Putumayo: el padecimiento de una tierra rica

Informe del Centro de Memoria Histórica detalla cómo este departamento ha cambiado a causa del ‘boom’ de la coca y el petróleo.

cnmh putumayo 1Actualmente, Putumayo es el segundo departamento del país con más hectáreas de hoja de coca y la cuenca Caguán – Putumayo es una de las que más produce petróleo en toda Colombia. Foto: archivo Semana.“El Estado en Putumayo aparece para extraer recursos o para poner a la Fuerza Pública a defender los intereses de la extracción, como ocurrió con las petroleras”, afirma Edinso Culma, relator del nuevo informe del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) sobre este departamento.

El texto ‘Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en Putumayo’ gira en torno a cómo todo un departamento ha cambiado por los grupos armados y por sus ‘boom’ económicos durante el último siglo: quina, caucho, madera, pieles exóticas, petróleo y coca.

Tan importantes han sido las diferentes economías que fue por el dinero que movía el petróleo que Puerto Asís y Orito se convirtieron en municipios en 1967 y 1978, respectivamente. Mientras que los poblados Valle del Guamuez, Puerto Caicedo, San Miguel y Puerto Guzmán alcanzaron ese mismo estatus administrativo luego de ser puntos esenciales de distribución de coca y en la década de oro de su comercialización, según el informe de CNMH.

Economías que cambian todo

Durante la explotación de quina y caucho, se dieron grandes extensiones de tierra a quien pudiera explotarla y a la misión religiosa Capuchina “con el propósito de integrar a la Nación a los pueblos nativos que habitaban las regiones del Caquetá y Putumayo”. Las consecuencias fueron devastadoras: a causa de los maltratos físicos a los que fueron sometidos durante su esclavitud para producir caucho, perdieron la vida por lo menos 40 mil indígenas de las étnias Huitoto, Bora, Ocaina y Andoque.

Pero esa situación era sólo el inicio de una tragedia mayor. Llegaron entonces los colonos de otros departamentos del país en busca de pieles exóticas de animales para saciar la demanda de la moda en Europa y Estados Unidos; y posteriormente se necesitaron más hombres para la explotación de maderas finas como cedro, granadillo, amarillo y achapo.

Fue así como poco a poco la población cambió drásticamente. Entre 1940 y 1962, miles de personas de Nariño llegaron a Putumayo buscando trabajo y tierras, en gran parte porque en aquel departamento anularon los resguardos indígenas. El resultado es que el 72% de los habitantes de Putumayo en 1964, venían del territorio vecino, como lo muestra el CNMH.

En busca del oro negro

Pero mucha más gente llegaría atraída por el petróleo. Cuando la compañía Texaco explotó el primer pozo petrolero en Putumayo, en 1963, literalmente se encontró una mina de oro: 120.000 barriles diarios, una cifra que hoy no producen ni siquiera todos los pozos de ese departamento.

Inicialmente, casi no desarrolló infraestructura vial, pues sus operaciones de transporte, tanto de personal como de insumos, las hacía con aviones y helicópteros. Pero luego, contrató miles de obreros para construir la vía entre Santana y el río Orito, la carretera que comunica a Orito con San Miguel y el Oleoducto Transandino, entre Orito y Tumaco.

Esta fue la segunda oleada de colonos más grande de la historia del departamento, según el informe de la CNMH. Unos llegaron por trabajo en las petroleras y otros a montar y trabajar en hoteles, restaurantes y prostíbulos.

El problema era que se asentaban en cualquier lugar, sembraban el pancoger y levantaban cercas a su antojo, sin importar si era un predio de la petrolera, de otro campesino o de los indígenas. Por su parte, la Texaco hizo todo tipo de juegos sucios para no pagarle lo suficiente a sus empleados.

“No es cierto que los ‘blancos’ que iban detrás del petróleo de Orito encontraran tierras vacías o baldías. Más bien su llegada aceleró la huida de los pueblos indígenas a las profundidades de la selva”, apunta el documento de la CNMH y agrega que en 1966 el extinto Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (Incora) quiso adjudicar tierras supuestamente baldías “sin haber blindado los derechos que sobre ellas tenían de tiempo atrás los pueblos indígenas”, según el informe.

Coca: otra producción agrícola

Tras casi 20 años de explotación petrolera, Texaco ya no encontraba rentabilidad en ese pozo, la producción disminuyó hasta el punto de que la multinacional estadounidense le cedió su contrato a la colombiana Ecopetrol y salió de Putumayo.

Esa circunstancia permitió que, por primera vez en mucho tiempo, los campesinos de la región vivieran con base en una economía agrícola tradicional, sustentada en arroz, maíz, yuca, plátano, palma de aceite y menta. Pero mientras esto ocurría en la década del setenta, los grandes carteles del narcotráfico en el país, especialmente los de Medellín y Cali, llegaban al departamento para procesar la base de coca que traían de Perú. Y una década después, ya había un nuevo ‘boom’ económico muy diferente al agrario.

