la selva: “Duramos casi un año sin radio, sin saber absolutamente nada del mundo exterior. Qué sensación tan dura, tan difícil, imposible de describir también. Después nos retornaron un radiecito para entre todos y (fue) volvernos a intentar poner al día, descubrir con el tiempo que algunas personas que nos enviaban mensajes habían muerto”.

Frente a las medidas de reparación, pidió que se conozca la verdad sobre su secuestro: “Yo quiero hacer unas preguntas. Mi familia y yo queremos saber de las Farc la verdad sobre los hechos que rodearon mi secuestro: ¿Quiénes participaron directamente? ¿Quiénes colaboraron? ¿Qué informantes tenían? ¿Quiénes fueron los determinadores? ¿Hubo terceros distintos a la guerrilla involucrados?”. Además, le hizo dos preguntas al gobierno de la época: “¿Por qué no había ese día presencia de Fuerza Pública? ¿Por qué no se realizó el acuerdo humanitario?”.

Finalmente, también como medida de reparación, le solicitó a la JEP llevar a cabo las medidas necesarias para que el país no olvide lo ocurrido y, por esa vía, contribuya a garantizar la no repetición: “Que la sociedad entera, los que en la Colombia rural han sufrido el conflicto, y los que de pronto en la ciudad no lo han vivido, conozcan que pasó y que no se olvide. Creo que es una tarea que conjuntamente con el Centro (Nacional) de Memoria (Histórica), con la Comisión de la Verdad, pueda llevar a ese propósito de que esto nunca más se repita. Esa es mi reparación”.

“Me tocó aprender a caminar de nuevo durante el secuestro”

Este oficial en retiro de la Policía Nacional, quien en enero de 2009 fue ascendido al rango de general mientras aún se encontraba en cautiverio, relató cómo ocurrió la toma de Mitú, en donde fue plagiado junto a 60 uniformados más; cómo fueron sus casi doce años de secuestro; y cómo recuperó la libertad gracias a la Operación Camaleón.

Fue una narración sentida y pausada, interrumpida en varias ocasiones por las lágrimas. Agradeció a quienes lo ayudaron en cautiverio a sortear sus delicados problemas de salud y a quienes por medio de la radio permitieron que le llegaran voces de aliento desde el exterior.

El inicio de su relato se remontó al 16 de septiembre de 1998 y a la ciudad de Santa Marta, cuando le notificaron que sería trasladado a Mitú, la capital de Vaupés. Al día siguiente, con el rango de coronel, asumió como comandante de Policía de ese departamento y lo pusieron al tanto de la situación a la que se enfrentaba: “Que las Farc estaban cerca y se presumía una toma terrorista”.

Contó que a partir de ese momento le fueron enviados semanalmente varios informes de inteligencia a la Séptima Brigada del Ejército y a “diferentes instancias de la Policía Nacional sobre la situación de orden público que se estaba viviendo, solicitando los respectivos refuerzos de personas, de armamento e incluso de comunicaciones para tratar de monitorear las comunicaciones de las Farc”.

De acuerdo con Mendieta, en la madrugada del primero de noviembre de 1998 inició el ataque contra la cabecera municipal con cilindros bomba, que continuó todo el día a pesar de que el comando de Policía fue destruido hacia las 10 de la mañana. Una vez sometidos los uniformados, cuenta el general retirado, los guerrilleros les pusieron cordeles en el cuello, les ataron las manos y los hicieron marchar en fila río arriba, hasta un punto en donde los esperaba una lancha que los llevó a las profundidades de la selva.

El general dijo que, tras la toma, les contaron que en ella participaron dos mil guerrilleros, porque el ‘Mono Jojoy’ ordenó que participaran siete frentes y tres compañías móviles. En cambio, en Mitú apenas había 76 uniformados y 30 policías bachilleres encargados, según él, de estar en contacto con la comunidad y de hacer actividades culturales.

A partir de ese momento, Mendieta pasó por varios campamentos, realizó marchas forzadas y tuvo diferentes carceleros. Posteriormente, las Farc liberaron unilateralmente a 54 de los policías retenidos en Mitú. Sin embargo, permanecieron secuestrados los de alto rango. De acuerdo con el general: “En los días siguientes nos trasladan y es ahí en donde alias ‘Grannobles’, hermano del ‘Mono Jojoy’, nos llevó cadenas gruesas con candados. Nos acordonaban de a dos, en oportunidades hasta tres secuestrados, uno tras de otro”.

Y prosiguió: “A veces se le decía al guerrillero que concediera al menos un eslabón de la cadena. Yo creo que ese era el trato digno y humanitario por parte de la guerrilla: que le ceda un eslabón para que no le quede tan apretada la cadena y le maltrate al comer o al beber, al ceder un eslabón uno respira un poquito. (En ocasiones) la cadena presionaba la libre respiración y en momentos me despertaba con medio cuerpo paralizado y medio cerebro con hormigueo”. También refirió la falta de la atención de enfermedades y suministro de medicamentos.

Con la cancelación de los diálogos de paz con el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) y la clausura de la zona distensión, volvieron las marchas en medio de la selva. Estas se agudizaron tras la ofensiva militar que el presidente Álvaro Uribe Vélez (2002-2006/2006-2010) emprendió contra las Farc. Al respecto, el general Mendieta contó que el ‘Mono Jojoy’ les dijo personalmente a los secuestrados: “Mientras el doctor Uribe sea presidente de la República, ustedes no salen de acá”. Y que a él le dictó la siguiente sentencia: “Coronel, usted es el último en salir, si es que llega a salir”.

Producto de la fuerte presión de la Fuerza Pública, los secuestrados tuvieron que marchar constantemente durante tres meses y ese traslado fue denominado por algunos de ellos como la “marcha de la muerte”. “Después de varios meses de caminar, infortunadamente se me fueron afectando las piernas. Cortaron un palo y me lo prestaron para que me apoyara. Caminaba cojeando. En los días siguientes, como seguían las marchas, ya no podía casi caminar y utilicé muletas con otro palo. Mientras mis compañeros llegaban a las cuatro o cinco de la tarde, como me quedaba (rezagado), llegaba a las diez u once de la noche exhausto y muchas veces ni comía”, relató.

Su movilidad siguió deteriorándose: “Después de otros días de andar con las muletas ya no me pude levantar, entonces me tocó arrastrarme (con los) codos, (las) manos. Allí en ese tiempo también estaba alias ‘Jerónimo’ y me dijo, mientras mis compañeros fueron a la quebrada a bañarse: ‘Vaya, vaya báñese’. No sé si era burla o qué era, porque si no podía caminar, cómo me podía bañar”.

Su salud empezó a mejorar luego de que una enfermera de otra cuadrilla le suministrara una inyección antitetánica y le aplicaran inyecciones de penicilina durante los diez días siguientes. “Gracias a eso comencé a medio recuperarme. Da la casualidad que también nos quedamos en un solo sitio y ahí pedí permiso para que me dejaran ir hacia el lado del río. Me arrastraba y en el río comencé a mover las piernas, y poco a poco fui comenzando ese proceso de nuevamente recuperarme. Al comienzo es como volver nuevamente a caminar: gatear, después como cuando un niño trata de mantener el equilibrio, y así fui avanzando. Afortunadamente algunos compañeros me ayudaban con masajes y estiramientos, y días después pude recuperar la movilidad”, explicó.

A raíz de la cercana presencia de la Fuerza Pública, las amenazas de ejecución aumentaron. Pero el general destacó que “durante los once años, siete meses, trece días y 19 horas que duró mi secuestro, siempre estuvimos con amenazas permanentes de muerte: los fusiles apuntándonos y muchas veces la munición la sacaban y la cargaban para simular que nos fusilaban. En muchas ocasiones hacían simulacro de lanzarnos granadas”.

Tras concluir su relato, les preguntó a los magistrados por las demás víctimas de las Farc, especialmente los secuestrados que nunca retornaron a sus casas y de quienes no se tienen noticias. Asimismo, por cómo será la reparación y la reconstrucción de las vidas de quienes sufrieron “las inclemencias de la barbarie terrorista por parte de las Farc”.

Finalmente, cuestionó a la comunidad nacional y a la internacional por la indiferencia que, a su juicio, tuvieron con los denominados “canjeables”. Y criticó duramente el proceso de paz: “Destacar que gracias a ese proceso los únicos beneficiados fueron las Farc, que en este momento tienen las diez curules, que le dieron presupuesto a su movimiento político, que le dieron cargos en el Ejecutivo, que el dieron un magistrado en el Consejo Nacional Electoral, mientras que las víctimas que ellos ocasionaron hemos sido los excluidos, los marginados”.

Sigifredo López da su testimonio sobre el secuestro del que fue víctima por parte de las Farc

“Que se recuerde la infamia para que nunca se repita”

Fue secuestrado el 11 abril de 2002 con once de sus compañeros, todos ellos diputados de la Asamblea Departamental del Valle del Cauca. Estuvo en cautiverio durante siete años y es el único sobreviviente de ese plagio colectivo, ejecutado por guerrilleros de las Farc que se hicieron pasar por miembros de la Fuerza Pública y simularon un operativo de evacuación. Fue liberado el 5 de febrero de 2009, gracias a la gestión del entonces presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de la senadora Piedad Córdoba.

En 2012, por orden de la entonces fiscal Martha Lucía Zamora, hoy directora administrativa de la JEP, fue detenido durante cuatro meses, acusado falsamente de haber participado en la retención de sus compañeros y de haberse “autosecuestrado”. A esos hechos, a los que López califica como su segundo secuestro y una revictimización, se refirió en los primeros apartados de su testimonio ante los magistrados de la JEP:

“Yo permanentemente soy insultado. Hace 20 días fui a un concierto de boleros con mi familia y una señora me insultó. A veces los taxistas me gritan: ‘¡Asesino traidor!’ Mis hijos han sufrido esta estigmatización producto de una revictimización que hicieron porque dizque mi nariz y voz se parecían (a las de uno de los jefes guerrilleros que planeó el secuestro). Esta señora (Zamora) salió el primero de junio de 2012 a anunciar falsos testigos, esta señora directora de una unidad de fiscales ante la Corte (Suprema) nada tenía que hacer en la Unidad de Derechos Humanos y apareció cambiando decisiones”, declaró.

Por eso, recalcó que espera que “la verdad para nuestra familia y la historia sea nuestra principal medida de satisfacción. Que las Farc digan toda la verdad y quiénes fueron sus auxiliadores. Hay personas que pueden ayudar en esto. Hay un guerrillero, alias ‘Santiago’, que estuvo en la planificación y dijo que dirá todo en la JEP. Era el segundo comandante del Frente Urbano Manuel Cepeda Vargas, que planificó con ‘JJ’ el secuestro de los diputados. Cuando me pusieron preso, él estaba en la cárcel de Chiquinquirá y salió a decir: ‘Eso es falso, eso es un falso positivo judicial. No es cierto. El que aparece en ese video es ‘JJ’, era mi jefe, yo era el segundo. Yo estuve allí cuando se filmó ese video y ese no es Sigifredo’. Sin embargo, pasó toda esa historia”.

Y continuó: “Me indigna y me siento revictimizado cuando llego a la JEP, bien sea como víctima o como abogado, y tengo que saber que una persona en esas condiciones está aquí trabajando como secretaria ejecutiva (sic) de este importante órgano jurisdiccional”.

Sobre las Farc y la práctica del secuestro, señaló que da “cuenta de la barbarie, de la degradación a la que llegó el conflicto armado en Colombia, en lo bestias que terminaron convertidos estos señores: campos de concentración, un hombre arrastrándose enfermo porque no puede ir al baño y prefieren que se muera, como (ocurrió con) el general Guevara. ¿Y los conceptos de dignidad? Hablaban de intercambio humanitario, de los protocolos de Ginebra, de humanizar la guerra para el intercambio de prisioneros, y no tuvieron la altura histórica, ni siquiera la dignidad, para casos como esos, de entregar un secuestrado. Preferían que se muriera”.

También se refirió al rol del entonces presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez (2002-2006/2006-2010): “Recuerdo muy bien cómo cuando se hablaba de intercambio humanitario, el presidente Uribe decía que no lo hacía porque eso era estimular a los secuestradores para que sigan secuestrando. (Dio a entender) ‘ustedes, señores secuestrados, son la cuota de sacrificio de esta sociedad para que no haya más secuestrados en Colombia’, y nos condenó al olvido. ¿Hay algo más verraco que la muerte? Sí, más duro es morir de olvido”.

Además, cuestionó el trato que recibieron las madres y esposas de los diputados: “Estas mujeres iban de pueblo en pueblo, de plaza en plaza, a rogar un intercambio humanitario. Y donde llegaba el presidente Uribe, allí estaban ellas con su cartelito. Y eran expulsadas, no las dejaban ingresar. Como delincuentes (las trataban), porque tenían una camiseta que decía ‘intercambio humanitario’”.

Como medida de satisfacción pidió que se creen espacios en el Museo Nacional dedicado a las víctimas del conflicto armado, “en donde los ciudadanos puedan apreciar qué es una caleta y en qué condiciones vivía un ser humano durante siete, ocho, 12 o 14 años. Que, así como en el Museo del Holocausto en Washington o en Auschwitz, la gente pueda escuchar las voces de las víctimas o fracciones de estos relatos. Creo que este conflicto lo merece y hay que destinar recursos para eso. Hay que unificar esfuerzos institucionales para dignificar este dolor y darle el espacio que merece. Que se recuerde la infamia para que nunca se repita y no se olvide jamás”.

Finalmente, cerró su intervención con un mensaje a los magistrados: “La sociedad colombiana espera mucho de ustedes, que el principio de centralidad de las víctimas no se convierta en una nueva frustración. Nosotros ya pusimos una cuota de dolor muy alta con nuestro cautiverio, y hemos puesto otra cuota de dolor muy alta sacrificando justicia para que estas nuevas generaciones no vivan lo que nos tocó sufrir”.

“Este es el relato de mi descenso al infierno”

La excandidata presidencial no pudo asistir presencialmente a la JEP, pero lo hizo por medio de videoconferencia. De manera clara y pausada, hizo un crudo relato de su cautiverio, que inició el 22 de febrero de 2002 y concluyó con su rescate el 2 de julio de 2008 tras la Operación Jaque. Primero destacó la importancia de la verdad y las múltiples preguntas que aún tiene.

