El Paramillo, un nudo difícil de deshacer

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La declaratoria de Parque Nacional en 1977, desconociendo a los colonos que llegaron a la región varias décadas atrás, generó una fuerte tensión entre el Estado y los afectados que aún no se resuelve. Masacres paramilitares y tomas guerrilleras le suman varias tragedias más a la situación. La pregunta que se hacen en la zona es: ¿el proceso de paz con las Farc aportará soluciones? Muchos temen que emerjan nuevos y complejos conflictos sociales.

paramillo 3 1Tras el desplazamiento masivo de 1999, Saiza perdió su categoría como corregimiento. Hoy, los campesinos que han retornado esperan recuperar esta categoría, entre otras, para poder ejercer su derecho al voto. Foto: Ricardo León Cruz B.

El Parque Nacional Natural Paramillo es un entramado biodiverso, rico en aguas, fauna y flora, con especies únicas en el país, que ocupa una amplia zona de los departamentos de Antioquia y Córdoba. Sus montañas, cuyas alturas oscilan entre los 800 y los 2.500 metros sobre el nivel del mar, son tapizadas por bosques de amargos, cedros, canelos y robles de tierra fría cuyas copas permanecen cubiertas por una tenue bruma.

Sus valles son surcados por decenas de riachuelos y de un cristalino sin igual. Allí nacen los ríos Sinú, San Jorge, Ituango y decenas de quebradas que desembocan en el Río Sucio, principal afluente del Atrato. No en vano los ambientalistas bautizaron el Nudo de Paramillo como una fábrica de aguas. Además, es refugio natural de todas las especies de dantas que habitan en Colombia y allí también se encuentran osos de anteojos, pumas, tigrillos y el llamado jaguar americano.

Entrevista con Antonio Martínez, actual jefe de área protegida Parque Nacional Natural Paramillo (Audio)

Por todas estas razones, el Ministerio de Agricultura, mediante Resolución 163 de 1977, aprobó el Acuerdo 024 del 2 de mayo del mismo año, emitido por el desaparecido Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente (Inderena), que reservó 460 mil hectáreas para conformar el Parque Nacional Natural Paramillo, sobre el cual tienen jurisdicción los municipios antioqueños de Peque, Dabeiba e Ituango, y lo cordobeses de Montelíbano y Tierralta.

La Resolución consignó, en su artículo segundo, la prohibición expresa de “cualquier actividad diferente a las de conservación, investigación, educación, recreación, cultura, recuperación y control y en especial la adjudicación de baldíos”. Sin embargo, la orden ministerial no resolvió qué hacer con los campesinos que, al momento de creación del parque, ya habitaban allí.

Tal olvido no era un asunto menor. Registros históricos detallan procesos de colonización campesina en la región conocida como El Manso, en el Alto Sinú cordobés, desde finales del siglo XIX. Por su parte, el historiador de la Universidad de Antioquia, Jorge Alberto Bedoya, consignó en su obra sobre la colonia penal de Antadó, Ituango, cómo este reclusorio, creado durante la primera mitad de la década del 20 del siglo XX, ayudó a la colonización campesina en el Nudo de Paramillo, sobre todo en territorio ituanguino.

Pero el enclave de colonización campesina más numeroso se encontraba en Saiza, un caserío fundado a mediados de la década del 40 del siglo pasado por labriegos antioqueños provenientes de Peque, Ituango, Dabeiba, Urrao y Frontino que huían de la violencia partidista de la época. En poco tiempo, el pueblo levantado en tierras pertenecientes a Tierralta, Córdoba, comenzó a crecer de tal forma que rápidamente se convirtió en corregimiento.

Así, para el año de creación del parque, un nutrido número de campesinos vivía en tierras que, de la noche a la mañana, pasaron a ser áreas protegidas sobre las cuales no se podían desarrollar faenas propias del campo ni proyectos de infraestructura. Es decir, no podían sembrar comida, tener escuelas o acueductos.

