Escrito por: Germán Arenas Usme, especial para VerdadAbierta.com

Los habitantes de esa región todavía no han superado las secuelas del conflicto armado que padecieron hace un par de décadas y están sufriendo una nueva ola de violencia que ha producido más desplazamientos forzados. Las desgastadas fachadas de sus edificaciones dan testimonio de los horrores que causó la guerra entre guerrilleros y paramilitares.

Caminar por las calles polvorientas de la inspección de El Placer, en el municipio del Valle del Guamuez, en medio de la espesa selva del Putumayo, es sentir el manto de la muerte en cada paso que se da. El sol brilla en su esplendor, mientras el reloj de la vieja torre de la iglesia da la bienvenida al forastero. Sus manecillas indica que son las 12 del mediodía, y el calor abraza a propios y extraños.

A lo lejos se divisa una pequeña tienda, al tiempo que un corrido prohibido de esos que entonan los Tigres del Norte, flota en el ambiente con algo de nostalgia.

“La vida en este pueblo no es la misma luego que los paramilitares, bajo el mando de Arnulfo Santamaría Galindo, conocido con el alias ‘Pipa’, incursionaran en la plaza central y ordenaran a los presentes tirarse al piso, mientras que disparaban a los que trataban huir. El saldo: 11 personas asesinadas, entre ellos un ecuatoriano y una mujer en embarazo”, relata Nicanor, uno de los pocos habitantes que aún permanecen en el caserío.

La manera cómo se organizó esa horrenda masacre, perpetrada el 7 de noviembre de 1999, fue descrita ante fiscales de Justicia y Paz por varios exparamilitares que se acogieron a los beneficios de la Ley 975 de 2005, entre ellos Carlos Mario Ospina Bedoya, alias ‘Tomate’, quien integró el Frente Sur Putumayo del Bloque Central Bolívar de las Autodefensas Unidas de Colombia. (Leer más en: Desmovilizado relató cómo fueron las masacres de El Placer y La Dorada)

Desde aquel tráfico día, y hasta a mediados del año 2006, el comando paramilitar hizo presencia en la inspección, sosteniendo varios combates armados con guerrilleros del Frente 48 de las Farc, lo cuales provocaron centenares de muertos entre los ilegales y en la misma población civil, a lo que se sumó el desplazamiento de familias enteras que jamás regresaron a sus terruños.

Las huellas de esos tristes recuerdos se palpan en casas abandonadas y enmontadas en medio de la maleza, con impactos de balas en sus paredes y otras destruidas totalmente. Cuentan que, en algunas de esas viviendas, en las noches, se escuchan gritos de dolor y llantos de suplicas. Claro, es que varias de ellas fueron utilizadas por los paramilitares para torturar a sus víctimas, en su mayoría señaladas de ser guerrilleros, milicianos y simpatizantes de las Farc.

En aquellas derruidas edificaciones también se perpetró un crimen atroz: la violación de decenas de mujeres, pobladoras del lugar. Registro de esa acción demencial de los paramilitares fue recogida por el Centro Nacional de Memoria Histórica en el documental «Mujeres tras las Huellas de la Memoria», difundido en 2012. (Leer más en: Los amargos recuerdos de El Placer en el Putumayo)

Alguien acota en este desolado caserío que la guerra fue sin tregua entre guerrilleros de las Farc y paramilitares por la disputa del territorio. Unos por no dejarse sacar y los otros por querer ser dueños de él. Detrás de esa actividad bélica estaba el afán de controlar el negocio de la siembra de hoja de coca y la producción de clorhidrato de cocaína.

El presente, bajo miedo

Foto: Germán Arenas Usme.

Dos décadas más tarde y cuando se presumía que la paz reinaría en este lugar que fue escenario permanente del conflicto armado tras la firma del Acuerdo de Paz entre el Estado colombiano en el gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018) y la antigua guerrilla de las Farc, el fantasma de la guerra de nuevo asoma tímidamente.