“Considero que (este) es uno de los momentos más importantes en la búsqueda de justicia y verdad para nosotros los secuestrados. La relación que tenemos con la verdad, ustedes lo saben mejor que yo, es fundacional y nos construye. Por eso la búsqueda de la verdad no es un ejercicio caprichoso, es la relación que tenemos con nuestra vida, con la realidad, obviamente desde un punto de vista espiritual, pero también místico si se quiere, porque la verdad es la que nos libera, nos pone en armonía con el mundo y con el entorno. Finalmente, nos contacta con nuestra esencia. Solo con la verdad es posible construir una relación con el otro, es decir, con la sociedad, basada sobre la confianza, que nos permita vivir en paz”.

Y prosiguió en esa línea: “La verdad de los secuestrados es, obviamente, una verdad compleja, además de ser dolorosa. La mía es la de haber sido víctima de múltiples maneras y en diferentes tiempos: antes, durante y después del secuestro. Por eso, tal vez, he comprendido y compartido la sed de los colombianos de lograr la paz, pero debo decir ante ustedes que, después de tantos años y de tanto esfuerzo por perdonar, hay cosas hechas por individuos o el colectivo de las Farc con las cuales jamás podré reconciliarme”.

Tras destacar la importante tarea que tendrán los magistrados de la JEP para esclarecer la verdad e impartir justicia, la excandidata presidencial explicó cuáles fueron las circunstancias que rodearon su secuestro.

Primero, aclaró que decidió viajar a San Vicente del Caguán (Caquetá) por petición del alcalde de ese municipio, Néstor León Ramírez, quien era el único mandatario local que tenía su partido político, Oxígeno Verde. Ante el temor que le suscitaba el hecho de que las Farc atacaran a la población tras la ruptura de los diálogos de paz que se venían adelantando en esa región con el gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana (1998-2002), Ramírez le insistió en que los visitara para que diera señal de respaldo a la comunidad. La segunda aclaración de Betancourt es que, para viajar, puso como condición que su esquema de seguridad estuviera garantizado.

“¿Por qué puse esa condición? Porque muchas veces, durante los meses que llevábamos de campaña, nos habían montado en un avión para irnos a una correría política, para encontrarnos al llegar que los carros blindados que supuestamente nos iban a facilitar estaban dañados o no estaban a disposición”, explicó. Y agregó que, en el aeropuerto de Bogotá, el capitán Barrera, de la Policía Nacional, quien era parte de su esquema de seguridad, le mostró un fax que le autorizaba el uso de dos carros blindados y dos motos para protegerla en su viaje desde Florencia hasta San Vicente del Caguán.

Por eso, aseguró que viajó a Florencia. Al llegar, el mayor Rubiano de la Policía, encargado de la seguridad del aeropuerto, le ofreció dos helicópteros, los cuales finalmente les fueron negados porque “desde arriba le dijeron (que) no (los) podía facilitar”. En ese momento, dice ella, llegó el presidente Pastrana, quien no la saludó y se dirigió en uno de los helicópteros a San Vicente del Caguán.

Betancourt contó que, tras el incidente con los helicópteros y cuando se disponía a hacer el viaje por vía terrestre, como lo tenía planeado, le fueron retirados los vehículos asignados y los escoltas. Sin embargo, uno de sus hombres de confianza, que pertenecía al DAS, consiguió un carro blindado de esa entidad, que acoplaron con banderas blancas e insignias de misión humanitaria, para finalmente hacer el viaje a San Vicente del Caguán. El último contacto que tuvo con funcionarios estatales fue en un retén de control de identidad en las afueras de Florencia. Tras cruzarlo, fue retenida por las Farc.

A partir de ese punto, y por cuenta de la versión que manejó el gobierno nacional, a la excandidata presidencial la abruman las preguntas. “La versión oficial del gobierno que se dio a conocer cuando estaba secuestrada, y la cual no pude controvertir, es que yo, o alguien de mi comitiva, firmó un descargo en ese retén, un papel, diciendo que pasábamos por cuenta y riesgo propio. Ese documento, hasta el día de hoy, nadie lo ha visto, pero dicen que existe”, refiere con indignación.

“La versión oficial dice que era peligroso coger esa carretera, que se nos había advertido. Si era tan peligroso coger esa carretera, la pregunta que yo me hago es: ¿Por qué me quitaron los escoltas? ¿Por qué la orden fue ‘los escoltas no pueden ir con Íngrid Betancourt’? Si el punto era proteger mi vida, la orden tenía que ser nadie pasa, nadie sale de Florencia. Pero esa no fue la orden. La orden fue: ‘los escoltas se quedan e Íngrid hace lo que quiera.’ ¿Acaso lo que se pretendía era defender la vida de mis escoltas y no la mía? Hay preguntas a las cuales no puedo responder. Lo que sí sé es que si era tan peligroso y si el Estado tenía claro que corría riesgo con la comitiva que me estaba acompañando, ¿por qué nos facilitaron un vehículo oficial del DAS con placas de las Fuerzas Militares?”, cuestionó.

Y continuó: “Si era tan peligroso que yo cogiera la carretera y si se sabía, ¿por qué no cerraron el retén militar? No solamente para protegerme la vida a mí, sino a todos los civiles que cruzaron ese retén militar ese día, que estaban en igual o mayor riesgo que yo, si la zona era tan peligrosa como después pretendieron que nos habían dicho”.

Otro interrogante que expresó fue sobre el supuesto descargo que firmó en el retén: “¿A todos le hicieron firmar un descargo, al grupo que iba conmigo en ese carro del DAS? ¿Y a los del camión que pasaron al frente, el bus, la moto, el taxi, el vehículo de la Cruz Roja que estaba al frente mío que pasó antes que nosotros? ¿Dónde están los descargos de todas esas personas? Porque si el único descargo que existe es el mío, entonces esa realidad presenta más preguntas que respuestas, porque en ese caso quiere decir que alguien sabía lo que iba a pasar y se estaban cubriendo en salud”.

“Dicen, adicionalmente, que nos avisaron de múltiples maneras. ¿A mí alguien me dijo que había un retén de la guerrilla? ¿Que nos estaban esperando para secuestrarnos? ¿A quién le dijeron? Porque a mis escoltas les dijeron otra cosa. Pero, adicionalmente, el Presidente de la República, que yo acababa de ver cinco minutos antes, se estaba subiendo en un avión (helicóptero) para ir San Vicente para probar que la zona estaba bajo control militar, que ya habían sacado a la guerrilla y que por lo tanto los colombianos habían retomado el control de su soberanía. El viaje del Presidente era para demostrar que no había problema, no era para decir que era una zona de guerra”, concluyó.

Tras cerrar ese punto, Betancourt narró cómo fue el trato cruel recibió por parte de sus captores, a quienes acusó de tortura psicológica. Asimismo, agradeció la valentía de “los muchachos héroes de la Operación Jaque”, la cuestionada misión de rescate que le permitió a ella y a otros secuestrados recobrar la libertad.

Finalmente, señaló que “si no creyera que las personas somos capaces de cambiar, no le hubiera apostado al proceso de paz, porque fue demasiada la crueldad que vivimos y de la cual fuimos testigos”.

“Nunca entendimos por qué no se hizo el intercambio humanitario”

Fue secuestrada por las Farc el 10 de septiembre de 2001, en la vía Pitalito – Neiva, cuando fungía como Representante a la Cámara por el departamento del Huila. Fue liberada en 2008 gracias a las gestiones del entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y de la senadora Piedad Córdoba.

Inició su intervención en la JEP detallando la manera como fue retenida por milicianos de las Farc cuando se dirigía al aeropuerto de Neiva para tomar un vuelo rumbo a Bogotá. Posteriormente, narró su traslado hasta el departamento del Caquetá y describió su primera conversación con el entonces comandante guerrillero Víctor Julio Suárez, conocido como ‘Jorge Briceño’ o ‘Mono Jojoy’:

“Llegó el ‘Mono Jojoy’ con un staff grandísimo de seguridad, me notificó que el secuestro era político (…) Le dije que cuál fue la razón para pensar en mí, me dijo: ‘Porque usted hace parte del establecimiento’. No se me olvida el término. Y le dije: ‘Yo no hago parte del establecimiento, yo tengo una representación popular, estoy representando a mi departamento en la Cámara de Representantes y pertenezco a ese conglomerado popular’. Es más, se estaba empezando a debatir el tema de las candidaturas presidenciales y me dijo: ‘¿Usted con quién está?’, le dije: ‘Apoyando a Horacio Serpa’. Me dijo: ‘De todas maneras usted sale de aquí cuando haya un hecho político’, que era el intercambio humanitario”.

González dio más detalles de la conversación: “(‘Briceño’) me dijo: ‘Ustedes todos los políticos dicen lo mismo, que no pertenecen al establecimiento, que no tienen la culpa de la situación del país, que se la juegan por las clases desprotegidas, pero nosotros hemos tomado la decisión de cogerlos y usted se va para la cárcel del pueblo’. Primera vez que me enteraba yo que los señores de la guerrilla tenían cárceles en lo profundo del bosque. Mi reacción fue decirle: ‘Por qué a la cárcel, si yo no he cometido ningún delito’. Me dijo: ‘Se va para la cárcel del pueblo, donde están los policías, los soldados, Alan Jara y Orlando Beltrán’”.

Posteriormente, contó la excongresista, fue trasladada al campamento del Caquetá donde permanecían la mayoría de los secuestrados. Allí, según relató, “éramos 32 entre todos, yo era la única mujer. Empezó la angustia de cómo iba a manejar esto. Les cuento a ustedes, con sinceridad, que tal vez lloré las 24 horas del día. Lloraba porque no sabía el desenlace, me angustiaba y me dolía profundamente el dolor de mis hijas, de mi familia. Pienso que me dolía más eso que mi mismo dolor”.

Como el resto de los secuestrados, González fue sometida a largas caminatas por la selva tras el desalojo de ese campamento: “Empezaron las caminatas de seis, siete horas diarias, a veces con una comida al día, que era agua con lenteja. Si era invierno, lavados hasta los tuétanos (…) Empieza uno a conocer el famoso ‘chonto’, que era el baño donde íbamos a hacer nuestras necesidades personales. Algo tan privado, (que fue) duro para los señores, pero muy duro para nosotras las mujeres, lo teníamos que hacer frente a cuatro, cinco, seis guerrilleros, porque no había otra manera”. Además, la excongresista aseguró que las Farc nunca le suministraron un medicamento para la tensión que le había sido recetado desde antes del secuestro.

Por otra parte, calificó como “tortura” el hecho de que los guerrilleros, ocasionalmente y “sin razón”, les quitaran los radios a los secuestrados, que eran su “único contacto con el exterior”. Igualmente, relató un episodio que da cuenta de la manera como fueron alimentados durante el cautiverio: “La comida era arroz, agua de lentejas, agua de arvejas. Aguantábamos hambre, quedábamos con hambre, y ellos lo sabían. Inclusive, cuando estábamos 10 civiles fue tal el desespero, la rabia, que nos organizamos y con pedazos de papeles que teníamos por ahí hicimos letreros y nos paramos frente a la puerta de la jaula gritando: ‘Tenemos hambre’”.

Por esos y otros hechos, la excongresista declaró: “La retención nuestra fue un atentado a la dignidad humana (…) Nos estuvieron atropellando todos nuestros derechos: a la libertad, a la educación, al trabajo, al compartir en familia, a la recreación, a la alimentación saludable. Eran tratos odiosos, humillantes, discriminatorios y violentos”.

También cuestionó el hecho de que los gobiernos de Andrés Pastrana (1998-2002) y Álvaro Uribe (2002-2006/2006-2010) no hubieran negociado el acuerdo humanitario que pedían las Farc:

“Nunca entendimos por qué en el gobierno de la época y en el que sucedió al doctor Pastrana no se hizo el intercambio humanitario. Sufríamos cuando podíamos oír en radio que entre Palestina e Israel se intercambiaban cadáveres por prisioneros, (porque) nosotros éramos seres vivientes, colombianos cumpliendo en el momento de la retención con nuestro deber. Esta es otra cosa que se debe tener en cuenta, señores magistrados: a mucha gente igual que nosotros, ajena al conflicto, se les hubiera podido evitar su muerte si el Estado colombiano se sienta con la guerrilla a pensar en una salida humanitaria”. Al respecto, refirió los casos de los asesinados diputados del Valle del Cauca, del gobernador de Antioquia Guillermo Gaviria, del asesor de Paz de la gobernación de Antioquia Gilberto Echeverri y del cabo de la Policía José Norberto Pérez.

González les planteó a los magistrados dos medidas de reparación. La primera consiste en que las Farc dignifiquen su nombre: “Es la oportunidad para que los guerrilleros reivindiquen mi nombre ante el Huila y el país, porque, cuando se presenta un secuestro y cuando uno ejerce vida pública, en el común del comentario empiezan: ‘Por qué sería, algo pasó, en qué estaría metida’. Eso permite correr rumor que los señores de la guerrilla tienen que salir a contrarrestar, diciendo la realidad sobre lo que yo significaba en mi trabajo político”.

La segunda consiste en que se sepa la verdad sobre las razones de su secuestro y el de otros congresistas: “Esta es la oportunidad para que la guerrilla nos cuente las razones que tuvo para retener a tres parlamentarios en ejercicio del departamento del Huila, todos del partido Liberal (…) Tenemos derecho a tener inquietudes: ¿Fue solamente de ellos (las Farc) la iniciativa? ¿Hubo intereses distintos a los de ellos? ¿Hubo terceros? ¿Hubo determinadores distintos? Nosotros queremos saber”.

Adicionalmente, declaró que el secuestro de los tres congresistas del Huila (ella, Jorge Eduardo Géchem y Orlando Beltrán) lesionó el proyecto del Partido Liberal en ese departamento: “Nosotros encontramos al regreso (del secuestro) unos equipos políticos (que eran) victoriosos, mayoritarios, vueltos nada, acabados. La gente de liderazgo en nuestros equipos (quedó) organizada en otros movimientos políticos. Por eso tenemos la duda de qué pasó y qué movió a la guerrilla para cometer este secuestro de los tres”.