Lo peor, según relata David Sepúlveda Roldán, un licenciado en Filosofía y Letras oriundo de Saiza, autor del libro Saiza, esplendor y ocaso, un pueblo fantasma del Nudo del Paramillo, es que los saiceños se enteraron de la noticia en 1983, cuando un grupo de líderes de esta población se desplazó hasta Bogotá para tramitar recursos para proyectos sociales. Lo curioso es que ninguna entidad tenía certeza de cuántos eran los labriegos ni dónde estaban. Eso lo vino a descubrir en 1997 Antonio Martínez, actual jefe de área protegida Parque Nacional Natural Paramillo.

“Yo llego al parque en ese año y no había ningún censo. La verdad es que el Estado no hizo lo que tenía que hacer en su momento: un censo de ocupantes. Para completar, por el tema de orden público, el Paramillo era visto como zona roja. Para 1977, el Epl era fuertísimo, las Farc ya tenían frentes fuertes en esa zona. Y la guerrilla alentó buena parte de la colonización”, explica Martínez.

Por ello, la primera tarea queadelantó el funcionario fue realizar el censo de ocupantes. Para el éxito de la misión, Martínez se apoyó en un carismático líder de Saiza, quien, además, integró la comisión que en 1983 se enteró de la noticia de creación del parque: Jairo Varela. Con su ayuda, los funcionarios de Parques Nacionales recorrieron por cerca de un año las estribaciones y llanuras del Nudo de Paramillo.

El resultado fue más que satisfactorio. Martínez y su gente lograron determinar que para 1998 habitaban el parque 2.223 familias, de las cuales, unas 1.039 se encontraban desperdigadas en 31 veredas de Saiza. Le seguían en su orden El Manso-Tigre-Sinú, con 492 familias; el sector Bota-Cruz Grande, con 160 familias; sector Iguana-Florida, con 93 familias; y Antazales-Galilea, con 50 familias.

Para Martínez, se trató de una labor exitosa toda vez que ya tenía bases concretas para diseñar planes de reubicación de la población censada. De hecho, para los primeros meses de 1999, recuerda el funcionario, las familias de 19 veredas expresaron su intención de aceptar la propuesta de abandonar el parque. Pero apareció la guerra con toda su furia, expulsó a los labriegos y truncó cualquier plan de traslado digno para los labriegos.

Historia bélica

paramillo 3 2 Por cuenta de la declaratoria como parque natural, en Saiza no se pueden realizar obras de infraestructura: construir carreteras, electrificar, instalar antes detelefonía móvil. Foto: Ricardo León Cruz B.Desde su nacimiento, Saiza ha tenido que forjar su carácter al fragor de la guerra que han librado en su territorio todos los grupos armados ilegales. En los sesenta padecieron el yugo impuesto por el Epl. Tal como lo consignó Sepúlveda Roldán en su obra, esta guerrilla ocasionó la muerte de varios líderes saiceños, como Humberto Úsuga, Tocayo Castaño y Miguel Hurtado.

Aunque, a juicio de este autor, esto no fue lo más delicado que generó ese grupo insurgente: “En el segundo semestre de 1968 se organizó en Saiza un grupo de personas civiles dispuestas a servir de colaboradores y guías del Ejército en la lucha contra el Epl. Estas personas civiles salían a patrullar con la tropa porque eran conocedores de la región (…) este grupo en principio se denominó Defensa Civil, pero más tarde se denominaron Autodefensas”.

Las Farc también tienen su capítulo en la región. Entre los más viejos del pueblo aún perdura el recuerdo del ataque de esta guerrilla a la estación de Policía de Saiza y a una base militar en el sitio conocido como El Cerro, a una hora de camino desde la cabecera. Fue el 22 de agosto de 1988. En la madrugada de ese día, insurgentes del Frente 5 arremetieron por cerca de 12 horas contra los uniformados. Según la prensa de la época, la acción armada dejó 39 personas muertas: 10 soldados, dos agentes de Policía, 12 civiles y 15 guerrilleros.