Mientras que en 1980 el entonces Instituto de Mercadeo Agropecuario (Idema) compró 2.382 toneladas de productos en el municipio de Puerto Asís, en 1983 solo adquirió 100 porque la gente dejó lo cultivos de pancoger y se metió de lleno a sembrar hoja de la coca con el fin de satisfacer la demanda de los carteles.

El escenario de ilegalidad en el departamento se agravó con la llegada, en 1987, del narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha, socio del Cartel de Medellín, y con los acuerdos a los que llegó con la insurgencia.

“Durante ese año, las Farc, junto con el Epl, se encargaron de controlar ‘la llegada y la salida de avionetas en las pistas de aterrizaje de El Azul (finca de Rodríguez Gacha), brindándoles protección y cobrando a cambio un impuesto de gramaje o una cuota mensual por la custodia’”, detalla un informe de la Comisión Andina de Juristas citado por el CNMH.

Además, los narcotraficantes trajeron a sus propios hombres armados y entrenados. Luego de la muerte de Rodríguez Gacha, durante un operativo policial el 15 de diciembre de 1989 en Tolú, Sucre, esos mercenarios comenzaron a trabajar con otro traficante, Fidel Castaño Gil. Fue así como se crearon los primeros grupos de autodefensa, apodados Los Combos y Los Masetos, convirtiéndose en el germen del paramilitarismo en Putumayo.

No obstante, en esa primera etapa, no tenían la fuerza suficiente para enfrentarse a las guerrillas, por lo que las Farc los repelieron rápidamente y se convirtieron en dueñas y señoras de la coca en el Putumayo. Por otra parte, se convirtió en la economía principal del departamento y en la causa de la oleada de colonos más grande de su historia.

“Todos cosechamos coca en su momento. Luego, vimos que era un dinero efímero y que todo se complicaba más con las fumigaciones. Empezamos a dejar los sembrados grandes para cosechar matas lo más cerca que se pudiera de la casa. Ya eso no es así y hay que meterse muy adentro para encontrar las matas”, asegura una líder de Puerto Asís, quien pide la reserva de su nombre.

cnmh putumayo 2Aunque la siembra de coca disminuyó drásticamente en Putumayo a partir de que se implementó el Plan Colombia, años después los cultivos comenzaron a aumentar y hoy ese crecimiento continúa. Foto: archivo Semana.Y es que esta hoja se expandía en Putumayo a un ritmo desenfrenado, hasta el punto que, en el año 2000, el área sembrada en el departamento correspondía al 40% de hoja de coca para uso ilícito de todo el país.

“Con la visibilidad de estos cultivos, el gobierno fijó la mirada en ese departamento y esto conllevó a la aplicación de Plan Colombia”, explica Culma, un programa que impulsó el entonces presidente de la República Andrés Pastrana (1998-2002) y que financió el gobierno estadounidense.

La aplicación del Plan Colombia en el Putumayo significó el aumento del pie de fuerza, representado en más hombres del Ejército y la Policía. Pero la queja constante de la comunidad es que los militares no llegaron precisamente por proteger a la ciudadanía sino a los intereses privados, como indica el informe: “La Fuerza Pública no iba a perseguir a las Farc sino iban a sacarlos del territorio porque lo necesitaban para dárselo en concesión a empresas petroleras”.

En efecto, el Gobierno le apostaba a buscar otra vez petróleo y para ello renovó Ecopetrol y creó la Agencia Nacional de Hidrocarburos. Años después, en 2012, ya había 34 contratos nuevos para buscar y extraer el oro negro en Putumayo. En 2013 ese departamento producía 35.544 barriles diarios de crudo, mientras que en 1991 superó escasamente los 15.000.

Además, en las últimas dos décadas, los cultivos de hoja de coca para uso ilícito disminuyeron en el departamento hasta llegar a 13.000 hectáreas en 2014. Mientras tanto, el petróleo se posicionó de nuevo como el ‘boom’ económico de Putumayo pero con ello han llegado nuevas situaciones sociales.

“Junto a la reactivación de la industria petrolera en Putumayo durante la última década, han crecido los rumores sobre la existencia de redes criminales dedicadas a la prostitución de menores que tienen como clientes a los ‘trabajadores petroleros’”, asegura el CNMH.

Reflejo de esa denuncia es la incautación por parte de la Fiscalía, en 2014, de un computador que contenía catálogos con 50 menores de edad y una lista de clientes “entre los cuales se destacan nombres de personajes reconocidos de Puerto Asís tales como comerciantes, funcionarios públicos de la alcaldía, ‘trabajadores de la industria petrolera y hasta un fiscal’”, asevera el informe.

Es así como continúan las disputas para sacar provecho de la economía de Putumayo, con la población de por medio y un Estado que solo mira al departamento por los intereses particulares. Pues, como se refleja en el análisis del CNMH, siempre ha habido un grupo detrás del ‘boom’ económico del momento mientras los habitantes autorregulan su vida cotidiana, a veces entre ellos mismos y otras con las imposiciones de los grupos armados ilegales.