“El secuestro me hacía sentir en los peores campos de concentración”

Fue secuestrado el 20 de febrero de 2002, cuando ejercía como Senador. Guerrilleros de las Farc tomaron el control de una aeronave que cubría el vuelo Neiva – Bogotá, en la que Géchem se transportaba, y la hicieron aterrizar entre los municipios de Hobo y Gigante, en Huila. El hecho ocasionó la cancelación de los diálogos de paz entre esa guerrilla y el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002). Fue dejado en libertad el 27 de febrero de 2008 a raíz de su delicado estado de salud y entregado a una misión humanitaria integrada por la entonces senadora Piedad Córdoba.

En su relato les pidió a los magistrados que entiendan el secuestro como un crimen de lesa humanidad: “Es un crimen execrable con el que se vulnera la dignidad humana, con el que se produce a la víctima dolor, crueldad, sangre, angustia, temor, incertidumbre, deterioro de la salud, desvinculación con la familia, seres queridos y amigos. Por tal razón, se debe entender como un crimen de lesa humanidad, solicitud que hago en esta ocasión a la honorable corte de la JEP”.

“A pesar de haber sido víctima de secuestro por parte de las Farc, no dudé en respaldar la inquebrantable voluntad de paz del presidente (Juan Manuel) Santos, inspirada en los principios del acuerdo: verdad, justicia, reparación y no repetición, que dieron origen a la posterior creación de este respetable organismo de la JEP, al que hoy acudo con confianza porque sé lo que representa, la alta calidad de sus integrantes y el cumplimiento con responsabilidad de los objetivos trazados. Por eso, aprobé la creación, en ese entonces, de la ley estatutaria de la JEP, respaldé el proceso de paz (teniendo) como argumento principal la no repetición, aspirando a que ningún otro colombiano le suceda lo que a mí y a otros compatriotas nos ha ocurrido: un secuestro cruel y tortuoso”, expresó.

En cuanto al principio de verdad, pidió que se esclarezca por qué se golpeó a su corriente política: “La Farc tendrá que decir, y es mi emplazamiento, aparte de las generales, las razones puntuales que los llevaron a que en el departamento del Huila los tres únicos parlamentarios liberales de la región fuimos víctimas del secuestro por parte del Secretariado. ¿Qué factores y qué personas auspiciaron este cruel hecho? Al igual que el exterminio de los miembros de la familia Turbay en Caquetá, así como de tantos otros secuestrados en Huila y en el país”.

También hizo hincapié en ese punto, rememorando la época de cautiverio: “La falta a la verdad entorpeció que se hubiera llevado a cabo la posibilidad de avanzar en un acuerdo humanitario en el gobierno del presidente (Álvaro) Uribe (2002-2006/2006-2010). Pedían despejar Pradera y Florida, en Valle (del Cauca). Uribe se negó por el pésimo balance del Caguán, no despejaría porque no cumplirían. Razón tenía el presidente Álvaro Uribe con ese argumento. En aquella época, agosto de 2003, fue cuando nos visitó a los secuestrados alias el ‘Mono Jojoy’ con el periodista Jorge Enrique Botero para (obtener) pruebas de supervivencia. Nos dijo con claridad ‘Jojoy’, que así el presidente Uribe despejara los dos municipios en mención, no habría acuerdo humanitario. Esperamos que ahora sí digan la verdad”.

Durante su intervención, el Senador anexó abundante material documental sobre su secuestro e historias clínicas sobre las afectaciones de salud que le produjo a él y a su familia.

“Estas indemnizaciones por salud, por pérdida de años de vida de toda una familia, por pérdida laboral y de proyección, sí las voy a reclamar. Y dejo esta solicitud con base en la ley vigente, aclarando que anexo también la historia clínica de mi madre y el acta de defunción por afecciones cardiacas que nunca había sufrido, atribuidas al secuestro. Por este hecho no reclamo ninguna indemnización, ella no tiene ningún precio. Y por este grave suceso no perdono a las Farc”, dijo con tono enérgico.

Sobre el dolor que lo embargó durante el cautiverio, señaló: “En mi secuestro, cada momento que las Farc propiciaba asesinatos a colombianos inermes y de bien, reaccionaba en mi interior y exclamaba con desesperación: ¡En manos de quién estamos secuestrados! Y me respondía solo: ‘de unos asesinos’. Obviamente, la angustia y el temor me embargaban inmensamente. Todos estos hechos atroces, más el propio viacrucis de mi secuestro, me hacían sentirme en los peores campos de concentración, recordando la Segunda Guerra Mundial”.

Durante su relato, el Senador no pudo contener las lágrimas mientras leía los testimonios que sus hijos prepararon para la JEP, que incluyeron información sobre sus sueños incumplidos, las dificultades que tuvieron que sortear para acceder a la educación superior y las dificultades que atravesó el más pequeño de la casa. “Son hechos que también lastiman el alma a través del entorno familiar”, dijo entre sollozos.

También le dedicó un espacio al daño político que, a su juicio, las Farc causaron con su secuestro y el de sus compañeros de bancada en el Congreso: “Teníamos una representación política en las regiones. Con la doctora Consuelito González dirigimos un sector importante de la política liberal del departamento de Huila, un sector de mayorías; el doctor Orlando Beltrán dirigía el otro sector liberal importante en el departamento. Él llevaba la vocería en la Cámara, Consuelo González llevaba la vocería en la Cámara y yo en ese equipo con Consuelo llevaba la vocería en el Senado. Al orientar las mayorías en el departamento de Huila estos tres parlamentarios, también se lastimó y lesionó (con el secuestro) las amplias comunidades que representábamos. Muchos proyectos se quedaron en el vacío y, obviamente, muchos liderazgos que estábamos proyectando no tuvieron la posibilidad de sobresalir y de tener los mismos espacios que nosotros hubiéramos podido brindar”, explicó.

Finalmente, concluyó que con el secuestro “hay perjuicios a la víctima, a la familia, a los amigos, a las comunidades del departamento del Huila y del sur colombiano. Por eso reclamamos e insistimos, con todo el respeto, que pueda ser considerado este delito como de lesa humanidad”.

Orlando Beltrán da su testimonio sobre el secuestro del que fue víctima por parte de las Farc

“El Estado nunca nos prestó seguridad”

Fue secuestrado el 21 de agosto de 2001 en el Huila, cuando fungía como Representante a la Cámara por ese departamento. Fue liberado en febrero de 2008 junto a los también congresistas Gloria Polanco, Luis Eladio Pérez y Jorge Géchem, gracias a las gestiones del entonces presidente Hugo Chávez y de la senadora Piedad Córdoba.

Contó que, aunque el comando guerrillero que lo retuvo le dijo que “era para dialogar sobre un proyecto de ley del que había sido ponente y que beneficiaba a los campesinos de Colombia”, posteriormente el comandante de las Farc conocido como ‘Mono Jojoy’ le informó personalmente que se trataba de un secuestro político con intenciones de canje. Más tarde, según relató, “me notificaron que iba a recibir el mismo trato que el Estado colombiano le estaba dando a los guerrilleros en las cárceles del país”.

Como otros secuestrados, cuestionó las decisiones que tomó el entonces presidente de la República, Andrés Pastrana: “Lo más triste de todo es que el Estado colombiano había sido advertido meses antes por todos los medios de comunicación, yo mismo escuché al ‘Mono Jojoy’ (diciendo que) iba a implementar la política de retener a las personalidades en Colombia. El Estado sabía, la policía sabía, los organismos de inteligencia sabían, y nunca nos prestaron seguridad. Esa es una realidad que nadie puede desconocer”.

Igualmente, criticó a la entonces guerrilla de las Farc por el trato que les brindó a los secuestrados: “A través de la retención empiezo a darme cuenta de que aquel movimiento político – militar que vendía la idea de que reivindicaba a los sectores sociales y pobres del país, que tenía como bandera una revolución y transformar la sociedad colombiana, lo que estaba haciendo era típico de la delincuencia, del más horrible criminal (…) Esa era la política que ellos habían trazado. Todo el concepto de un movimiento revolucionario se empieza a derrumbar”.

Frente a los máximos responsables de su secuestro, refirió: “El señor ‘(Martín) Sombra’ tenía el deber, por así decirlo, de intimidar permanentemente a los prisioneros y manifestaba que estaba cumpliendo órdenes de la dirección nacional: de ‘Manuel Marulanda’, del ‘Mono Jojoy’ y de toda la cúpula. Fundamentalmente, quien nos visitaba para las tales pruebas de supervivencia era el ‘Mono Jojoy’, con un mando militar absoluto y tenebroso que toda la guerrilla le guardaba (…) Estuvo también el hermano del ‘Mono Jojoy’, un tal ‘Grannobles’, que duró un tiempo como carcelero y decía que estaba pagando una sanción que le habían puesto las Farc por haber matado unos ciudadanos norteamericanos sin permiso de la dirección”.

Beltrán también aseguró que durante su secuestro pudo constatar la comisión de reclutamientos forzados y abusos sexuales contra menores combatientes en las filas de las Farc. Al respecto, declaró: “Lo más triste es cuando sigue uno dándose cuenta de que las niñas no eran tan eficientes en el combate, porque una niña qué puede combatir a los diez años, pero sí eran el instrumento utilizado para satisfacer sexualmente a toda la guerillerada. Qué tristeza y qué dolor ver a las hijas de los campesinos allá metidas, cumpliendo esa función”.

Sobre sus expectativas frente a la justicia transicional, pidió conocer la verdad sobre la posible participación de terceros en su secuestro: “Ellos (los guerrilleros) me dijeron algo que todavía no puedo olvidar: que además de la política y las órdenes de la dirección de las Farc, también tenían contacto con políticos en las diferentes regiones y que estos políticos estuvieron de acuerdo para que secuestraran a determinadas personas. Y aquí me queda un gran vacío: como que de 10 parlamentarios que secuestraron en Colombia, cuatro (sic) fueron del departamento del Huila, todos del partido Liberal”. Igualmente, aseguró que su secuestro y el de sus compañeros permitió el ascenso de otras fuerzas políticas en el departamento.

Beltrán también pidió que los excombatientes informen sobre el paradero de personas desaparecidas en el Huila.

Finalmente, expresó frente a la reparación: “En efecto de darle cumplimiento a los acuerdos (de paz), (pido) que (a los excomandantes de las Farc) se les aplique la máxima pena que se pueda por parte de la Jurisdicción. Y en una pena restaurativa, que los obliguen fundamentalmente a restaurar el bosque, que por lo menos planten más de 500 mil árboles, porque también conozco la tragedia ambiental que le están causando al país con los cultivos de coca. Ellos son los responsables, manejan ese negocio y tienen que contribuirle al país a reparar el bosque”.

Clara Rojas en la JEP

“Nada, nada justifica secuestrar y retener ilegalmente a ninguna persona”

Fue plagiada el 22 de febrero de 2002 junto con la entonces candidata presidencial del partido Oxígeno Verde, Íngrid Betancourt, cuando se dirigían por carretera a San Vicente del Caguán tras el fin de los diálogos de paz que adelantó el presidente Andrés Pastrana (1998-2002) con la extinta guerrilla de las Farc.

Rojas estuvo en cautiverio durante casi seis años y en las selvas colombianas, sorteando toda clase de obstáculos, dio a luz a su hijo Emmanuel. Fue liberada el 10 de enero de 2008 junto con Consuelo González de Perdomo, cuando el grupo guerrillero se las entregó a una delegación humanitaria conformada por el Comité Internacional de la Cruz Roja y el gobierno de Venezuela.

Las primeras palabras de Rojas fueron de agradecimiento a los funcionarios de la JEP por estar al frente de la tarea de establecer verdad e impartir justicia que permitan construir paz y reconciliación. Y antes de iniciar su relato pidió un minuto de silencio para las víctimas de secuestro, extorsión y desaparición forzada, y especialmente para su madre, quien falleció hace dos años.

Acto seguido, retomó la palabra hablando de perdón: “Quiero manifestar nuevamente, que soy una persona que ha perdonado desde hace muchos años los vejámenes y las situaciones traumáticas que me tocó padecer. Este perdón me ha permitido limpiar mis emociones, afrontar, superar y trascender la amargura, el dolor y la nostalgia, la tristeza, la rabia, la agonía, el rechazo, la desazón, el aturdimiento, la melancolía, el reclamo, el temor y cualquier otro sentimiento adverso y oscuro en contra de las personas que se permitieron secuestrarme junto con mi hijo. También he hecho el esfuerzo de perdonar a personas que también me causaron inmenso dolor y daño, incluso algunos compañeros de infortunio”.

Su narración continuó y a diferencia de sus compañeros de cautiverio que también recibieron el rótulo de “canjeables” por parte de las Farc, Rojas prefirió no contar los crudos detalles de su cautiverio y rememorar el tortuoso día a día que padeció en las selvas bajo el yugo de ese grupo guerrillero.

“Me ha costado mucho llegar a este estrado para presentarme aquí, pues sentía que podría implicar una nueva revictimización. Que después de haber pasado más de diez años para recobrar mi libertad emocional y la resignificación de mi vida y de mí misma como ser humano, como mujer, como madre, pues me resultaba como dar marcha atrás. Con todo, quiero mencionar que atrás quedaron además de las cadenas físicas, los grilletes agrestes de una selva inhóspita de la cual no pude salir sino con ayuda externa. Atrás quedaron las cadenas emocionales que me ligaron con ese pasado oscuro que quisiera no tener que recordar, pero me hago presente porque lo que no quiero es que el secuestro le vuelva a ocurrir a ninguna persona en Colombia ni en ninguna parte del mundo”.

Muy amablemente, les pidió a los magistrados que consulten los tres libros que ha escrito con el corazón y el alma sobre su experiencia en cautiverio, y señaló que teniendo en cuenta el objeto de la justicia restaurativa y la memoria histórica, daría datos generales y de contexto porque prefería dar su “testimonio de vida, de sobrevivencia, de liderazgo, de valor, de coraje, de empeño, de fe, de perseverancia, de resiliencia, de ponderación, y por qué no decirlo, de luz en medio de tanta oscuridad; incluso de sabiduría para sobrevivir y haber sobrellevado por tantos años un dolor inmenso y una agonía inerrable e indescriptible”.

Por eso, reiteró, “tampoco quiero volver sobre recuerdos, anécdotas, experiencias, detalles que me resultan totalmente dolorosos y humillantes, incluso deshumanizantes y ciertamente patéticos, pues para mí hoy no tienen ningún sentido. Me niego a verme abocada a hacerme ese daño, intentando recordar cosas que están en el ayer, perdiendo el hoy y quizás el mañana que aún nos resta por vivir”.

