Dos miembros de la fuerza pública, sobrevivientes de la masacre de Urrao, Antioquia, les contaron a los magistrados de la JEP detalles de su cautiverio y del asesinato de sus compañeros de plagio, entre los que se encontraba el gobernador de Antioquia Guillermo Gaviria y su asesor de paz, Gilberto Echeverri.

Este martes, la Sala de Reconocimiento de Verdad de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) continuó escuchando a las víctimas del secuestro, tarea que inició el pasado 22 de octubre. En esta oportunidad, acudieron víctimas directas e indirectas de la masacre de Urrao, ocurrida el 5 de mayo de 2003 y perpetrada por las Farc tras un intento de rescate por parte de la Fuerza Pública. Allí murieron, tras 13 meses de cautiverio, el gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria; el exministro y asesor de Paz de la gobernación, Gilberto Echeverri; y ocho militares. (Lea más: La dura realidad del secuestro retumba en la JEP)

Los primeros en intervenir ante los magistrados de la JEP fueron los familiares de Echeverri, quienes pidieron que su testimonio se recibiera a puerta cerrada. Posteriormente rindió informe oral la exdirectora de la Unidad para las Víctimas, Yolanda Pinto, esposa de Gaviria para el momento del secuestro. Tal como hizo ante el Congreso de la República en noviembre de 2016, durante las discusiones previas a la refrendación del segundo Acuerdo Final de paz, Pinto controvirtió el operativo de rescate, sobre el que dijo estuvo “mal planeado y ejecutado”.

El cuestionamiento apunta a la llamada Operación Monasterio, adelantada por tropas de la Cuarta Brigada del Ejército bajo el mando del entonces comandante de esa guarnición militar, general Mario Montoya. Ese fracaso operacional nunca fue investigado por las autoridades de manera diligente.

Yolanda Pinto fue la última directora de la Unidad para las Víctimas del gobierno de Juan Manuel Santos. Foto: JEP.

Pinto también criticó a las Farc por el secuestro del gobernador Gaviria, quien fue retenido junto con su asesor de paz el 21 de abril de 2002 cuando lideraban una marcha de la No Violencia en zona rural del municipio de Caicedo, en el occidente antioqueño, en solidaridad con las comunidades campesinas confinadas por las Farc. En el sitio conocido como El Vaho fue conminado por guerrilleros del Frente 34 a que los acompañara a hablar con el comandante de esa unidad insurgente, Aicardo Agudelo, conocido como ‘El Paisa’. Lo siguió el exministro Echeverri. En ese momento comenzó su trágico secuestro.

Por ese hecho, y el posterior asesinato de su esposo, Pinto les pidió a los excomandantes de las Farc contar “la verdad sobre por qué lo hicieron, qué daño les estaba causando Guillermo, si él vivo le era más útil a Colombia y a la causa de los más necesitados, a los que supuestamente defendían las Farc”.

Finalmente intervinieron los suboficiales Heriberto Aranguren, del Ejército, y Agenor Viellard, de la Armada, dos de los tres sobrevivientes de la masacre de Urrao. En sus testimonios es posible dimensionar la capacidad militar que llegaron a tener las Farc finalizando la década de 1990, las difíciles condiciones en que transcurrió la retención de los integrantes de la Fuerza Pública y la relación que estos últimos tuvieron con los civiles durante el cautiverio.

Retrocedieron “miles de años”

Aranguren ingresó al Ejército en 1990. Foto: JEP.

Heriberto Aranguren, sargento mayor retirado del Ejército, fue plagiado el 22 de junio de 1999 tras sostener un combate con el Bloque Noroccidental de las Farc, en el corregimiento Juan José, de Puerto Libertador, Córdoba. Al respecto, detalló:

“A las 11:20 de la mañana habíamos caminado toda la noche, llegamos a Juan José y supuestamente la guerrilla ya se había ido, pero la población civil sabía que aún estaba ahí. Llamaron al Alcalde, al Gobernador. Ahí estaban los grandes jefes militares, (que) ordenaron pasar el río San Jorge a seguir la persecución. Embarqué en un helicóptero civil de una empresa petrolera llamada Ocensa, que es solamente para transporte de personal, no tiene armas para apoyar a las tropas que desembarcan (…) La guerrilla sabían cuál era el único lugar donde podíamos desembarcar, dejaron que el helicóptero aterrizara y cuando el helicóptero se fue a ir sonaron las primeras ráfagas de fusil, intentando derribarlo”.