Desde ese día, y durante los siguientes cuatro meses, los colombianos escucharon hablar de Saiza con insistencia. No era para menos. Al cesar los combates, los guerrilleros retuvieron 22 militares. Fue la primera vez en Colombia que un grupo tan amplio de militares caía en manos de las Farc. El hecho desató una tormenta política porque el gobierno de Virgilio Barco se negó a entablar negociaciones con la insurgencia para la liberación de los miembros de la fuerza pública.

El ataque de las Farc fue también un duro golpe a las intenciones de paz que se gestaban en aquel entonces entre la denominada Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar y el gobierno nacional.

En esa toma participó Jovermán Sánchez Arroyave, más conocido como ‘Manteco’, actual comandante del Frente 58 de las Farc. VerdadAbierta.com conoció su versión de este hecho. Explicó que obedeció a razones estratégicas de la guerra: expulsar a los militares de un corredor vital para la guerrilla y, de paso, combatir a los miembros de las autodefensas que rondaban para la época en la región, muchos de los cuales se refugiaban en el comando de Policía.

La verdad que ya comenzó a esclarecerse es la de la barbarie paramilitar en Saiza. Versiones libres entregadas por el exjefe paramilitar Éver Veloza, alias ‘H.H’, a fiscales de la Unidad de Justicia Transicional (antes Justicia y Paz), permitieron conocer detalles de la masacre perpetrada por los ‘paras’ el 14 de julio de 1999. Según ‘H.H’, la incursión al caserío fue la respuesta al ataque perpetrado el 28 de diciembre de 1998 por el Bloque José María Córdova de las Farc al campamento El Diamante, donde residía Carlos Castaño Gil, en la vereda Tolová, corregimiento Palmira, en Tierralta, Córdoba.

En venganza Vicente Castaño le ordenó a alias ‘Rodrigo Doblecero’ planear una acción en Saiza. Éste delegó a alias ‘Jimmy’, un exmilitar que terminó entrenando combatientes para los ejércitos paramilitares de los Castaño en la mítica escuela que funcionó en San Pedro de Urabá y que se conoció como “La 35”. Alias ‘Jimmy’ seleccionó 40 de los hombres más curtidos en la guerra de los bloques Elmer Cárdenas y Bananero, así como a 20 de sus mejores alumnos.

En esa mañana del 14 de julio, los paramilitares iniciaron su recorrido de muerte desde Carepa, pasando por El Cerro, hasta llegar al caso urbano. Arribaron a eso de las 4 de la tarde. Alias ‘Jimmy’ apostó sus hombres a lo largo y ancho del pueblo. Los varones fueron sacados de sus casas a punta de culetazos. Ante los gritos desgarradores de las mujeres, el comandante paramilitar terminó separando a 13 de ellos, a quienes llevó hasta la plaza central. Los ‘paras’ les dispararon a quemaropa y sentenciaron a sus viudas a no recoger los cuerpos si no querían terminar como sus maridos. Antes de retirarse con sus hombres, alias ‘Jimmy’ lanzó una última orden perentoria: en tres días, Saiza debía estar completamente desocupado.

Humberto David Monroy, labriego nacido hace 60 años en Saiza, fue testigo de aquel horror. “Si no es por los gritos de los niños y las mujeres, hubieran quemado todo el pueblo. Esas eran sus intenciones. Así y todo, alcanzaron a quemar varias casas”.

El hecho generó retaliaciones de las Farc. Un campesino asesinado por las Auc significaba dos labriegos asesinados por la guerrilla. Ante esta situación, pocos meses después, recuerda Humberto, todos los campesinos abandonaron el pueblo.

Según datos de la Unidad de Justicia Transicional de la Fiscalía, un total de 1.019 familias salieron forzosamente de Saiza en el segundo semestre de 1999. Así, el pueblo levantado por colonos antiqueños en montañas cordobesas terminó convertido en territorio fantasma y perdiendo su categoría de corregimiento un año después.