Sobre su secuestro, indicó que obedeció a la declaración que realizó alias ‘El Mono Jojoy’, en la que estableció como blanco a políticos y personas con patrimonios superiores a mil millones de pesos. Como lo hizo Ingrid Betancourt días atrás, dijo que la campaña presidencial decidió viajar a San Vicente del Caguán tras la ruptura de los diálogos de paz porque el alcalde de ese municipio, quien era militante de Oxígeno Verde, pidió “que la candidata hiciera presencia en ese sitio en aras de proteger a la población civil”.

Corroboró que, al llegar al aeropuerto de Florencia, Caquetá, les ofrecieron cinco cupos en un helicóptero para viajar hasta San Vicente del Caguán, pero que luego les cancelaron ese ofrecimiento y que también les retiraron sus escoltas. Horas después les suministraron una camioneta sin conductor y sin gasolina, que fue adecuada con banderas blancas y pancartas, en las que salieron de Florencia. Y a las afueras se encontraron un retén militar que les autorizó el paso, bajo su propia responsabilidad.

Sobre esa sucesión de hechos, Rojas tiene varias preguntas: ¿por qué no tuvieron escoltas ni transporte seguro para garantizar el desplazamiento de la comitiva de la campaña presidencial?, ¿por qué dejaron pasar un vehículo oficial con una candidata presidencial abordo, con un personal civil?, “¿por qué dejaron pasar ese carro a una zona de alto riesgo? Sólo ellos conocían la situación real del camino”.

Además, contó que, ya en libertad, el abogado Ramiro Bejarano le comentó que había pedido el libro minuta que supuestamente le habían hecho firmar a Ingrid Betancourt en el retén militar y que allí encontró su firma. Ese hecho es distinto a lo contado por la excandidata presidencial, quien ha reiterado que no firmó ningún documento en el retén haciéndose responsable de la suerte de su delegación. “Sería ideal que se indague por esas situaciones: por la escolta asignada a la candidata, por qué asignaron una camioneta en ese momento sin ningún nivel de seguridad y por el libro de la minuta, porque realmente nos quitaron la seguridad y nos dejaron entrar a una zona roja. Repito: todos éramos civiles e íbamos desarmados”.

Sin dar detalles del secuestro, indicó que le interrumpió de manera abrupta e intempestiva su proyecto de vida: “Ni qué decir del tema de mi hijo que nació secuestrado en las selvas, ni qué decir de mi familia que quedó sin noticias por seis años, en especial a mi señora madre, a quién le decían que estaba muerta”.

Y amplió su relato sobre el nacimiento de su hijo: “Sí quiero rescatar y reconocer, porque es parte de este proceso reconciliatorio, que además de la bendición de Dios, gracias algunos hombres y mujeres, que en aquella época aun siendo parte de esa guerrilla, me prestaron su atención durante el parto de mi hijo y los primeros 40 días de nacimiento. Y algunas semanas después durante esas extenuantes caminatas entre las selvas, sin los cuidados que nos prodigaron tanto a mí como a mi pequeño hijo, resulta apenas obvio que hubiésemos padecido. No nos dejaron a nuestra suerte y tuvieron ese rasgo de humanidad que quiero registrar ante ustedes (magistrados)”.

Contó que con engaños las Farc le quitaron a su hijo para que le trataran la leishmaniasis que lo afectaba y le dijeron que en 15 días lo volvería a ver. Sin embargo, el niño fue entregado a un campesino, a quien el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar se lo quitó cuando lo llevó meses después a un centro de salud en San José del Guaviare, porque “estaba al borde de la inanición, con quemaduras y la fractura brazo consecuencia del difícil parto que nos tocó afrontar”.

A partir de ese punto, Rojas habló con detalles de las duras experiencias que tuvo que afrontar tras recobrar la libertad, como la recuperación física de ella y de su hijo, las deudas que tuvo que sortear, las agresiones y cuestionamientos que recibió por parte de la sociedad, y la violación de los derechos de Emmanuel por parte de algunos medios de comunicación y de un cineasta español que realizó una película.

“Ambos hemos sido objeto de matoneo, aunque esta no es la palabra correcta, tampoco es bullying. Sería como un maltrato. En mi caso, en redes sociales, pero también personas inescrupulosas. Nos hemos armado de mucho coraje ambos para superar todo esto. De esos ataques en las redes puse la denuncia ante la Fiscalía y, posteriormente, me llegó un oficio anunciando el archivo del tema”, contó con indignación.

Sobre la película, señaló que buscó a la justicia, pero le negaron su tutela por presión mediática y que el tribunal esgrimió el argumento de la censura para no vetar su proyección. Y otras instancias del Estado le dieron la espalda: “El ministro de Justicia, Juan Carlos Esguerra, me recibió muy amablemente en su despacho; pocos meses no sólo había renunciado, sino que su propia oficina de abogados resultó siendo la contraparte, defendiendo a los productores españoles. Como no eran los hijos de él, al parecer no le importó. Una falta de ética profesional. Se le olvidó que tanto mi hijo como yo habíamos sido víctimas directas del conflicto y que, personalmente, había dio a exponerle el tema, mi preocupación como madre”. Y sobre la ministra de Cultura, Mariana Garcés, indicó que la atendió amablemente, pero que “resultó dándoles la autorización para sacar una película novedosa con la historia y la imagen representada de mi bebé”.

Finalmente, reiteró “su agradecimiento a los magistrados y todos funcionarios de la JEP que los están escuchando, por el trabajo que hacen en la búsqueda de impartir justicia, reconocer la verdad y determinar las responsabilidades que conllevan los hechos que se ventilen en esta jurisdicción, y el trabajo que realizan para la construcción de la paz y la reconciliación en Colombia”.

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Familiares de víctimas piden proteger sitios donde se presume hay cuerpos de desaparecidos https://verdadabierta.com/familiares-de-victimas-piden-proteger-sitios-donde-se-presume-hay-cuerpos-de-desaparecidos/ https://verdadabierta.com/familiares-de-victimas-piden-proteger-sitios-donde-se-presume-hay-cuerpos-de-desaparecidos/#comments Thu, 30 Aug 2018 20:20:47 +0000 https://verdadabierta.com/?p=18285 La solicitud fue presentada ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) con ocasión de la conmemoración del Día Internacional de las Víctimas de la Desaparición Forzada, declarado por la ONU en 2011. Se trata de áreas en cinco departamentos. El propósito es que sean protegidos y preservados para adelantar allí futuras exhumaciones.

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La solicitud fue presentada ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) con ocasión de la conmemoración del Día Internacional de las Víctimas de la Desaparición Forzada, declarado por la ONU en 2011. Se trata de áreas en cinco departamentos. El propósito es que sean protegidos y preservados para adelantar allí futuras exhumaciones.

“Esta acción se interpone tomando en cuenta su relevancia para garantizar el derecho de las víctimas a la verdad y la reparación integral, particularmente el derecho a la búsqueda, localización y exhumación de sus seres queridos”, se lee en la carta enviada esta mañana a la presidenta de la JEP, Patricia Linares, y a Pilar Bahamon, secretaria ejecutiva de esta entidad, creada bajo los acuerdos del gobierno nacional con la extinta guerrilla de las Farc.

La solicitud fue presentada por familiares de personas dadas por desaparecidas y representantes del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), quienes apelaron a normas vigentes para pedir la “adopción de medidas cautelares anticipadas sobre 16 lugares del territorio nacional, en los cuáles se presume existen personas inhumadas dadas por desaparecidas en el marco y con ocasión del conflicto”.

De acuerdo con los solicitantes, las medidas cautelares sobre las cuales piden protección están ubicadas en los departamentos de Antioquia, Caldas, Cesar, Santander y Sucre. El problema, según ellos, va más allá del deterioro normal del terreno donde fueron inhumados, legal o ilegalmente, los cuerpos de las víctimas.

“Además del riesgo de eliminación de cualquier indicio o prueba que pueden realizar presuntos vinculados a procesos de investigación y juzgamiento, como agentes del Estado e integrantes de los grupos armados ilegales, se enfrenta la priorización de grandes proyectos minero-energéticos, obras de infraestructura o alteración de cementerios en gran parte del territorio nacional, procesos que podrían dificultar su búsqueda o posible exhumación y terminar nuevamente desapareciendo a las personas desaparecidas”, considera el Movice, que agrupa a más de 200 organizaciones de víctimas y que durante varios años ha insistido en el tema.

La crudeza del conflicto armado en el país apeló a la desaparición forzada como mecanismo de afectación al “enemigo”, siendo aplicado por todos los grupos armados en contienda -guerrillas, paramilitares y agentes del Estado-. La dimensión del problema no ha sido cuantificada con precisión.

En la solicitud de medidas cautelares enviada a la JEP se registra la variación de las cifras, que irían de 27.196 y 86.000 personas, según la fuente que se consulte. Asimismo, se consignan datos de la Dirección de Fiscalía Nacional Especializada de Justicia Transicional que, a través del el Grupo de Búsqueda, Identificación y Entrega de Personas Desaparecidas, ha realizado alrededor de 9 mil exhumaciones de restos humanos de personas dadas por desaparecidas, 7.056 de ellas en fosas comunes y 1.934 en trece cementerios intervenidos en el llamado Plan Cementerios.

No obstante, en la solicitud de medidas cautelares a la JEP se consignaron varios cuestionamientos contra el Estado, entre ellos que “persiste una política de negación del fenómeno, que se constata con la abrumadora impunidad y la poca voluntad de investigar el delito por parte de la Fiscalía General de la Nación”.

Pese a que la Fiscalía ha registrado en diversos documentos que cuenta con planes de búsqueda de personas desaparecidas, las personas firmantes de la misiva a la JEP y el Movice consideran que el ente acusador carece de “una estrategia local efectiva que permita esclarecer el paradero de los desaparecidos”.

A juicio de los firmantes, “la deficiencia de los mecanismos judiciales de control, la falta de registros confiables, así como la incompleta información del Ministerio de Defensa Nacional, han dificultado notablemente la determinación del número de personas reportadas como muertas en combate y enterradas en varios cementerios municipales del país”.

El acuerdo de paz firmado con las Farc el 24 de noviembre de 2016 en Bogotá estableció la creación de la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) en el Marco del Conflicto Armado, la cual se concretó mediante el Decreto 589 del 5 de abril de 2017. Actualmente está bajo la dirección de Luz Marina Monzón Cifuentes. No obstante, ha tenido múltiples inconvenientes para adelantar sus labores, entre ellas la falta de recursos económicos para adelantar una tarea que reclaman con urgencia las víctimas y una base normativa para su funcionamiento. (Leer más en: “Para encontrar a los desaparecidos es necesaria la participación de las víctimas”)

A las preocupaciones en la demora de la puesta en marcha de esta Unidad se sumó el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). “La sociedad en su conjunto, y especialmente el nuevo gobierno, debe hacer un esfuerzo por priorizar la búsqueda de personas desaparecidas y garantizar que se hace todo lo posible para que los familiares tengan respuestas”, afirmó Christoph Harnisch, jefe de la Delegación en Colombia a través de un comunicado de prensa divulgado ayer.

“La creación de la UBPD y la ratificación por parte de la Corte Constitucional de su carácter extrajudicial y humanitario son en sí mismas pasos positivos”, indicó Harnisch. “Sin embargo, esperábamos que los avances fueran mucho más rápidos. Más allá de los trámites administrativos, hace falta voluntad política. Lo que las familias necesitan son respuestas y, hasta ahora, no las tienen”.

Por tales razones, los firmanes de la solicitud de medidas a la JEP pidieron, además de decretar medidas cautelares sobre los lugares donde posiblemente haya restos de víctima de desaparición forzada, implementar tres acciones fundamentales: realizar las gestiones necesarias para que se suspendan los procesos de explotación minero energéticas y otras que pone en riesgo la conservación de los restos de las personas dadas por desaparecidas; adoptar las medidas necesarias para que se protejan los cementerios municipales y se promueva la protección adecuada de los restos humanos no identificados depositados en tales lugares; y ordenar de manera inmediata a todas las autoridades departamentales y municipales correspondientes que permitan desarrollar el mandato de la UBPD.

El Movice expresó su preocupación por los sitios que se relacionan a continuación, varios de los cuales, según este colectivo de defensores de derechos humanos, “son de amplio conocimiento por parte de las autoridades que hasta el momento no han desarrollado las acciones pertinentes”.

Haga clic en cada uno de los recuadros para desplegar la información correspondiente.

Hidroituango

Sobre este caso, el informe consigna que “el Movimiento Ríos Vivos Antioquia está conformado por asociaciones de barequeros, pescadores, agricultores, arrieros, mujeres y jóvenes que habitan en el Cañón del río Cauca y sus zonas aledañas, en comunidades afectadas por el megaproyecto hidroeléctrico Hidroituango.

Desde el año 2009 cuando se gestaba el movimiento, las comunidades identificaron que uno de los impactos de la mega obra era la afectación de sitios de enterramiento, fosas comunes, cementerios veredales e informales, iconos religiosos referentes de los sitios de los últimos lugares en donde se vio a los seres queridos o en donde fueron asesinados, lugares de duelo y memoria como los puentes Pescadero (entre Ituango y Toledo), La Garrucha (Entre Sabanalarga y Peque) y Puente Viejo (en Puerto Valdivia) que cruzan el río Cauca en donde ocurrieron masacres y han sido sitios recurrentes de sacrificio de personas arrojadas al río.

La misma Fiscalía General de la Nación ha reconocido la gravedad de las personas dadas por desaparecidas en esta región, por ello en el año 2015 el entonces director de Exhumaciones de la Unidad de Justicia Transicional informó que “se tienen numerosas denuncias que sostienen que, a orillas del río Cauca, los paramilitares enterraron a centenares de víctimas. Ahora, antes de que esa área quede bajo las aguas por la construcción de la hidroeléctrica, el tiempo apremia” . Por tal razón habían decidido priorizar las exhumaciones en la zona donde se adelanta el megaproyecto de Hidroituango. Sin embargo, se adelantó un proceso sin participación de los familiares y las organizaciones y la fecha no se cuenta con un plan de búsqueda para las víctimas en esta zona afectada por el megaproyecto.

