#ResistiendoEnCuarentena. Abrimos este espacio para que víctimas y comunidades afectadas por el conflicto armado cuenten cuáles son sus necesidades y cómo lidian con la pandemia del nuevo coronavirus.

Por: Irialed Murcia Ocasiones, representante de Corporación ambiental para el fomento del turismo rural comunitario (Corcaraño)

Desde el pasado 5 de abril, que iniciamos con este proyecto piloto de volver a abrir el mercado campesino y reactivarlo, a la fecha, hemos desarrollado cuatro mercados, que han sido un aprendizaje constante, en equivocarnos, en sentarnos a repensar, porque está de por medio la salud de nosotros los productores y de los consumidores.

Y pues es un aprendizaje porque ya sabemos la importancia del tapabocas, de los guantes, de tener ese distanciamiento entre cada productor, nos hemos concientizado; eso ha pasado, nos hemos concientizado frente a los cuidados de bioseguridad, ya manejamos la terminología. Todo eso ha sido bueno.

Corcaraño tiene claridad sobre lo que se debe hacer. Fundamental el apoyo de los protocolos de prevención del Covid -19 en un lenguaje que hemos podido entender, muy práctico. En este momento lo estamos aplicando en las fincas, en el centro comunal, que se ha convertido en el centro de acopio. En ese sentido, todo ha sido ganancia.

El mercado campesino se está haciendo los días sábado en el Parque Turbay con diez asociados, que son los que bajan de las veredas y apoyan la comercialización para que los demás asociados puedan vender. Somos alrededor de cuarenta productores participantes. Los productos se han distribuido en cuatro carpas y las hemos clasificado por productos, para que quede fácil la comercialización; dos compañeros se hacen por carpa: una persona líder y otra de apoyo. Son ellos quienes atienden, responden por el producto de los compañeros, durante el desarrollo del mercado otros dos asociados se ocupan de dar la bienvenida a los consumidores, los motivan al lavado y desinfección de las manos y a conservar la distancia entre cada persona.

Lo otro que hemos aprendido es eso de hermandad y solidaridad. Unos bajan el fin de semana y otros bajan el fin de semana siguiente. Entonces ha sido un ejercicio bonito donde nos hemos unido más a través de la economía solidaria y de un espacio que ha sido construido con mucho esfuerzo y con mucho amor, y que teníamos miedo de que se perdiera.

Con esas ganas y ese empoderamiento de no dejar perder lo construido en tres años, reactivamos el mercado campesino. En las noches me acuesto a pensar y yo digo: definitivamente el equipo, las personas que componen la organización, aman lo que hacen, y a uno le duele perder lo que se ha construido.

El Covid-19 pone en peligro el relacionamiento social que habíamos construido con los consumidores, el ejercicio de visibilizar el campo aquí en el municipio de Florencia; miedo a perder el reconocimiento, los productos, la calidad, los precios justos, el trabajo que hacen los hombres y mujeres. A eso le teníamos miedo.

Pero como comunidad empoderada le pusimos el pecho al Covid-19, diciendo: nos vamos a proteger, pero vamos a seguir respondiendo, vamos a seguir trabajando y vamos a seguir abasteciendo la ciudad.

Lo otro que se ha hecho, que ha sido ganancia, es convertirse en un referente fuerte, en un referente de la sociedad civil, que en este momento están apoyando la Red Nacional de Agricultura Familiar (RENAF), la Alcaldía de Florencia y la cooperación internacional. Pienso que ha sido importante, y que hoy en día nos ponemos a ver, y definitivamente la gente, las instituciones y la cooperación creen en el proceso que adelantamos las mujeres desde Corcaraño, en el cual hemos logrado vincular a nuestras familias.

Tenemos un grado de credibilidad y reconocimiento que nosotros no lo creíamos tener porque nos habíamos dedicado a desarrollarlo y construirlo, pero realmente uno no mira lo que hace, lo miran los demás. Y en esta época de crisis, las miradas se volcaron hacia nuestra organización. La Alcaldía se apoyó en la cooperación, nos escuchan, porque saben que quienes manejan la información de las necesidades, de lo que hace falta, de lo que hay que seguir haciendo, somos los productores.

El mercado campesino es de la gente, no es de la institucionalidad, y somos nosotros quienes, en este momento, estamos marcando la pauta. Hay ayudas importantísimas: la Alcaldía nos brinda asistencia técnica; Ejército y Policía nos apoyan con transporte, la RENAF construyo y diseño los protocolos de bioseguridad para prevención del COVID 19 en los mercados campesinos. Hemos hecho una red de apoyo, pero esa red de apoyo respeta y reconoce el trabajo de las comunidades rurales frente a lo que está pasando en este momento con la crisis que está generando la pandemia.

Nuestra responsabilidad es continuar ofertando esos alimentos frescos directamente al consumidor, manteniendo precios justos, porque eso es lo que hemos dicho nosotros desde la organización: la crisis nos ha tocado a todos, a lo urbano, a lo rural. El compromiso de nosotros, como productores y desde que tengamos el apoyo de la institucionalidad, en lo del transporte, en la logística, es que vamos a conservar los precios. Ese es el apoyo que la ruralidad le está dando al sector urbano: conservar precios justos, donde todos nos ayudemos.

Otro aprendizaje que hemos logrado es que desde que el campo tenga las oportunidades de movilidad, de seguir produciendo a través de la agricultura campesina familiar, étnica y comunitaria (ACEC), y que tenga ese apoyo y esas redes que se pueden construir, esos hombres y esas mujeres, nosotros, vamos a seguir trabajando. Algo que he visto es que hay mucha gente necesitada, hay mucha gente que en esta época de crisis recibir un mercado, recibir una ayuda, es de vital importancia.