La masacre de Saiza fue la última de tres incursiones perpetradas por los paramilitares en caseríos ubicados en el Nudo de Paramillo entre 1997 y 1999: Antazales-Galilea; El Manso-Chupegrande; y San Jorge-Badillo. Por ello, para Monroy, como para el resto de saiceños que debieron abandonar sus tierras forzosamente, estas acciones no tuvieron otra intención más que sacarlos de sus tierras para solucionar un problema que el Estado no sabía cómo atender: la reubicación de los campesinos asentados en el Parque Nacional Natural Paramillo.

Hoy, Saiza no es ni el recuerdo de lo que fue su pasado. Hoy, el caserío cuenta con dos únicas calles que bordean una plaza. En ellas no hay más de 40 viviendas. En el centro de la plaza se divisa una pequeña capilla católica con aspecto tan frágil que parece que se derrumbaría ante el más mínimo temblor.

Tal abandono es lo que más le duele a Monroy. Cuando salió expulsado por los paramilitares, el casco urbano lo poblaban unas 600 personas. “Hoy día hay unas 200 personas. Aquí había ocho profesores, 190 alumnos, ya no queda nada de eso. Antes del desplazamiento había muchas más casas. No había tanto lote. Pero todas se cayeron”, relata.

A esto se suma que en Saiza no hay emblema, símbolo, oficina o funcionario que pueda representar al Estado colombiano. No hay Inspección de Policía, Comisaria de Familia, escuela, mucho menos centro de salud. La sensación de abandono es inevitable. “No hay señal de celular ni Internet; no llegan ayudas ni para la infancia, ni para la tercera edad, nada”, añade Julieth Arango, vocera de la junta de acción comunal. Ella llegó hace tres años a Saiza, proveniente de Carepa.

Retornos problemáticos

paramillo 3 3En Saiza, un pequeño templo católico se erige en la parte alta de la plaza del caserío. Sus paredes blancas están curtidas por el polvo. Por efectos del desplazamiento, la feligresía es escasa. Foto: Juan Diego Restrepo E.El regreso de los labriegos comenzó en 2005. Un grupo de reconocidos líderes, entre ellos Jairo Varela, Juan de Dios Arboleda, Adán Quiroz y Omar Pino, animaron a sus paisanos a reconstruir sus vidas en sus tierras desde cero. Y así fue. La manigua se había tragado por completo a Saiza. “Cada uno comenzó a trabajar de su propia cuenta. A tumbar monte, quien pudo pinto su casa. Por ahí regalaron unas 400 hojas de zinc, pero alcanzó para el techo de 20 casas”, evoca Monroy.

Según este líder comunal, buena parte de quienes hoy viven en la cabecera municipal es gente nueva: “La gente que hay aquí, muy poquitica, es de la gente vieja. Yo diría que apenas el 10 por ciento. La otra es gente que ha venido de Carepa, de Piedras Blancas, Belencito (corregimientos de Carepa) o de Chigorodó”.

Por la fuerza de las circunstancias han tenido que aprender a convivir con la autoridad que imponen los guerrilleros de las Farc. Pero, para Julieth, el principal problema de Saiza no son ellos: “Nosotros nos las llevamos peor con Parques Nacionales que con las Farc. ¿En qué sentido? En que no podemos abrir vías, no podemos meter electrificación. En temporada de invierno, son cuatro y cinco horas de camino hasta Carepa. Los enfermos hay que sacarlos en hamaca. Hace poco se nos murió una niña en parto, se nos desangró”.

Pero no se han cerrado a la búsqueda de soluciones. A través de organizaciones como la Asociación de Campesinos de Saiza (Asodecas), los habitantes de este caserío adelantaban conversaciones con funcionarios del Parque Nacional Natural Paramillo. La intención era plantearle propuestas para que los campesinos pudieran vivir en el parque.

“La comunidad pide muchas cosas, lo más importante es tener la tierra, que podamos vivir aquí, de pronto a cambio de no abrir más potreros, de no tumbar más monte, de pronto de reforestar, de non más ganadería, pero que nos hagan una propuesta, que nos den un subsidio, un ‘pago’ para que la gente se motive y pueda vivir con ese subsidio”, plantea el labriego.