En enero de 2018, Ríos Vivos convocó la misión no gubernamental “Observación y verificación sobre las condiciones de búsqueda de personas desaparecidas y preservación de las zonas donde se presumen están inhumados los cuerpos sin identificar a lo largo del cauce del cañón del río Cauca, Antioquia, Colombia” , que recorrió parte del territorio y confirmó, entre otros aspectos que: “Los testimonios dan cuenta de la existencia de sitios de inhumación de personas sin identificar, víctimas de desaparición forzada, en la ribera del río Cauca. Los cuerpos fueron inhumados por personas de la comunidad, atendiendo a sus convicciones éticas y espirituales.” Además que “siguen llegando por el río cuerpos producto de muertes violentas; que subsisten las amenazas e intimidación a los pobladores que se animan a denunciar o colaborar con la visibilización de esta situación y que subsiste la presencia de paramilitares en la zona.”

En los municipios de estudio, la UARIV reporta 629 casos (1985-2016) de desaparición forzada, aunque sólo a la estructura paramilitar Bloque Mineros se le imputa 1.150 desapariciones en la zona Norte y Bajo Cauca, donde tuvo influencia, lo que evidencia el subregistro por la falta de investigación y seguimiento de los casos. Las comunidades han denunciado estos hechos y los integrantes de los grupos paramilitares lo confirmaron durante las audiencias de versión libre en el marco del proceso de Justicia y Paz, sosteniendo que en ocasiones miembros de la fuerza pública les solicitaron disminuir el número de asesinatos y para ello emplearon la desaparición forzada .

Muchos cuerpos han sido encontrados en la zona de influencia del megaproyecto: en 2011 en el municipio de Toledo 10 cadáveres fueron encontrados mientras se iniciaba la construcción de un campamento de la obra, en 2013 cinco cadáveres de la masacre en Oro Bajo ocurrida en 1998 en un corregimiento que quedará bajo el agua fueron exhumados y en noviembre de 2014 la Fiscalía halla siete cadáveres más en las riberas del río Cauca en jurisdicción del municipio de Sabanalarga. La Fiscalía reporta la exhumación de 159 cuerpos esqueletizados, labores que se realizaron en el marco de la Jurisdicción de Justicia y Paz, de los cuales se han identificado y entregado a sus familias alrededor de 50.

En 2013, Empresas Públicas de Medellín y la Fiscalía General de la Nación celebraron un contrato para el proceso de localización de posibles lugares de inhumación; la firma SOCYA fue la encargada de realizar dicho trabajo que fue entregado posteriormente a la Fiscalía, para que esta adelantará su labor. Esta empresa es el operador social del proyecto, privatizando una labor que es de competencia de las entidades oficiales y que tenía como propósito legitimar el desarrollo de la obra por encima de las exigencias de las víctimas. Una irregularidad más de otras tanto que se han evidenciado en los últimos meses, que se suma el hecho de que se realizó sin un plan de búsqueda y sin la participación efectiva de las víctimas y sus organizaciones”.

Comuna 13 de Medellín

Sobre ese sector de la capital antioqueña, el Movice indica que “ha sido escenario de graves violaciones a los derechos humanos cometidos contra su población en el marco y en razón del conflicto armado. Durante el año 2002 se realizaron en esa Comuna al menos 19 operaciones militares cerrando con la Operación Orión que inició el 16 de octubre y se prolongó por varios meses. Dichos operativos contaron con el apoyo y participación del Bloque paramilitar Cacique Nutibara de las AUC.

La consolidación paramilitar en la comuna se realizó con el apoyo y connivencia de la fuerza pública, como ha sido reconocido por el propio jefe paramilitar Diego Fernando Murillo Bejarano —alias don Berna— quien reconoció los múltiples crímenes que se cometieron contra la población civil, particularmente la desaparición forzada de personas, constituyéndose en un caso dolorosamente emblemático del país . A la fecha, las organizaciones que hacen parte del Movice Antioquia han documentado cerca de 200 casos de personas dadas por desaparecidas, sin embargo, la falta de investigación no permite tener certeza sobre el número de víctimas.

Desde el año 2002 comenzaron las denuncias sobre casos de desaparición forzada y se dio a conocer a las autoridades competentes que muchas de las víctimas estaban siendo asesinadas e inhumadas clandestinamente en diversos lugares de la comuna, entre ellas algunas escombreras activas en la zona, una arenera y otros sectores de la montaña. Pese a ello, a la fecha no se ha logrado que exista un plan de búsqueda que permita avanzar en la búsqueda, localización y exhumación de las posibles víctimas.

En el 2003, en la vereda La Loma, sector rural circundante a la Comuna 13, integrantes del Batallón Pedro Nel Ospina hallaron dos fosas con 13 cadáveres de víctimas reportadas meses antes como desaparecidos. En su momento las autoridades civiles manifiestan tener un reporte parcial de aproximadamente 65 personas desaparecidas en este sector de la ciudad. Además, en otros lugares cercanos también han sido encontrados restos esqueletizados de posibles víctimas que aún no han sido identificadas.

Diego Fernando Murillo Bejarano sostuvo en las audiencias de Justicia y Paz que sus subalternos le han informado sobre la existencia de once fosas en las cuales, le manifiestan, pueden estar sepultadas trescientas personas.

Por su parte, Juan Carlos Villa Saldarriaga —ex integrante paramilitar y hoy privado de la libertad en la cárcel La Picota— en entrevista realizada el día 27 de abril de 2010, refiere a la manera como inhumaron varios cadáveres en la Escombrera localizada en el Barrio San Javier de la Comuna Trece, afirma que “se ponía a escarbar un poquito la pala, el brazo de la retro, por ahí un metro de profundidad (…) se tiraba el cuerpo, y después con la pala de la misma retro, se volvía a tapar (…) No están desmembrados, estaban enteros. No estoy seguro si hay fosas en donde haya más de dos personas, pero las puede haber”.

Esta misma persona, en inspección judicial realizada el 31 de agosto de 2014 en el sector de La Arenera señaló tres sitios (dos en la Arenera y uno en la Escombrera Agregados San Javier) donde dice se encuentran inhumadas alrededor de 50 víctimas. Estos lugares fueron señalados por la Fiscalía General de la Nación como polígonos uno, dos y tres. En el primero de ellos se realizaron excavaciones con fines judiciales entre el 4 de agosto y el 15 de diciembre de 2015, sin ningún hallazgo.

A la fecha no se ha avanzado en la búsqueda en ninguno de los sectores de La Arenera, ni de la Escombrera, afectando la salud física y emocional de los familiares de las víctimas, especialmente de las mujeres y desconociendo sus derechos a la búsqueda, localización, exhumación y entrega de sus seres queridos.

El sitio denominado como La Escombrera es un lugar ubicado en un amplio corredor montañoso que va desde el barrio El Salado de la Comuna 13 – San Javier hasta los límites con el corregimiento San Cristóbal, un área de aproximadamente 15 hectáreas, el cual, a partir de un estudio interno de Empresas Varias de Medellín – EEVV, realizado en 1999, inicia como un botadero de almacenamiento de materiales inertes, en el marco del proyecto denominado “Manejo Integral de los Escombros de la Ciudad de Medellín”. Este amplio sector realmente incluye tres lugares diversos: 1. La escombrera El Salado, administrada por Bioparques S.A.S. que actualmente se encuentra suspendida 2. La Arenera, cantera explotada por El Cóndor S.A. empresa privada que tiene los permisos de explotación y comercialización 3. Escombrera Agregados San Javier, la cual lleva más de una década inactiva.

En diversas ocasiones las víctimas y sus organizaciones han solicitado el cierre inmediato de estos lugares, como una forma de preservar el sitio y garantizar una búsqueda que sea eficaz. Sin embargo la petición no ha sido escuchada por las autoridades administrativas y judiciales encargadas. Dicha petición sí fue respaldada por la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín, que el Auto del 4 de septiembre de 2013 señaló: “La situación de La Escombrera, donde se ocultaron y enterraron los cuerpos de centenares de desaparecidos en Medellín, como lo tiene establecido la Sala, constituye una afrenta a las víctimas y una grave violación de los compromisos y deberes del Estado, cuya aplicación e interpretación deben guiar a esta Sala. Continuar arrojando escombros sobre los desaparecidos viola el más elemental sentido de humanidad y la Alcaldía tiene la responsabilidad y los instrumentos para superar esa situación. La Sala no puede ser indiferente ante el sufrimiento de las víctimas que reclaman unas mínimas medidas de reparación. Por tanto, se exhortará al Alcalde de Medellín para adoptar y tomar las medidas y acciones que pongan fin a esa flagrante violación.”

Los mecanismos de búsqueda y protección de los desaparecidos son un compromiso internacional y un deber del Estado. Las autoridades como la Alcaldía de Medellín, la Fiscalía General de la Nación, la Procuraduría General de la Nación y la Personería Municipal de Medellín deberán implementar los mecanismos eficaces para garantizar el cumplimiento de ese deber, pues los dispuestos hasta ahora han sido ineficientes y son básicamente un registro o base de datos, pero no incluyen instrumentos efectivos de búsqueda y protección”.

Betulia

Sobre este municipio, ubicado en la región del Suroeste de Antioquia, cuenta con una población aproximada de 18 mil habitantes, el Movice reconstruye que “fue una región fuertemente azotada por la violencia derivada del conflicto armado, lo que ocasionó que cerca del 60% de su población sufriera el desplazamiento forzado, además de las demás agresiones, entre ellas las desapariciones forzadas. Los corregimientos de Altamira y Luciano Restrepo fueron las comunidades más afectadas y la población ha denunciado la existencia de sitios utilizados como zonas de enterramiento clandestino de personas víctimas de desaparición forzada. Si bien el Registro Único de Víctimas solo reconoce 38 desapariciones forzadas, los familiares señalan que fueron muchos más y que aún existe miedo de denunciar.

En el corregimiento de Altamira, la Mesa de Participación Efectiva de las Víctimas ha manifestado que en las veredas Guadual y el sitio conocido como La Lechería inhumaron clandestinamente a muchas de las víctimas. Incluso en el lugar ya han sido recuperados cuerpos por parte de la Fiscalía General de la Nación.

En el corregimiento Luciano Restrepo, los sitios mayormente utilizados fueron las veredas La Mina y la Quiebra, además del moro Cuarenta Lunas en los límites con los municipios de Urrao y Anzá”.

Puerto Berrío

Sobre este municipio antioqueño, el informe indica que “se conoce que las personas desaparecidas por los grupos armados eran arrojadas al río o enterradas en el cementerio municipal. Esto fue confirmado con declaraciones en versiones libres que dieron distintas personas desmovilizadas de los grupos paramilitares.

Según testimonios, se han dado múltiples formas de torturas, tratos crueles, inhumanos y degradantes: “Los amarraron, les vendaron los ojos, les golpearon con palos y luego los desmembraron con una motosierra para enterrarlos en una finca cercana al río”, relata Dalgy Delgado sobre la desaparición de su marido el 1 de junio de 1992. El hombre salió con otros tres compañeros en coche y nunca regresó. Semanas más tarde un lugareño de otro pueblo le contó lo sucedido: “la Policía los había detenido en un retén y los había entregado a ‘Los Galvis’, banda paramilitar que controlaba la zona” .

Se conoce que cuando los cuerpos aparecían flotando en el río, los habitantes de la zona los sacaban y los enterraban posteriormente en el cementerio, sin identificar, como forma de dignificación de su memoria, en otros casos les daban nombres para adoptarlos. Sin embargo, esta práctica solidaria de dar humanidad a las víctimas se ha convertido en un obstáculo para su identificación. El Instituto Nacional de Medicina Legal ha informado que tiene cerca de 160 registros de personas no identificadas que podrían corresponder a víctimas de personas desaparecidas forzadamente o dadas por desaparecidas en el marco y con ocasión del conflicto. No obstante, el proceso de exhumación e identificación ha sido demasiado lento y el conflicto armado sigue azotando a esta región, lo cual pone este cementerio en riesgo ante el temor de los victimarios de que se efectúen las acciones para poder realizar la debida entrega a los familiares.

Pese a que la Fiscalía General de la Nación ha hecho intervenciones, incluso ha prohibido la práctica de afectar los osarios, en realidad no se cuenta con un mecanismo efectivo y una ruta de intervención sistemática del lugar, lo que representa uno de los desafíos que deberá afrontar la UBPD. Por ello es importante que, mientras se establece dicha ruta, el lugar sea protegido para evitar que existan nuevas intervenciones o manipulación de los cuerpos esqueletizados que allí se encuentran”.

Vereda Pradera, Victoria

El informe señala que “en el municipio de Victoria, vereda Pradera, se presume que exista una fosa común donde están los restos de personas dadas por desaparecidas por grupos paramilitares en esa región .

En ese mismo municipio, en el nacimiento de la quebrada Doña Juana ya se han realizado algunas exhumaciones. No se sabe cuántos cuerpos han sido extraídos de la fosa común. Sólo se ha identificado un cuerpo.

Alberto José Ospina, coordinador de la mesa municipal de víctimas de Victoria (Caldas) y líder de la Asociación de Familias Desplazadas de La Dorada, recuerda que entre el 2000 y el 2002 se empezaron a ver casos esporádicos de cadáveres arrojados al río La Miel. “No me acuerdo el año, pero a unas niñas que trabajaban en la zona de tolerancia, supuestamente, las tiraron al río La Miel, no me acuerdo si las encontraron”.

En las sentencias de la sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Bogotá del 2014 y del 2016, a la que se acogió Ramón Isaza, se relatan los siguientes casos de cadáveres que fueron lanzados al río La Miel, que desemboca en el río Magdalena, después de recorrer los municipios Samaná, Pensilvania, Marquetalia, Manzanares, Victoria, Norcasia y La Dorada”.

Resguardo indígena de San Lorenzo, Riosucio

El Movice consigna que en “el municipio de Riosucio, Caldas, en el Resguardo Indígena de San Lorenzo se estima la presencia de 18 fosas comunes. De acuerdo con las investigaciones se tienen indicios de la posible ocurrencia de hechos violentos entre los años 1990 y 2007 .
10.5.2. En el año 2016 fueron halladas 18 fosas comunes con restos de humanos dentro del territorio de la comunidad indígena durante el estudio de caracterización de afectaciones realizado por la Unidad de Restitución de Tierras (URT).