La situación está generando de nuevo miedo entre los habitantes que aún quedan en El Placer, distante a diez kilómetros de La Hormiga, capital del valle del Guamuez, en el bajo Putumayo. En su cabecera municipal no hay más de 500 pobladores.

Juan Tovar, uno de los cofundadores de El Placer hace más de 53 años, cuenta que de nuevo los violentos han retornado con una sed de venganza: “No sabemos si son guerrilla o paramilitares, lo que sabemos es que nos están amenazando de muerte con panfletos rotulados con el nombre de las ‘Águilas Negras’”. Y subraya: “Esos panfletos están circulando entre el pueblo, hasta yo figuro allí, y yo que no me meto con nadie”.

Desde el año pasado hasta la fecha son muchas las personas que han asesinado en las solitarias carreteras que circundan la inspección de El Placer. Inclusive, se conocen que familias enteras han sido ajusticiadas por ese grupo armado y al parecer por ajustes de cuentas con el narcotráfico.

“Los campesinos han venido denunciando por estos días su preocupación por la reorganización de grupos armados ilegales”, dice Eder Jair Sánchez, coordinador de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (Anuc) en Putumayo.

“Antes hablaban de cinco, diez hombres, que andaban en varios municipios, hoy hablan de 15 y hasta 20 hombres armados y eso ya empieza a preocupar”, continúa Sánchez. “Esa presencia es sobre todo en el área fronteriza de los municipios de Puerto Asís, Valle del Guamuez, San Miguel y Puerto Leguizamo, en el área fronteriza con Ecuador, lo que empieza a generar zozobra”.

Y el temor de los pobladores de esta región del Putumayo no es infundada. “Los campesinos han denunciado que sienten miedo porque se empiezan a generar manuales de convivencia, a restringir la movilidad en las veredas, a poner condiciones, se habla de que también están estableciendo multas”, detalla el vocero de la ANUC en esta región del sur del país.

En medio de las preocupaciones, Sánchez hace dos peticiones concretas: “esperemos que el gobierno nacional, frente al tema de seguridad, tome las medidas pertinentes porque la idea es que no regrese la guerra. Definitivamente el proceso de paz es muy valioso y creo que hay que rodearlo”.

Foto: Germán Arenas Usme.

La inquietud no es para menos: de las 18 estructuras disidentes que se encuentran en el país, según la Fundación Ideas para la Paz (FIP), en Putumayo hay cuatro: los frentes 1, 48, 49 y 62, que desde 2018 han bajado desde Caquetá, para disputarse el control social y las rentas del narcotráfico en los límites con Ecuador y Perú. (Leer más en: Disidencias, el nuevo motor de la violencia de Putumayo)

Esa reconfiguración de grupos armados ilegales impacta a El Placer: cada día son más las personas que están saliendo de allí. “Anochecen, pero no amanecen”, dice una mujer que pidió reserva del nombre por seguridad y quien afirmó que ya se ve presencia de hombres armados como en el pasado, como cuando los paramilitares patrullaban por las calles imponiendo su ley.

“Acá se están disputando de nuevo el territorio entre ‘paracos’ y guerrilleros, y todo por controlar el tema del narcotráfico”, comenta otro parroquiano, quien advierte en voz baja que se debe andar con cuidado y no preguntar “maricadas”.

A pesar de la tensa situación no se observa presencia militar, tan sólo unos ocho policías montando guardia en la estación, en alerta permanente como en los viejos tiempos, ya que hay advertencia de posibles ataques contra ellos, como lo indica uno de los uniformados, al tiempo que indagan por los visitantes y la razón de por qué tomábamos fotografías.

Hay que anotar que la situación en el Bajo Putumayo, sobre toda en esta zona del departamento, es bastante compleja por la cantidad de asesinatos que se han registrado sin que hasta la fecha se haya esclarecidos.

El Placer es un pueblo fantasma en medio de las selvas de Putumayo, en donde aún se saborea el amargo sabor del miedo, pese a la gran expectativa que generó el Acuerdo de Paz firmado con las antiguas Farc.