Aranguren aseguró que después de varios minutos de combate, tras “quedar sin munición y ante la superioridad del enemigo”, fue capturado junto a cuatro soldados, mientras que 35 de sus compañeros murieron en la confrontación.

Periodistas que cubrieron en aquella época esos hechos y llegaron hasta Juan José un día después del ataque, le contaron a VerdadAbierta.com que la carretera entre el municipio de Puerto Libertador y ese caserío estaba plagada de paramilitares que portaban brazaletes de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc). «Ellos instalaron retenes en la vía, hacían bajar a los pasajeros de buses y a quienes íbamos en carros particulares, como nosotros; exigían los documentos de identidad y decidían si se podía seguir hacia Juan José o no», detalló uno de los comunicadores consultados por este portal, quien pidió la reserva del nombre.

Para los militares sobrevivientes en Juan José comenzó una pesadilla por cuenta de las Farc, que los trasladó a la profundidad de la selva: “Duré dos años encerrado en un cajón de madera en el Nudo del Paramillo (…) Hablo de un cajón porque era hermético, de tres por tres metros y un metro 70 de altura (…) Era un espacio muy reducido, tocaba dormir casi el uno encima del otro: los cuatro soldados que secuestraron y yo. Nos facilitaron un tarro de cinco galones, le hicieron un hueco, y ese era nuestro orinal todos los días”. Para el final del año 1999, recordó, “el nuevo milenio llegó como si la humanidad hubiera retrocedido miles de años: no había papel higiénico, ni energía, vivía totalmente aislado”.

En 2002, Aranguren y otros militares fueron llevados al lugar donde se encontraban el gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria, y el asesor de Paz de la gobernación, Gilberto Echeverri, secuestrados por las Farc en abril de ese año. Sobre los dos funcionarios, el sargento recordó:

“De ellos aprendí lo que es amor por la patria, por el país, la preocupación por la problemática social causante de la desigualdad social, la falta de oportunidades, la necesidad de una buena educación. También aprendí de ellos la filosofía de la no violencia, basada en el pensamiento de grandes pacifistas de la historia de la humanidad, como Mahatma Gandhi y Martin Luther King. De ellos aprendí que existen herramientas como la huelga de hambre, la desobediencia civil y las marchas pacíficas. Si los grupos armados ilegales han causado daño, más daño ha causado la indiferencia del pueblo colombiano”.

Asimismo, contó que los militares les prestaron apoyo a ambos políticos: “Por ser personas civiles, tratábamos de girar todos alrededor de ellos para minimizar esa estadía ahí en cautiverio, (con actividades) como reclamarles la comida, lavarles la ropa, peluquearlos, arreglarles la barba”.

Posteriormente, entregó detalles sobre la masacre: “El 5 de mayo de 2003 llevábamos la rutina diaria, unos estudiaban inglés, otros realizábamos manualidades y artesanías, para mantener la mente ocupada. A las 11 en punto de la mañana sentimos los helicópteros del Ejército sobre el campamento guerrillero. El jefe guerrillero ‘El Paisa’, del Frente 34 de las Farc, al ver que el Ejército venía por los secuestrados, organiza a sus hombres, dando órdenes claras de quién asesinaba a quién (…) Entran al cambuche y empiezan a fusilarnos a sangre fría, sin que hubiera combate con el Ejército. Al ver que algunos compañeros habían quedado heridos, los remataron a tiros de gracia. Prefirieron acabar con la vida de los secuestrados a permitirle, según ellos, un triunfo a las Fuerzas Militares de Colombia”.