La Fiscalía, con pruebas científicas y topografía forense, reconoció al menos 12 en sitios como Sisirra, Cerro El Tigre, Hermita, Costa Rica, La Quiebra, La Línea, Bermejal, entre otros”.

Vereda Cimitarra, Norcasia

La organización de víctimas señala que en “el municipio de Norcasia, vereda Cimitarra, se realizó la exhumación de dos cuerpos y se presume que fueron desaparecidos en el año de 1989 en medio de los combates entre el cartel de Medellín y las ACMM . Según testimonios de las víctimas y familiares, se presume que es posible que en otras veredas existan más víctimas de desaparición forzada.

“Giovanny Saldaña Escobar, 21 años, regresaba del balneario Los Barrancos en el río Doña Juana en La Dorada (Caldas), en compañía de unos amigos, momentos en los que fueron abordados por cinco hombres armados que se desplazaban en una camioneta. Saldaña Escobar trató de huir, lo alcanzaron, lo golpearon, lo subieron al carro y tomaron la vía a Norcasia o San Miguel, donde fue asesinado con arma de fuego y su cuerpo arrojado al río La Miel. Lo señalaban de ser consumidor de estupefacientes y dedicarse al hurto” .

Vereda La Cristalina, Samaná

El documento indica que “en el municipio de Samaná, Vereda La Cristalina, se han realizado exhumaciones en el año 2003, en las cuales se identificaron restos de cuatro personas dadas por desaparecidas. Por los hechos vividos en este municipio, se considera que es posible que existan más fosas comunes en esta vereda y se requiere la protección de esos lugares.

La mayoría de los casos ocurrieron entre 2000 y 2007, siendo 2002 el año con más desapariciones, cuando ocurrieron 24; que la mayor causa de desaparición sería el reclutamiento forzado de menores de edad; que tampoco se conoce el paradero de 27 jóvenes cuyas edades oscilaban entre los 18 y los 25 años .

El Magdalena Caldense, que incluye municipios como Dorada, Victoria, Norcasia y Samaná, fue un territorio de consolidación paramilitar a partir de los años 1990 y la primera década del 2000. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio tuvieron el control territorial de la Dorada, Victoria y Norcasia, y le disputaron a los frentes 9 y 47 de las FARC-EP el control del municipio de Samaná. Magdalena Caldense es la subregión más afectada del departamento de Caldas por el hecho victimizante de la Desaparición Forzada, se reportan según el Registro Único de Víctimas en total entre víctimas directas e indirectas 1.827 víctimas -Dorada 1.028, Norcasia 119, Samaná 551, Victoria 129- según testimonios de las víctimas en múltiples ejercicios de reconstrucción de memoria y como lo evidencian los reportes de hallazgo y exhumación en esta parte del territorio caldense se dispusieron múltiples lugares de enterramientos para la disposición de cuerpos de víctimas de desaparición forzada por parte de los grupos armados ilegales.

El riesgo frente al cuidado y preservación de los lugares en los cuales han sido dispuestos los cuerpos, está relacionado no solo con las intenciones de agentes del Estado e integrantes de los grupos armados para desaparecer cualquier indicio o prueba que los pudiera vincular a procesos de investigación y juzgamiento en el mediano y largo plazo, sino con la priorización de gran parte del Oriente Caldense y parte del Occidente para la ejecución de grandes proyectos hidroeléctricos y mineros, que podrían nuevamente desaparecer a los desaparecidos.

Cementerio municipal, Aguachica

El Movice señala que “se presume que el cementerio municipal de Aguachica, departamento del Cesar, es uno de los lugares donde existen personas inhumadas sin identificar, dado que los familiares y habitantes de la zona han informado en distintos ejercicios de memoria desarrollados por el MOVICE que allí se han “adoptado” algunas tumbas sin nombres.

Recientemente este sitio se encuentra en riesgo dado que el terreno del cementerio es, según un ciudadano, propiedad de él, y quiere iniciar un proceso de adjudicación del predio a su nombre, para después construir allí una edificación propia, lo cual pondría en riesgo los restos de las víctimas, e impediría su búsqueda”.

Vereda Muzanda, Lebrija

El Movice indica que en “la vereda la Muzanda, ubicada en el municipio de San Rafael de Lebrija, departamento de Santander, se presume que existen fosas comunes. Hay declaraciones de paramilitares del bloque Central Bolívar que confesaron la existencia en las audiencias de Justicia y Paz de fosas comunes en este lugar en las cuales ellos mismos enterraron a sus víctimas.

Los testimonios presentados por los victimarios como alias “Chino Niño”, “Buche Gato”, “Picúa” y “Chicala” narran donde fueron enterradas clandestinamente las personas víctimas de la masacre 16 de mayo, entre otros hechos, cometidos en Barrancabermeja.

En la vereda de la Muzanda, estos restos se encuentran en riesgo por la acidez de los suelos, la humedad, el tiempo y la presencia armada de los paramilitares que aún siguen operando en estos sitios. Además, se caracteriza por ser una zona de cultivos de palma, lo cual puede deteriorar aún más la estructura ósea de los cuerpos, afectando la posibilidad de que sean posteriormente identificados y entregados a sus familias.

Según el paramilitar “Picúa”, varias de las víctimas fueron asesinadas por él y otro paramilitar conocido como “Macarrón”, y enterradas en fosas comunes ubicadas en el corregimiento de San Rafael de Lebrija, Santander”.

Hoyo Malo, San Vicente de Chucuri

El informe consigna que en “el sitio conocido como Hoyo Malo, en el municipio de San Vicente de Chucuri, es conocido por la comunidad como una fosa común. Según se ha conocido por personas habitantes de la zona, en este sitio los grupos guerrilleros y paramilitares tienen una fosa común en la cual enterraron a sus víctimas. Los habitantes de este pueblo, en ejercicios de memoria que hemos hecho, cuentan lo aberrante que fue la actuación de los grupos armados tirando las personas a este sitio para desaparecerlas. Este sitio es de difícil acceso, conocemos la información de la mano de personas que han trabajado como rescatistas de la defensa civil y nos han llegado con esta información, aparte de la que las comunidades cuentan.

Los restos de más de 50 personas, en su mayoría campesinos, están sepultados probablemente en una enorme fosa común descubierta en la región de San Vicente de Chucurí, en el Magdalena Medio colombiano. Familiares de dos muchachos desaparecidos hace unos meses hicieron el macabro hallazgo. En una profunda hondonada, de 70 metros de diámetro y 200 de profundidad, conocida con el nombre de Hoyo Malo, encontraron los cadáveres de sus seres queridos. Al rescatarles, con la ayuda de miembros de la Defensa Civil y de la policía, comprobaron que allí se encontraban sepultadas muchas personas más. Hasta el momento se han rescatado ocho cadáveres.Tres de ellos, como afirmó Álvaro Pico, alcalde de San Vicente de Chucurí, ya fueron identificados. Eran campesinos que desaparecieron de sus casas a comienzos de este año.

A pesar de que este hallazgo fue en 1.989, aún no se han desarrollado las acciones de exhumación, identificación y entrega. Lo cual no solo pone en vilo y tortura a los familiares que continúan con la búsqueda de sus seres queridos, sino que afecta la preservación de los cuerpos esqueletizados de los desaparecidos”.

Cementerio Colombia, Cimitarra

Para la organización de víctimas, “el cementerio Colombia de Cimitarra, Santander, es otro de los lugares en los cuales se presume la existencia de personas enterradas sin identificar. Esta información se conoce, también, por las declaraciones de paramilitares que confesaron en las audiencias de Justicia y Paz. Este es uno de los lugares que hace parte del Plan Cementerios, sin embargo, según habitantes de la zona, el proceso de exhumación e identificación ha sido demasiado lento, y existe riesgo de que no se logre identificar a las personas por el deterioro propio del tiempo”.

72 cuerpos de personas desaparecidas fueron hallados en bóvedas y fosas comunes en Cimitarra, Santander. Algunos de ellos, en el cementerio de Cimitarra. Hasta la fecha no se han emprendido las acciones para iniciar el plan de exhumación e identificación”.

Cementerio del corregimiento de Rincón del Mar, San Onofre

El informe reseña que “en el proceso de Justicia y Paz varios desmovilizados afirmaron que en el cementerio del corregimiento de Rincón del Mar del municipio de San Onofre hay varios cuerpos enterrados como sin identificar. Exmiembros de los bloques de las AUC indicaron que cerca al cementerio de esa población hay enterradas varias víctimas del paramilitarismo.

“Un silencio largo parece cernirse como una nata espesa e invisible sobre las 2.860 hectáreas de El Palmar, la más grande hacienda entre el casco urbano de San Onofre y su corregimiento costero de Rincón del Mar (Sucre), convertida por los ‘paras’ en un cementerio de sus víctimas””.

Finca la Alemania

Según testimonios de víctimas de la finca la Alemania del municipio de San Onofre, recabados por el Movice, “existen cuerpos que fueron llevados allí y enterrados. Esto, fue documentado a través de la Comisión ética que tuvo acompañamiento MOVICE Sucre y de la Comisión intereclesial de Justicia y Paz.

El 24 de marzo de 2002, paramilitares asesinaron a Alejandro Barón, hijo de un socio de la Empresa Comunitaria. Un año después, el 27 de marzo de 2004 los ‘paras’ asesinaron a otro socio, Alacil Baena Mejía. Al parecer el cuerpo de Alacil también se encuentra enterrado en una de las fosas comunes que aún no se han descubierto en La Alemania.

En 2008, Rogelio Martínez, líder del MOVICE, y otras familias decidieron volver bajo su propio riesgo a la vereda La Alemania, sin embargo allí aparecieron nuevas amenazas. El 24 de diciembre de ese año, en San Onofre, Rogelio fue abordado por un desmovilizado del Bloque de los Héroes de los Montes de María, conocido como ‘El Garrapata’ o ‘El 15’, quien le dijo que estaba incomodando a los paramilitares con la información sobre las fosas comunes y el robo de tierras”.

Cementerio central, San Onofre

En testimonios de víctimas entregados a los comisionados que conformaron la comisión ética del MOVICE, indicaron que hay cuerpos en el Cementerio central de San Onofre.

Al respecto, el documento señala que “desde el año 2006, cuando comenzaron las excavaciones han sido descubiertos 149 restos de personas que habrían sido asesinadas por los paramilitares en la región de los Montes de María. Gran parte de estos cuerpos en el Cementerio Central de San Onofre donde hallaron 3 cadáveres. Sin embargo, no se continuó con el proceso de exhumación de las fosas comunes”.

Finca el Palmar, San Onofre

La organización de víctimas indica que “en la Finca el Palmar en el municipio de San Onofre, lugar del actuar del grupo paramilitar Héroes de los Montes de María se han dado exhumaciones de cuerpos. 78 fosas fueron halladas y las víctimas afirman que como es un lugar extenso hay más sitios dentro del predio por exhumar .

Los lugares antes ubicados fueron lugares donde el accionar paramilitar tuvo asentamiento desde el año 1995 hasta 2015 y obedecía a acciones de controles territoriales para el narcotráfico, salida de droga y entrada de armas.

Buena parte de las fosas comunes halladas se han dado en predios privados, los cuales en su mayoría fueron despojadas por los paramilitares y hoy en su mayoría están en manos de particulares, en proyectos de ganadería extensiva, monocultivos de palma aceitera y teca, esta última ligada al proyecto de reforestación de la multinacional Argos”.

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Organizaciones sociales nutren de información a la JEP https://verdadabierta.com/organizaciones-sociales-nutren-de-informacion-a-la-jep/ Mon, 27 Aug 2018 15:10:36 +0000 https://verdadabierta.com/?p=18235 The post Organizaciones sociales nutren de información a la JEP appeared first on VerdadAbierta.com.

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Desde abril pasado, le han remitido múltiples casos y análisis a la Jurisdicción Especial para la Paz, con el fin de iniciar el camino de la justicia, la verdad y la reparación. Los informes se nutren de hechos criminales perpetrados por guerrillas, paramilitares y agentes del Estado.

El pasado 15 de marzo la Sala de Reconocimiento de Verdad y Responsabilidad de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) abrió el plazo para que organizaciones defensoras de derechos humanos, de víctimas y étnicas presenten informes sobre presuntas violaciones a los derechos humanos cometidas durante el conflicto armado interno. El tiempo para la entrega de ese tipo de documentos se vence el 15 de marzo de 2020, pero podrá ser prorrogado hasta 2021.

Pese a que queda poco más de un año y medio, la JEP anunció que publicará un calendario que podrá contener plazos más cortos, atendiendo a su agenda de priorización de casos. Ello, teniendo en cuenta que antes de 2020 la Sala de Reconocimiento “va a llamar a versiones voluntarias, recibir los reconocimientos de responsabilidad por escrito o en audiencia pública, adoptar Resoluciones de Conclusiones, remitir casos a otras Salas y a la Unidad de Investigación y Análisis”, según consta en el documento guía para la presentación de informes dado a conocer en mayo pasado.

La entrega de informes por parte de las organizaciones sociales es una de las varias maneras de participación de las víctimas en el nuevo sistema de justicia transicional, pactado con la extinta guerrilla de las Farc. Por ley, la información contenida en esos documentos deberá ser utilizada por la Sala de Reconocimiento para contrastar la información suministrada por entidades estatales y comparecientes. Asimismo, para hacer análisis de contexto y construir patrones, seleccionar casos graves y prácticas representativas, identificar presuntos responsables y garantizar los derechos de las víctimas.

De acuerdo con el documento guía elaborado por la Sala, los informes deben contener obligatoriamente los datos de contacto de la organización, la relación de los hechos victimizantes y una mención sobre si los casos han sido o no puestos en conocimiento de alguna autoridad. Según la capacidad y la decisión de las organizaciones, pueden incluir, además, descripción de los hechos, identificación de las víctimas y los presuntos responsables, exposición de los daños causados, descripción de la metodología utilizada, datos específicos sobre los procesos judiciales o disciplinarios en curso, información sobre el estado de procesos de reparación administrativa y valoraciones jurídicas, entre otros elementos.

