El nombramiento de Darío Acevedo como la cabeza de la agencia estatal encargada de reunir el material documental y testimonial sobre violaciones derechos humanos ocurridas en el marco del conflicto armado interno, para proporcionar y enriquecer el conocimiento de la historia política y social de Colombia, despertó repudio en amplios sectores sociales y organizaciones de víctimas. ¿La razón? Niega la existencia del conflicto armado y en varias ocasiones ha estigmatizado.

Y la tercera fue la vencida. En la tarde de ayer, el presidente de la República, Iván Duque Márquez, expidió el Decreto 247 de este año, por medio del cual nombró a Acevedo, profesional en Historia con maestría y doctorado en esa área, como Director General del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).

Desde que llegó a la Casa de Nariño, definir el reemplazo Gonzalo Sánchez, quien estuvo al frente del CNMH desde su creación en 2011, cuando se promulgó la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, se convirtió en un dolor de cabeza para el primer mandatario de los colombianos. Antes de Acevedo, dos personas estuvieron cerca de ocupar ese cargo, pero la presión de diversos sectores sociales reversó el nombramiento.

El primer descartado fue el periodista Mario Javier Pacheco, quien anteriormente había señalado que el CNMH era una “estructura infiltrada por la guerrilla”. En una columna publicada en el portal Kienyke.com, titulada Carta abierta a Márquez y al Paisa, de las Farc, señaló: “(…) Es bueno advertir que dicho Centro es otra de esas estructuras infiltradas, pagadas por el Estado para deslegitimar al mismo Estado y que sus informes lujosos y voluminosos, están cargados de omisiones tendenciosas que pretenden minimizar los horrores de las Farc y echar la culpa de los mismos, al Estado y al extinto grupo criminal de las AUC”.

El otro aspirante que estuvo a punto de llegar a la Dirección del CNMH fue el catedrático Vicente Torrijos, quien, el pasado 7 de diciembre, declinó el ofrecimiento, luego de que se descubriera que no tenía doctorado en Relaciones Internacionales y que había contratado en dos ocasiones con el Estado atribuyéndose dicho título de posgrado. En una carta, tras ser despedido de la Universidad del Rosario, le expresó al presidente Duque que rechazaba su designación por “las infundadas, injustas y tendenciosas informaciones que han circulado en los medios de comunicación y en las redes sociales, han afectado mi buen nombre y le están causando molestias a su gobierno”.

Finalmente, y a pesar de la férrea oposición que expresaron organizaciones de víctimas y de la presión que también se generó en redes sociales, el jefe del Ejecutivo hizo caso omiso y nombró como nuevo director del CNMH al historiador antioqueño Darío Acevedo, quien fue docente y Vicedecano de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Universidad Nacional.

La principal crítica hacia Acevedo es su postura ‘negacionista’ del conflicto armado interno, en favor de otra sobre un Estado que combatió una amenaza terrorista. Al respecto, en una reciente entrevista con el diario El Colombiano, señaló que “aunque la Ley de Víctimas dice que lo vivido fue un conflicto armado, eso no puede convertirse en una verdad oficial”. Postura similar expresó en el periódico El Tiempo: “Pienso que ciertas fuerzas políticas comunistas y de izquierda intentaron adelantar una guerra revolucionaria en Colombia, pero fracasaron en su propósito de involucrar a amplios sectores de la población y dividirla en dos bandos claramente delimitados”.

A pesar de ello, el historiador ha señalado que sus opiniones son personales y no tienen por qué afectar su labor como director del CNMH: “Para tranquilidad de las víctimas quiero aclarar que, por filosofía, por estipulaciones de la función pública y por experiencia en mi vida académica, no mezclaré ni afectaré la recolección de sus memorias con mis opiniones personales. Como alto funcionario del Estado habré de respetar y de garantizar la inviolabilidad de los testimonios, se traten de víctimas de los grupos paramilitares, de los grupos guerrilleros o de agentes del Estado que hayan abusado de la autoridad”.

Director poco confiable

Trinos del nuevo Director del Centro Nacional de Memoria Histórica realizados en el último semestre de 2018, en su cuenta @darioacevedoc.