Según contó el sargento ante los magistrados de la JEP, él sobrevivió por haberse escondido debajo de su cama, lo cual minimizó el impacto de los disparos. Aún así, recibió uno en la pierna y dos en el cráneo, que le ocasionaron el 56 por ciento de la pérdida de la capacidad laboral. Por ello, fue designado a realizar trabajo de oficina, hasta marzo de 2016, cuando se retiró del Ejército. Sobre su estado de salud, aseguró: “Ha sido difícil el proceso de recuperación, no me han realizado la junta médica de retiro, me ha tocado cancelar de mi pecunio algunos exámenes de especialista. Si eso es así conmigo, que hice parte del Estado, cómo será para el campesino que vive en una vereda muy alejada o para un ciudadano del común”.

Sobre los responsables de su secuestro, señaló a los entonces integrantes del Estado Mayor Central de las Farc y su Secretariado; al comandante del bloque Noroccidental, ‘Iván Márquez’, de quien hoy se desconoce el paradero; a los comandantes de los frentes 34 y 18, conocidos como ‘Isaías Trujillo’ y ‘Román Ruiz’, respectivamente; así como a quienes se encargaron de custodiarlo en Antioquia y Chocó, incluyendo a ‘El Paisa’ y a un guerrillero llamado ‘Malicia’. Tanto ‘Ruiz’ como ‘El Paisa’ murieron en bombardeos ejecutados por el Ejército.

Aranguren, además, responsabilizó al Estado: “También es culpable el Estado, porque por acción u omisión permitió que nos tuviera un actor armado ilegal tanto tiempo en las selvas. Considero que, como víctima, el Estado todavía está en deuda conmigo”.

Frente a la reparación, le pidió a la Farc contar la verdad sobre lo ocurrido, mostrar “arrepentimiento verdadero”, no volver a “delinquir” y contribuir a la “reconstrucción de la infraestructura”.

“Enemigos”

Viellard llegó a Juradó en junio de 1999. Foto: JEP.

El sargento primero Agenor Viellard se incorporó a la Armada en 1993. Fue secuestrado en diciembre de 1999, en Juradó, Chocó, durante una toma de población ejecutada por el Frente 57 del bloque Noroccidental de las Farc. Así recordó los momentos previos a la toma:

“El 11 de diciembre de 99, salí al pueblo a comprar víveres para la tropa y me dieron la información de que los campesinos que salieron a buscar ganado y animales para sacrificar y vender no habían regresado y eran las 5 de la tarde (…) Desde enero del 99 había la información de que ‘Iván Márquez’ se quería tomar Juradó, Chocó. Era el tiempo en que ellos (las Farc) se tomaban las poblaciones que querían (…) Llevé la información al comandante de puesto, teniente Alejandro Ledezma Ortiz, que se comunica con el batallón. El comandante de ese entonces, coronel Leopoldo Jiménez, no se tomó en serio la información”

Pasada la medianoche, contó el sargento, empezó el ataque de la guerrilla con pipetas de gas y disparos de fusil. Aseguró que los insurgentes sobrepasaban diez a uno a los infantes de marina, cuyos M16 se “trababan mucho por la arena y la lluvia”. Al día siguiente, cuando las Farc se habían tomado por completo el puesto de la Armada, los sobrevivientes se entregaron. Para entonces, Viellard tenía un disparo en el pecho.

Posteriormente, según relató: “Nos empezaron a llevar selva adentro (…) Al día siguiente llegó ‘Iván Márquez’ con una señora que supuestamente era su esposa y nos dijeron que éramos canjeables, prisioneros de guerra, que nos respetaban la vida y que si nos pasaba algo era porque nos intentábamos volar”.