Desde el 20 de abril pasado, varias organizaciones de nivel regional y nacional le han entregado informes a la Sala, en solitario o en coalición, por casos de desaparición forzada, homicidio, ‘falsos positivos’ y violencia sexual, entre otros hechos victimizantes. Preparados exclusivamente para la JEP, la mayoría fueron presentados públicamente y contienen algunas de las aspiraciones de las víctimas ante el nuevo escenario.

Estos son los documentos entregados a la fecha. Haga clic en cada recuadro para desplegar su información.

El informe de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) está compuesto por seis bloques de información. El primero es una caracterización de 702 resguardos de 26 departamentos, que contiene datos relevantes sobre los aspectos geofísico, demográfico, institucional, jurídico, organizativo y de conflicto armado.

El segundo es un sistema de información sobre crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra cometidos contra pueblos indígenas entre 1958 y 2016, en las cinco macro regiones que cubre la Organización: Norte, Occidente, Centro-Oriente, Amazonía y Orinoquía. Contiene 6.931 casos con 7.543 víctimas de amenazas, atentados, asesinatos, desapariciones forzadas, masacres, accidentes con minas antipersonal, reclutamientos, secuestros y violencia sexual, siendo el mayor número registrado el de asesinatos selectivos.

De esos crímenes, de acuerdo con la ONIC, las guerrillas son responsables del 26 por ciento; los agentes del Estado, del 16 por ciento; y grupos armados sin identificar, del 30 por ciento. El 28 por ciento restante sería responsabilidad de paramilitares.

El sistema de información contiene para cada caso descripción de los hechos, lugar de ocurrencia, temporalidad, víctimas y presuntos responsables. En opinión de la Organización, “estos datos consolidados permiten identificar tendencias, patrones, continuidades y rupturas tanto temporales como espaciales sobre el accionar de los grupos armados legales e ilegales, así como vislumbrar en términos cuantitativos los impactos de los diferentes hechos violentos”.

El tercer bloque contiene los Planes de Salvaguarda de los pueblos Indígenas declarados en vía de extinción física y cultural en el Auto 004 de 2009 de la Corte Constitucional, sobre protección de derechos fundamentales de pueblos indígenas desplazados por el conflicto armado o en riesgo de desplazamiento forzado. Los planes están integrados por medidas y mecanismos para específicos proteger la vida, las culturas y los territorios de dichos pueblos.

El cuarto bloque está compuesto por las 19 medidas cautelares que, entre 1996 y 2018, les ha otorgado la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a los pueblos Embera Katío, Embera Chamí, Zenú, Kankuamo, Awá, Wayúu, Siona, Wiwa, Nasa, Wounaan, Pijao, Misak, Yanaconas, Eperara Siapidara y Totoroes, así como las dos medidas provisionales que en el mismo periodo ha otorgado la Corte Interamericana de Derechos Humanos para los pueblos Kankuamo y Zenú.

El quinto consta de los informes que desde 2012 y hasta la fecha ha publicado la ONIC sobre violaciones a derechos humanos contra pueblos indígenas, en el marco de las actividades de seguimiento al Auto 004 de 2009.

El sexto y último contiene una caracterización realizada de manera participativa con los pueblos Wipijiwi, Amorúa, Tsiripu, Eduria, Wachina, Makaguaje y Nukak Makú, que se encuentran en vía de extinción. Allí se especifica información demográfica y de condiciones de vida, así como afectaciones generadas por economías extractivas lícitas e ilícitas.

De acuerdo con la ONIC, con el informe se pretende “demostrar que en Colombia existe sistematicidad y continuidad del exterminio hacia los pueblos indígenas por parte de todos los actores del conflicto armado interno”.

El informe de la Corporación Social para la Asesoría y Capacitación Comunitaria (Cospacc) y del Comité de Solidaridad con los Presos Políticos (CSPP), que recibió el respaldo y el acompañamiento del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), se titula “Ni delincuentes, ni combatientes”. Documenta 12 casos de los llamados ‘falsos positivos’ con 21 víctimas, en los que los presuntos responsables son integrantes de la Brigada 16 del Ejército. Los hechos ocurrieron en los departamentos de Casanare y Boyacá entre 2005 y 2008.

El documento está dividido en ocho capítulos, así: caracterización regional de Casanare y los municipios boyacenses de Pisba, Paya, Pajarito y Labranzagrande; descripción de la dinámica del conflicto armado en Casanare, “desde la consolidación de los grupos insurgentes hasta el actuar de grupos paramilitares”; creación, composición y organización de la Brigada 16; descripción de los 12 casos; análisis de los casos, con identificación de patrones y modus operandi; descripción de los beneficios obtenidos por el Ejército por la comisión de ‘falsos positivos’; análisis sobre las “formas de atribución de responsabilidad en casos de ejecuciones extrajudiciales”; conclusiones; y peticiones a la Sala de Reconocimiento de Verdad y Responsabilidad de la JEP.

En el apartado de patrones, el informe identifica varios aspectos relacionados con las características de las víctimas, la planeación de los crímenes, los métodos de encubrimiento de los mismos y mecanismos para dejarlos impunes tanto en la justicia penal militar como en la justicia ordinaria. En más de la mitad de los casos, asegura el documento, participó el desaparecido Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), seccional Casanare

De las 21 víctimas reportadas en el informe, cuatro eran menores de edad; una tenía una “condición especial de salud”; otra más era un adulto mayor; y una era una mujer embarazada. La mayoría de los casos, de acuerdo con el informe, se presentaron en 2007, cuando fungía como comandante de la guarnición militar el coronel Henry William Torres Escalante, quien se sometió a la JEP. (Lea más: En medio de incertidumbre, expediente contra general Torres llega a la JEP)

De acuerdo con la Cospacc y el CSPP, con el informe se pretende “brindar elementos para la comprensión del fenómeno de las ejecuciones extrajudiciales como una práctica generalizada y sistemática de vulneración de derechos, que afectó especialmente a la población campesina de la zona”, así como “contribuir en la lucha contra la impunidad”.

El informe de la Corporación Regional para la Defensa de los Derechos Humanos (Credhos) está dividido en seis apartados, así: presentación, introducción, metodología, definiciones previas, patrones de criminalidad y recomendaciones generales. Relaciona 12 casos con 30 víctimas de masacres, ejecuciones extrajudiciales (también conocidos como ‘falsos positivos’) y desapariciones forzadas ocurridos entre 1990 y 2006 en los municipios de Bucaramanga y Barrancabermeja (Santander), y San Pablo y Cantagallo (Bolívar). En todos los casos, los presuntos responsables son integrantes de la Fuerza Pública.

El documento contiene datos sobre lugar, modo y tiempo de ocurrencia de los hechos, así como sobre los presuntos victimarios. Con base en esa información, los casos fueron analizados desde una perspectiva jurídica, que incluye nexos causales, prácticas comunes y modus operandi, así como desde una perspectiva psicosocial, que relaciona los “impactos desproporcionados del conflicto sobre la población”.

El análisis jurídico destaca que en ninguno de los casos se ha juzgado a los oficiales del Ejército o la Policía Nacional que comandaban las unidades involucradas y considera que los hechos “no son aislados y por el contrario hay indicios (de) que los mismos obedecieron a una política de Estado y se desarrollaron de forma sistemática y generalizada por parte de sus agentes”.

Señala, además, que las víctimas fueron seleccionadas previamente por agentes del Estado, presentadas públicamente como “guerrilleros” o “colaboradores de las guerrillas” y, en ocasiones, asesinadas en connivencia con grupos paramilitares.

En cuanto al análisis psicosocial, el documento presenta datos sobre las familias de las víctimas que considera podrían ser útiles a la hora de ordenar medidas de reparación. Entre ellos se encuentran edad, nivel de escolaridad, acceso a servicios públicos domiciliarios y afectaciones causadas por el hecho victimizante, de tipo social, económico, familiar y psicológico.

Con el informe, Credhos pretende “contribuir al esclarecimiento de la verdad, la realización de la justicia y la obtención de la reparación integral de las víctimas para la construcción de una paz territorial, comunitaria, estable y duradera”.

El informe de la Comisión Colombia de Juristas (CCJ) se refiere al caso de la desaparición forzada de los militantes del M-19 Isidro Caballero y María del Carmen Santana, ocurrida el 7 de febrero de 1989 en la vereda Guaduas, del municipio de San Alberto, Cesar.

Ambas víctimas se encontraban en la región preparando un encuentro por la convivencia que se realizaría el 16 de febrero del mismo año, con el que se pretendía contribuir al proceso de solución política del conflicto que libraban el Estado y el M-19. La última vez que fueron vistas con vida, de acuerdo con varios testimonios, se encontraban detenidas en un retén instalado por un grupo de militares de la Brigada 5 del Ejército en asocio con civiles.

Según Juan Carlos Niño, coordinador de Litigio de la CCJ, el informe presentado “contiene la relación de los hechos y el contexto regional y nacional en que se cometieron, teniendo en cuenta que la Doctrina de Seguridad Nacional y el concepto del enemigo interno guiaron a las fuerzas oscuras del Estado a perpetrar estos hechos”.

La presentación de este caso a la JEP, de acuerdo con Niño, obedeció a que es “paradigmático y se une a otros de detenciones y desapariciones de opositores políticos que, como en el caso de ellos, estaban trabajando en promover la participación de la sociedad en acuerdos de paz”. Asimismo, a que en Colombia no hay condenas por el crimen.

A la fecha, el caso sólo cuenta con una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, siendo la primera de ese tipo contra Colombia. En ese fallo, del 8 de febrero de 1995, la Corte estableció que el país violó los derechos a la libertad personal y a la vida de Caballero y Santana, le ordenó indemnizar a los familiares de las víctimas y le recordó su deber de sancionar a los responsables.

La Mesa Nacional de Víctimas, la Red de Mujeres Víctimas y Profesionales y la campaña No es Hora de Callar, le entregaron a la JEP la documentación de dos mil hechos de violencia sexual cometidos en desarrollo del conflicto armado contra mujeres, niños y niñas de 30 departamentos del país.

Cada caso está consignado en un formato elaborado por las mismas organizaciones, en el que constan fechas y lugares de ocurrencia, descripción sucinta de los hechos, datos sobre investigaciones que cursan en otras jurisdicciones y presuntos responsables, que serían integrantes de grupos armados ilegales y de la Fuerza Pública. El paquete de información también contiene un análisis de la violencia sexual ejercida en el marco del conflicto, así como de los obstáculos que han enfrentado las víctimas para acceder a la justicia.

Yolanda Perea, representante de la Mesa Nacional de Víctimas por el hecho victimizante de violencia sexual, opina que “lo que presentamos es el primer granito de esa verdad que hay que construir desde las víctimas. Esperamos que en la JEP podamos conocer la verdad, que se reafirme que estos hechos no ocurrieron por nuestra culpa y que los victimarios, que ejercieron violencia sobre nuestros cuerpos y nuestros territorios, asuman la responsabilidad”.

Este informe, presentado por la Corporación Reiniciar, la Unión Patriótica (UP) y la Coordinación Nacional de Víctimas y Familiares del Genocidio contra la Unión Patriótica, contiene información general de la violencia ejercida contra la Unión Patriótica. Allí se hace relación de los hechos victimizantes que sufrieron más de 6.500 militantes de ese partido, entre los que se cuentan desapariciones forzadas, torturas, asesinatos, desplazamientos forzados y judicializaciones infundadas. También contiene un análisis del contexto nacional en el que sucedieron los hechos y contextos regionales, de departamentos como Antioquia, Valle, Meta y Tolima. (Leer más en: Exterminio de la UP fue un genocidio político)

El paquete de información incluye, además, el Informe de Fondo con el que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) le presentó a la Corte Interamericana el caso denominado “Integrantes y Militantes de la Unión Patriótica versus Colombia”, el pasado 29 de junio.

En ese documento, la CIDH calificó los hechos como un “extermino” de una “gravedad y magnitud inusitadas”, cometido “tanto por agentes estatales como actores no estatales con la tolerancia y aquiescencia de aquellos”. De acuerdo con la Comisión, “el móvil de las graves violaciones de derechos humanos, del exterminio y de la persecución sostenida en contra de las víctimas fue su pertenencia a un partido político y la expresión de sus ideas a través del mismo”. Por esos hechos, consideró que el Estado colombiano ha violado los derechos de las víctimas a la libertad personal, las garantías judiciales, la protección judicial, la honra y dignidad, la libertad de pensamiento y expresión, la libertad de asociación y la integridad.

Jael Quiroga, directora de la Corporación Reiniciar, explica que “acudimos a la JEP buscando que asuma la competencia del caso del genocidio contra la UP, porque creemos que ese sistema de justicia transicional es fundamental y determinante para todas las víctimas de violaciones de derechos humanos”. Para ella “es fundamental que este caso se estudie de manera colectiva, como un genocidio por razones políticas, lo cual es una forma de reparar a las víctimas, que desde hace 25 estamos exigiendo que se reconozca que se nos atacó con el objetivo de destruir total o parcialmente a la UP y diluir su fuerza política”.

Organizaciones sociales entregan informes a la JEPUn primer informe sobre el atentado ejecutado por las Farc en el Club El Nogal el 7 de febrero de 2003 fue entregado por Bertha Fries en calidad de representante de un grupo de víctimas. De acuerdo con Fries, el documento contiene información relevante sobre la responsabilidad del Estado por omisión de su deber de protección, así como la relación de los tres reconocimientos de responsabilidad tempranos que han realizado las Farc entre 2017 y 2018.

En el último de esos actos, el partido político Farc aseguró que el crimen, que dejó 36 víctimas mortales, estuvo motivado en “información que señalaba al club como un centro de reuniones para la planificación de operaciones contrainsurgentes, encabezadas por funcionarios gubernamentales y líderes paramilitares”.

En opinión de Fries, la información aportada, así como el reciente fallo emitido por el Consejo de Estado por esos hechos, debe servir para que la “JEP investigue la versión que dieron las Farc en ese acto de reconocimiento y contribuya a que realmente se conozca la verdad. Una verdad que incluya el porqué altos funcionarios del Estado de la época no hicieron nada para prevenir el atentado, si efectivamente los paramilitares entraron al Club El Nogal y todos los detalles que nos puedan contar quienes estuvieron involucrados por parte de las Farc”.

Fries también solicita que la información aportada se contraste con las versiones de los primeros fiscales que investigaron el atentado y los informantes que contribuyeron a la investigación en el proceso ante la justicia ordinaria.