El 4 de febrero, tan pronto empezó a sonar el nombre de Acevedo como candidato para dirigir el CNMH, 89 organizaciones de víctimas y defensoras de derechos humanos le enviaron una carta al presidente Duque pidiéndole reconsiderar esa decisión, argumentando que el historiador carece de la objetividad necesaria para llevar las riendas de esa entidad. (Descargar misiva)

Asimismo, le recordaron el perfil que debe cumplir una persona idónea para ese cargo, tal y como se lo habían expresado el pasado mes de noviembre en dos ocasiones. A su juicio, ese funcionario debe tener “legitimidad y capacidad de interlocución con organizaciones, comunidades y personas víctimas del conflicto, así como instancias de la comunidad internacional; tener una visión objetiva e imparcial sobre el conflicto colombiano y los actores participantes en este; haber realizado trabajo directo con comunidades y organizaciones de víctimas y vulneradas en el país; garantizar una trayectoria de vida profesional y personal intachable tanto en lo público como en lo privado; poseer altos méritos académicos comprobables y de calidad; y haber desarrollado cargos de dirección en ámbitos académicos universitarios o en institutos de investigación y de pensamiento”.

Para William Wilches, miembro del Museo de Caquetá, que hace parte de la Red Colombiana de Lugares de Memoria, asociación que agrupa a 27 organizaciones de ese tipo en todo el país, Acevedo no encaja con ese perfil. “Las opiniones que ha manifestado reflejan el pensamiento que va en contra de las víctimas, de reconocer que aquí hubo un conflicto armado. Esas manifestaciones sorprenden a las organizaciones de base que aspiran a que la personas que lleguen a su Dirección puedan trabajar de la mano de las víctimas”, señala. (Leer más sobre la Red en: “Nosotros ya tenemos la memoria histórica”)

Y prosigue: “Nosotros queremos que los actores armados se sienten con las víctimas y les cuenten la verdad de los hechos. Esa es una forma de reparación, pero hay una gran preocupación porque las víctimas no se sienten representadas ni habrá una verdad objetiva, sino que va imperar la verdad oficial”. (Leer más en: Fuerza Pública puja por la memoria histórica)

Pablo Cala, defensor de derechos humanos y miembro de la Fundación Hasta Encontrarlos, que trabaja para esclarecer los hechos de violencia ocurridos en el conflicto armado y la búsqueda de desaparecidos en Guaviare, recibió con frustración el nombramiento de Acevedo, porque, a su juicio, el gobierno nacional no está escuchando a las organizaciones sociales ni a las víctimas, que claman por no retroceder y perder los avances alcanzados en los últimos años.

“Es necesario comprender que en Colombia no sólo ha existido conflicto, sino que todavía falta resolver y negociar con algunas guerrillas como el Eln. Este nombramiento es la manifestación de que este gobierno no es coherente con su discurso en el exterior, en el que dice que apoya la paz en Colombia, sino que genera un vacío frente a lo que puede ser la construcción de una paz estable y duradera”, indica.

Además, señala que la llegada de Acevedo al CNMH genera preocupación frente a la manipulación de la memoria histórica: “De sus escritos se extraen justificaciones, no solamente sobre la no existencia del conflicto armado, sino de elementos que pueden terminar justificando ciertas lógicas como el paramilitarismo y la parapolítica. Eso va a terminar siendo una tergiversación del mandato y función de un centro de memoria histórica a nivel nacional”.

Un concepto similar expresa César Vargas, vocero de la estrategia de Verdad y Memoria del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), quien plantea que el nombramiento de Acevedo es una apuesta por la desmemoria: “Lo que más nos preocupa es el negacionismo frente a la existencia del conflicto armado. No sólo porque es un contra sentido conceptual, sino porque al negarlo, se niega la existencia de las víctimas, de una confrontación en la cual el Estado es parte y se le quita la categoría como actor de la guerra. Por lo tanto, las víctimas de los agentes del Estado desaparecerían del panorama conceptual y de la historia misma. Y también se niega cualquier posibilidad de darle una salida política negociada al conflicto; se vuelve a la lógica de la amenaza terrorista”.

Importancia de la memoria

Conocer la verdad y narrar los horrores que sufrieron por el conflicto armado, le ha servido a las víctimas para sanar sus heridas. Foto: Juan Diego Restrepo.

Nelson Fernández, presidente de la Asociación de Familiares de Víctimas de Trujillo (Afavit), que entre los años 80 y 90 padecieron una ola de violencia a manos de una alianza entre narcotraficantes, paramilitares y miembros de la Fuerza Pública en ese municipio del norte de Valle del Cauca, que casualmente fue el primer caso que documentó en profundidad el CNMH, considera que todo relato de memoria debe partir desde las víctimas del conflicto armado, pero la elección de Acevedo genera una contradicción por sus tesis como catedrático.