Viellard también dio cuenta de un episodio que él y sus compañeros vivieron con un comandante guerrillero del Bloque Noroccidental, conocido como ‘Alirio’:

“Una tarde ‘Alirio’ nos empezó a decir que ellos eran un ejército revolucionario y que su llegada al poder nadie la detenía. Yo le pregunté que si se creían un ejército, por qué no respetaban los derechos humanos, por qué tenían niños. Entonces él se enojó mucho (…) Llegó la hora de la comida, la changua guerrillera, un mazacote de arroz, y yo vi que mi porción era muy poquita, al otro día fue lo mismo, al almuerzo también. Entonces yo le dije a alias ‘Aliro’ que si ellos eran un ejército revolucionario, debían respetar mis derechos y que entraba a huelga de hambre”.

Y continuó: “Se unieron otros a la huelga, duramos dos días, hasta que llegó ‘Alirio’, nos dijo que termináramos ya con esa payasada, que cuáles derechos, empezó a disparar al aire y los guerrilleros estaban como en posición de fusilarnos; eso nos asustó mucho, empezamos a temblar. Y dijo que quería ver terminar esa huelga de hambre ya. Entonces, el sargento más antiguo nos aconsejó: ‘Muchachos, no se hagan matar por pendejadas, dejen ese cuento de la huelga y sigamos, hermano, la guerra es de los vivos’. Terminamos la huelga y empezó el secuestro un poco más duro, porque obviamente el comandante estaba enojado con nosotros”.

El sargento también contó que “a nosotros los militares todos los días nos decían que éramos el enemigo, el ejército burgués, el ejército paramilitar”.

Posteriormente, en 2002, el grupo llegó al sitio donde se encontraban Guillermo Gaviria y Gilberto Echeverri. Sobre los dos políticos asesinados, Viellard expresó: “Fueron dos civiles que nos enseñaron mucho: valores, fortalezas (…) Nos ayudaron a tener ese cautiverio más llevadero”.

Durante esa época, Viellard enfermó de Leishmaniasis, para la que, asegura, nunca recibió medicamentos: “‘El Paisa’ me dijo que tenía una sola forma de curar, pero que era una tortura. Me empezaron a colocar un cuchillo caliente en la cara, después cogían panela, la derretían en la herida y me colocaban cera de abeja que quemaban. Obviamente se me hinchó mucho la cara y cuando llegué a donde mis compañeros, los vi triste, les pregunté qué pasaba y claro, yo estaba desfigurado, a ellos eso les daba mucha tristeza”.

El sargento también se refirió a la masacre. Contó, como Aranguren, que tras el arribo del Ejército a la zona las Farc decidieron asesinar a los rehenes:

“Cuando yo me agacho a recoger mi equipo y mis cosas, empiezan a dispararnos las Farc. Me tiro al piso y empiezo a meterme debajo de la cama. Cuando me faltan las piernas, escucho al doctor Gilberto quejarse, gritando: ‘Estoy herido’. Yo le alcancé a decir: ‘Doctor, cállese que nos van a matar’. Cuando yo termino, escucho a ‘El Paisa’ decir: ‘Verifiquen que no quede nadie vivo’ (…) Cuando llegan donde mí, me disparan por encima de la cama y los tiros me pegan al lado, yo era muy delgado y no me alcanzaron a tocar. Cuando remataron al exministro Echeverri, el tiro que le sale de la cabeza me pega a mí en la pierna, que todavía lo tengo, una ojiva de 7,62 (…) Mi sargento Guarnizo (quedó) ileso y bajó a buscar al Ejército. Duró más o menos como 15 minutos, empezaron a dar los primeros auxilios, cuando me levantan en la camilla veo a mis compañeros, los cuerpos ya sin vida”.

Por último, Viellard les dijo a los magistrados que durante su secuestro se enteró del asesinato de un soldado de apellido Norato y un guerrillero conocido como ‘Humberto’, quienes en diciembre de 2001 escaparon juntos de las Farc. Según el relato del sargento, ambos hombres fueron recapturados y posteriormente asesinados, tras lo cual los guerrilleros “colocaron equipo de sonido, porque ellos cargaban planta eléctrica, y empezaron a hacer fiesta celebrando la muerte del soldado”.