Similar propuesta tiene el jefe guerrillero conocido como ‘El Manteco’, comandante del Frente 58 de las Farc, y quien ofreció su punto de vista a un equipo periodístico de VerdadAbierta.com. (Ver video)

Sin embargo, hace poco más de un mes se rompieron los diálogos con Parques Naturales. Martínez admite que “con los campesinos estamos de acuerdo en muchas cosas. En la importancia del parque, en no tumbar monte, en cuidar las fuentes de agua. Pero hay dos puntos en los que no: en la coca y en frenar el ingreso de más campesinos”.

A juicio del funcionario, ambas situaciones tienen una relación directa: “antes del desplazamiento masivo de campesinos no había minas antipersona en el parque y la coca no pasaba de 200 hectáreas, por allá por San José de Uré y Tierralta. Hoy, el parque está inundado con minas antipersona y la coca ha crecido exponencialmente”.

Martínez, señala, además, que “hoy tenemos una población desplazada que está fuera del parque y llegó gente nueva implantada por la guerra, en estrategia de poblamiento de los actores armados. Y muchos de los que entraron son cocaleros. La pregunta que nosotros nos hacemos es: ¿qué vamos a hacer con toda esa coca?”.

Según datos del Sistema de Medición de Cultivos Ilícitos (Simci) de la Unodc, luego de La Macarena (2.449 ha), el Nukak (1.145 ha) y la Playa (503 ha), el Paramillo es el cuarto parque natural con mayor área sembrada con hoja de coca: 367 hectáreas detectadas en 2014. La cifra representa un aumento con relación al 2013, cuando se registraron unas 284 hectáreas con cultivos de hoja de coca.

Por su parte, los registros del Sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia, muestran que el Paramillo, junto con La Macarena y Tinigua, son los parques naturales que presentan mayores complejidades por cuenta de la ocupación campesina. En el caso del Paramillo, dicha ocupación guarda estrecha relación con un problema aún mayor: la degradación de la tierra como resultado de la deforestación, la tala y quema de bosques, que ha venido creciendo vertiginosamente desde 2002.

Entrevista con Antonio Martínez, actual jefe de área protegida Parque Nacional Natural Paramillo (Audio)

Según Martínez, pequeños afluentes de las cuencas de los ríos Sinú y San Jorge, que abastecen los acueductos de Montería y algunos municipios del Urabá antioqueño, hoy se encuentran completamente secos. “Se han perdido miles de hectáreas de bosque. La contaminación de aguas por vertimiento de químicos de procesamiento de coca es preocupante. Hoy tenemos una situación nunca antes vista en el parque: afluentes totalmente secos y los ríos en un nivel sumamente bajo”, explica el funcionario.

¿Ayudará la paz?

paramillo 3 4En verano, solo dos vehículos de servicio público ingresan a Saiza desde Carepa, uno en la mañana y otro en la tarde. En invierno, este transporte se suspende y la comunidad queda aislada del Urabá antioquieño. Foto: Ricardo León Cruz B.En sus más de 50 años de vida, Juan de Dios* ha tenido que hacerle el quite a la violencia. De joven tuvo que abandonar su natal Currulao, Turbo, por cuenta de la guerra entre las guerrillas de las Farc, Epl y el Ejército Nacional. En las barriadas pobres de Medellín conoció todas las penurias posibles en su condición de desplazado y soportó la violencia urbana. En busca de mejores aires, se fue a vivir al sur de Bolívar como raspachín de coca, pero llegaron comandos de las Autodefensas Unidas de Colombia sembrando el terror y huyó de nuevo.

Hace poco más de un año, este labriego llegó a una vereda en lo más profundo de Saiza. Allí compró una finca por 28 millones de pesos, de la cual solo tiene un documento de compraventa. El lugar hace recordar los orígenes de la colonización: No hay energía eléctrica, acueducto o alcantarillado; mucho menos internet o señal de celular. Lo que si abunda es el agua cristalina, los pastos fértiles, la vegetación exuberante y las Farc. Allá, los frentes 5 y 58 son “Dios y Ley”.