Aparte de los redactados exclusivamente para la JEP, dos organizaciones sociales han suministrado informes que fueron preparados con otros fines, pero que son útiles para el trabajo de la Sala de Reconocimiento.

El pasado 8 de junio, la Ruta Pacífica de las Mujeres entregó el informe de su Comisión de Verdad y Memoria, titulado la “Verdad de las Mujeres”, compuesto por dos tomos, un resumen y una versión ejecutiva. El informe se publicó en 2013 y contó con la participación de los hoy comisionados de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV) Alejandra Miller, Carlos Beristain y Alejandro Valencia. (Leer más: Esta es la verdad de mujeres víctimas de la guerra)

En ese documento se incluyen un marco conceptual; casos de violencia sexual, asesinatos, ‘falsos positivos’, masacres, desapariciones forzadas, amenazas, torturas y desplazamientos forzados en los que las víctimas fueron mujeres; impactos de esos hechos en las vidas de las sobrevivientes; presuntos responsables; casos colectivos de victimización y resistencia de Bogotá, Bolívar, Cauca, Chocó, Putumayo, Risaralda, Santander y Valle del Cauca; y medidas de reparación solicitadas por las víctimas.

Posteriormente, el 30 de julio, Colombia Diversa le entregó a la JEP dos documentos, titulados “Vivir bajo sospecha. Informe sobre violencia hacia personas LGBT en el conflicto armado colombiano” (2017) y “La discriminación, una guerra que no termina” (2018, con datos de 2017).

El primero contiene una aproximación a la violencia basada en la orientación sexual o la identidad de género diversa ejercida con ocasión del conflicto armado, así como el estudio de casos de ese tipo que se presentaron en Vistahermosa, Meta, y en San Onofre, Sucre, con la responsabilidad de las Farc y de las Autodefensas Unidas de Colombia, respectivamente. También incluye descripción de la metodología utilizada y un capítulo sobre recomendaciones para la reparación con enfoque diferencial.

El segundo documento de Colombia Diversa, realizado en alianza con Caribe Afirmativo, es un informe sobre violaciones a los derechos humanos cometidas contra personas LGBT en 2017, relacionadas y no relacionadas con el conflicto.

De acuerdo con el documento guía para la presentación de informes, durante la vigencia del plazo de recepción la JEP deberá realizar una ardua tarea de pedagogía y acompañamiento para garantizar que las víctimas puedan aportar información que contribuya a la sanción de los responsables y a la reparación. Allí están puestas las expectativas de múltiples organizaciones sociales y personas victimizadas, que llevan décadas exigiendo verdad, justicia y reparación.

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Con dudas de las víctimas, empieza proceso por ‘falsos positivos’ en la JEP https://verdadabierta.com/dudas-las-victimas-empieza-proceso-falsos-positivos-la-jep/ https://verdadabierta.com/dudas-las-victimas-empieza-proceso-falsos-positivos-la-jep/#comments Sat, 11 Aug 2018 16:45:21 +0000 https://verdadabierta.com/?p=18057 El nuevo modelo de justicia transicional realizó la primera audiencia sobre cinco de esos casos con la participación de 14 militares, entre ellos un oficial. Abogados de las víctimas exigieron toda la verdad y manifestaron desacuerdos con el procedimiento. “Aquí con mis compañeras, que todas mantenemos en la lucha, que ya hemos esperado mucho tiempo […]

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El nuevo modelo de justicia transicional realizó la primera audiencia sobre cinco de esos casos con la participación de 14 militares, entre ellos un oficial. Abogados de las víctimas exigieron toda la verdad y manifestaron desacuerdos con el procedimiento.

“Aquí con mis compañeras, que todas mantenemos en la lucha, que ya hemos esperado mucho tiempo para saber toda esta problemática que nos atormenta, no tendremos paz hasta que sepamos la verdad completa”. Así lo aseguró Idaly Garcerá, una de las madres de Soacha, durante la audiencia de régimen de condicionalidad que se llevó a cabo este viernes en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) para dar apertura al proceso contra 14 militares condenados en la justicia ordinaria por la desaparición forzada y el asesinato de cinco jóvenes de la población civil. (Leer más en: El abecé de la Jurisdicción Especial para la Paz)

Se trata de Julio César Mesa Vargas y Jhonatan Orlando Soto Bermúdez, desaparecidos el 26 de enero de 2008 en Soacha, Cundinamarca; y Diego Alberto Tamayo Garcerá, Víctor Fernando Gómez Romero y Jader Andrés Palacio Bustamante, desaparecidos en ese municipio el 23 de agosto del mismo año. La Fiscalía determinó que los jóvenes, de entre 17 y 25 años, fueron asesinados pocos días después de su desaparición y reportados falsamente como miembros de organizaciones armadas ilegales muertos en combate por tropas de la Brigada Móvil 15 del Ejército, con jurisdicción Norte de Santander. (Leer más en: Falsos positivos: una herida que sigue abierta)

Por esos hechos, la Jueza Primera Penal del Circuito Especializado de Cundinamarca, en abril de 2017, condenó a penas de entre 37 y 52 años de prisión a 21 militares de esa brigada, entre ellos a los 14 convocados este viernes por la JEP, a quienes también inhabilitó por 20 años para ejercer funciones públicas. Asimismo, declaró los hechos como crímenes de lesa humanidad, garantizando así su imprescriptibilidad.

Los comparecientes al nuevo sistema de justicia transicional son el teniente coronel Gabriel de Jesús Rincón Amado; el capitán Henry Blanco Barbosa; el cabo segundo Richard Jojoa Bastidas; y los soldados profesionales Medardo Ríos Díaz, Mauricio Cuniche Delgadillo, Ferney Grijalba Flor, Geiner Fuentes Billermo, Pedro Hernández Malagón, Nixon Cubides Cuesta, José Fernández Ramírez, John Díaz Ortega, Richard González Gómez, Eider Guerrero Andrade y Luis Alirio López. (Leer más en: ¿Habrá justicia si los ‘falsos positivos’ van a la JEP?)

Falsos positivos JEP
Rincón Amado era el jefe de Operaciones de la Brigada Móvil número 15 para el momento de los hechos. Foto: JEP.

Durante la audiencia convocada por la Sala de Definición de Situaciones Jurídicas, presidida por el magistrado Pedro Díaz, los exmilitares reafirmaron su intención de comparecer ante la JEP y allegaron información sobre otros procesos judiciales y disciplinarios que cursan en su contra por hechos presuntamente relacionados con el conflicto armado. De momento, el coronel Rincón y el soldado Ríos han sido beneficiados con libertad condicionada y transitoria, mientras los demás procesados se encuentran recluidos en centros penitenciarios o unidades militares.

Frente a los magistrados y los familiares de las víctimas directas, los antiguos militares se comprometieron a contribuir con la verdad, la reparación y la no repetición, como condición para acceder al sistema. Asimismo, Rincón, López, González, Hernández, Guerrero y Fuentes le pidieron perdón a la sociedad, las víctimas y hasta al Ejército por los eventuales daños causados, lo cual no implica un reconocimiento de responsabilidad. De hecho, Fuentes negó de tajo su participación en los crímenes y declaró: “Quiero decirles con mucha humildad y respeto que yo no tengo ninguna responsabilidad en estos hechos. Estoy aquí por pertenecer al grupo de militares a los cuales se les acusa de cometer hechos irregulares”. (Leer más en: “Los falsos positivos no fueron obra de unas cuantas manzanas podridas”: HRW)

Aunque todos los procesados se comprometieron a decir la verdad, está por verse si ello implicará un cambio en la versión que presentaron ante la justicia ordinaria, donde contrariaron la teoría de la Fiscalía. Por ejemplo, en 2016 el entonces abogado del coronel Rincón Amado planteó en juicio que “se demostró que los jóvenes muertos se dedicaban a delinquir y acudieron voluntariamente a Ocaña bajo el ofrecimiento de realizar allí actividades ilícitas”, lo cual fue tajantemente negado por el ente acusador. (Leer más en: ‘Falsos positivos’: macabra estrategia para mostrar que se estaba ganando la guerra)

Igualmente, durante ese juicio, el abogado de los soldados Díaz Ortega, González Gómez y Guerrero Andrade alegó que las víctimas “fueron dadas de baja en combate”, mientras el defensor de los soldados Díaz, López, Grijalba, Fuentes y Hernández insistió en que “el desplazamiento o traslado de las víctimas a Ocaña no fue por engaños, sabían que era para delinquir”. Ello consta en la sentencia del Juzgado Primero Especializado de Cundinamarca, que fue apelada por los condenados y se encuentra en estudio en la Sala Penal del Tribunal Superior de Cundinamarca.

Falsos positivos JEP
Idaly Gacerá también manifestó que el conocimiento de la verdad plena les daría “un alivio un poquito en el alma” a las madres de las víctimas. Foto: JEP.

De ahí que Idaly Garcerá, madre de Diego Tamayo y la única de las víctimas que intervino durante la audiencia, señalara que “me ‘acogí’ aquí a la JEP para escuchar a los señores implicados que de verdad se acojan a la justicia plena para saber la verdad, que es muy importante para nosotras las víctimas”. Y agregó que “fuera de que los señores van a decir la verdad, yo quisiera que estuvieran también los altos mandos, los que los mandaron a hacer lo que ellos cometieron”.

Los defensores de las víctimas también les insistieron a los procesados en la necesidad de que cuenten la verdad. Sandra Villegas, de la firma Javier Villegas Posada Abogados, expresó: “Con profundo respeto con los comparecientes, señalados de cometer graves violaciones a los derechos humanos e infracciones al Derecho Internacional Humanitario, me permito solicitarles que presenten sus compromisos de aportar verdad plena, pero no una verdad como se construye en un proceso penal, sino en el contexto de una justicia restaurativa (…) La verdad es un derecho que tienen las víctimas y sus familiares a conocer los hechos que dieron lugar a esas graves violaciones y a conocer la identidad de todos quienes participaron en la comisión de esas conductas punibles”.

Al respecto, Reynaldo Villalba, del Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, señaló: “Las víctimas tienen derecho a saber y la invitación a quienes comparecen, si es que finalmente la JEP mantiene la competencia (del caso), es que esa verdad tiene que ser plena, pero no (solamente) al detalle sobre los hechos mismos, sino que tiene ir más allá. Tiene que dar razón de los máximos responsables, de las políticas que animaron este tipo de crímenes, llámese Seguridad Democrática o cualquier otra política, porque solo así se asegura una justicia interna que no permita la entrada de la Corte Penal Internacional”.

Villalba también planteó, tal como han venido diciéndolo varias de las madres de Soacha, que sus representadas no desean que la JEP asuma la competencia del proceso, dado que “tenemos argumentos jurídicos para decir que (los crímenes) no ocurrieron por causa o relación con el conflicto armado interno”. Por eso, le pidió a la Sala de Definición dar cumplimiento a la Ley 1922 de 2018 o de Procedimiento de la JEP, según la cual la Sala debe emitir una resolución para cada compareciente decidiendo si la Jurisdicción es o no competente para asumir el caso, decisión que admite recursos. (Leer más en: En medio de incertidumbre, expediente contra general Torres llega a la JEP)

Falsos positivos JEP
Además de exigir la verdad sobre los crímenes, los abogados de las víctimas manifestaron la necesidad de determinar quiénes fueron los máximos responsables. Foto: Captura de video.

Igualmente, Villalba les transmitió a los magistrados la preocupación de abogados de la Comisión Colombiana de Juristas (CCJ), la Asociación Minga y la Fundación Comité de Solidaridad con los Presos Políticos (CSPP) por no haber sido convocados a la audiencia, pese a que representan víctimas en procesos en los que están vinculados algunos de los 14 comparecientes. Y explicó que, tal como está contemplado en la Ley de Procedimiento, se requiere acumular los casos para que “se puedan hacer más integralmente este tipo de audiencias y puedan estar todas las víctimas”.

Durante la diligencia también se abordó el tema de la seguridad de las cinco madres reconocidas como víctimas en el proceso, sobre el que la Unidad de Investigación y Acusación (UIA) de la JEP elaboró un informe con base en entrevistas y documentos. Al respecto, la delegada de la Unidad declaró que “hay un riesgo generalizado que han venido soportando las madres de Soacha, especialmente por la visibilidad de este caso durante los últimos años. Este riesgo ha producido situaciones individuales y diferenciadas en cada una de las madres, llegando a generar daños a sus derechos fundamentales o a los de sus familias”. (Leer más en: Queman pruebas sobre ‘falsos positivos’ en Antioquia)

La delegada de la UIA también informó que “los factores generadores de amenazas (contra las madres) han sido sus acciones para exigir el esclarecimiento de los hechos, siendo los periodos de movilidad de los procesos judiciales cuando se han generado las mayores amenazas y hostigamientos en su contra”. Por eso, le solicitó a los magistrados una audiencia reservada para abordar el caso y definir medidas de protección.

En julio pasado, la Fiscalía General le entregó a la JEP un informe titulado “Muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes del Estado”, en el que resaltó que estos casos se incrementaron a partir del año 2002 y alcanzaron su etapa “más crítica” entre 2006 y 2008, periodo durante el cual fungió como presidente de la República Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), actual senador y máximo dirigente del Centro Democrático. De acuerdo con el ente acusador, en ese último lapso se presentaron el 59 por ciento de los casos documentados entre 1988 y 2014, cuyas víctimas ascienden a 2.248.

Falsos positivos JEP
A las afueras de la JEP, víctimas de otros casos de “falsos positivos” pidieron justicia. Foto: Cajar.

Según la Fiscalía, “la mayoría de las víctimas fueron hombres jóvenes entre los 18 y 30 años, quienes se dedicaban a las labores de campo y trabajos informales en la ciudad”, y por cuyos asesinatos han sido procesadas en la justicia ordinaria 5.626 personas, de las cuales 3.826 eran soldados en el momento de los hechos; 992 eran suboficiales; 514 eran oficiales; y 133 eran civiles, varios de los cuales se destacaron como reclutadores. (Leer más en: La red criminal que operó desde el Batallón Pedro Nel Ospina del Ejército)

Se espera que, contrario a lo que ha sucedido en esa instancia, los procesos en la JEP revelen las más altas responsabilidades por esos crímenes, en aras de garantizar los derechos de las víctimas y la verdad que reclama buena parte del país.

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