“La verdad no he tenido problemas con esa gente. Además, con eso del proceso de paz, las cosas están muy calmadas”, asevera Juan de Dios, quien, si bien es consciente que pagó por una tierra en un parque natural, también se une a la pelea que dan los campesinos que han retornado a sus tierras en Saiza: “hombre, esto fue primero pueblo y después parque. Entonces, eso es una pelea donde la razón la tiene el campesino”.

Entre 2009 y 2011, los funcionarios de Parques Nacionales, apoyados en el líder Jairo Varela, intentaron actualizar el censo realizado en 1998. Además de contar con datos certeros sobre la población campesina, la actividad también tenía como finalidad saber cuántos predios y de que extensión. Para lograr establecer cifras precisas, los funcionarios iban dotados de GPS.

Las ayudas tecnológicas comenzaron a mostrar sus resultados. Unos 490 predios fueron identificados, solo en jurisdicción de Saiza. La extensión de dichas fincas no correspondía con la señalada por los campesinos en sus documentos de compraventa. Además, se comenzó a detectar acumulación de predios en pocas manos.

¿Por qué mataron a Jairo Varela?

Pero nuevamente apareció la guerra para truncar la actividad de Parques Nacionales. El 5 de octubre de 2011, las Farc asesinaron a Jairo Varela en Saiza. La orden la dio ‘El Manteco’, quien, ante una cámara de VerdadAbierta.com, reconoció el hecho. (ver video)

“El impacto de la muere de Jairo fue tan grande, que hubo una discusión muy fuerte sobre la suerte del Paramillo: ¿era viable o lo mejor era acabar con él?”, recuerda Martínez. Pese a todas las dificultades, continúa siendo parque.

Para personas como Juan de Dios, Humberto, Julieth o el mismo Antonio, es claro que el proceso de paz no solucionará los problemas que se viven en la profundidad selvática del parque. Aunque ya comienzan a advertirse algunos síntomas positivos, como, por ejemplo, la relativa tranquilidad que se respira en Saiza, nunca antes conocida por sus pobladores.

Los vientos de tranquilidad que soplan en la región también permitieron que Antonio Martínez volviera a recorrer los parajes del parque. No lo hacía desde la muerte de Jairo Varela.

A ello se suma la orden de no sembrar más hoja de coca. “Está parada la sembrada. Solamente los que tengan su coca, a bregar a ver que hacen con esos cultivos. Pero el gobierno va tener que darle solución a esa gente. La gente está manteniendo lo que tiene, pero no se puede abrir más tajo”, cuenta Monroy, quien aclara que “fueron Las juntas de acción comunal las que tomaron la decisión”.

Si bien el labriego reconoce un alto nivel de incidencia de las Farc en el trabajo comunitario en Saiza, es categórico en afirmar que todas las decisiones son tomadas por la comunidad y respetadas por el grupo armado. Incluso, pese a que los saiceños hablan con insistencia sobre la posibilidad de que allí se instale una zona de concentración de guerrilleros, el líder campesino señala que “sí se está conversando sobre eso, pero eso es una decisión de toda la comunidad”.

Pero las soluciones son insuficientes y el problema genera más preguntas que respuestas: ¿Cómo resolver laocupación campesina del parque? ¿A quiénes se les debe reconocer derechos: a los que salieron desplazados en 1999 o a los que habitan hoy el parque? ¿Cómo enfrentar el problema de los cultivos de hoja de coca? ¿Existen las condiciones de seguridad necesarias para actualizar el censo realizado en 1998? ¿Persistirán grupos armados ilegales luego de la desmovilización de las Farc?  Ante esos, y muchos otros interrogantes, solo queda recurrir a la sabiduría de los adagios populares: “solo el tiempo lo dirá”.

* Nombre cambiado por petición de la fuente