“La memoria es un pasado que vivimos y sentimos en el presente, de hechos que no queremos para el futuro. Por eso, le diría al doctor Acevedo que rectificara su salida en falso con esa expresión (de negación del conflicto armado) y pidiera perdón a las víctimas; que se comprometa a trabajar por las víctimas y la verdad que quieren, para esclarecer esos hechos tan dolorosos”, plantea.

Wilches resalta que la Ley de Víctimas habla del deber del Estado con la memoria, pero que ellos luchan por el derecho a la memoria de los pueblos: “Los que sufrimos el rigor de la violencia necesitamos conocer la verdad, y se trata de construirla de manera colectiva y participativa. Por eso estamos en contra de que las opiniones de quien van a dirigir el Centro de Memoria estén parcializadas en favor de alguna gente y que represente una verdad oficial del Estado”.

De manera similar, Cala plantea que la memoria no sólo es un tema del pasado, también es la construcción del presente y del porvenir: “Las nuevas generaciones no pueden construirse sobre la tergiversación de lo que ha sido la historia de Colombia, y la memoria es vital para la construcción social y democrática de un país. Es la posibilidad de cimentar una paz basada en la verdad”.

Por eso, sin querer hacer malos augurios, señala que el CNMH puede terminar aislado de la sociedad, “en particular de las víctimas y de las organizaciones que trabajan por la verdad, la memoria y la justicia, porque será muy difícil que con todo lo que él ha planteado como antecedente, pueda haber un cambio en su manera de ser en el Centro Nacional de Memoria. Terminará aislado y seguramente muy pocas organizaciones se acercarán para trabajar con el Centro. Sin las víctimas y las organizaciones, no sabemos qué papel va a jugar”.

Y señala que, en el caso de su organización, no piensan interlocutar con Acevedo: “Hemos tenido experiencias anteriores, en las que esos argumentos y posturas generan un diálogo vacío donde no hay retroalimentación y nos vamos a desgastar en una instancia que va insistir en sus posiciones de negación del conflicto armado y demás”.

Esas palabras cobraron vida horas después de que se conoció el decreto presidencial que asigna al historiador antioqueño como nuevo director del CNMH, pues la organización Minga, que acompaña a diversas víctimas en el suroccidente y nororiente colombiano, señaló que perdió la confianza que tenía depositada en esa entidad y solicitará que le devuelva los archivos que le entregó años atrás como aporte a la reconstrucción de la historia del conflicto armado.

Diana Sánchez, directora de Minga y coordinadora del Programa Somos Defensores -que desde 2002 documenta agresiones a líderes sociales-, explicó cómo llegó al CNMH parte de su archivo sobre la región del Catatumbo, en Norte de Santander, conformado durante 25 años y por qué ahora lo retirarán, quitándole todos los derechos de uso.

“Le entregamos al Centro de Memoria una cantidad de archivos para que estos se conjugaran de alguna manera desde una versión no oficial, como es la nuestra, de los hechos de violencia sociopolítica en el conflicto armado en una región altamente victimizada, con la institucionalidad”, detalló esta activista. “Haría como una amalgama muy interesante y le daría fuerza a futuro, para que eso quedara haciendo parte del archivo y fuera consultado por investigadores, estudiantes, y el público interesado en conocer la historia”.

No obstante, esa intención comenzó a ser cuestionada cuando llegó Duque a la Casa de Nariño y, sobre todo, cuando comenzaron a barajarse nombres de personas cuestionadas. “Empezamos a ver que el enfoque y la perspectiva cambió diametralmente. No compartimos estas personas que niegan de entrada el conflicto armado, que niegan que haya víctimas, que haya una historia que hay que reconocer y reconstruirla”, precisó Sánchez.

Uno de los puntos culminantes del CNMH es la construcción del Museo Nacional de la Memoria.

Ese cambio de perspectiva bajo el nuevo gobierno generó en Minga y en otras organizaciones defensoras de derechos humanos la idea de retirar los archivos que ya habían cedido porque temían que no les fueran a dar el uso adecuado y los desconocieran por completo.

La idea se aceleró ahora con el nombramiento de Acevedo. “Obviamente, tomamos la decisión de retirar todo ese material, es nuestro, y no puede quedar en manos de una institucionalidad que es contraria a las búsquedas del enfoque de derechos humanos y paz que tenemos nosotros”, reiteró.

Por esa razón, desde Minga invitaron a todas las organizaciones retirar todos los archivos que le suministraron al CNMH, pues no permitirán que la memoria que por años han construido como sociedad civil y, según Sánchez, “por el peligro que encierra que estén en manos de personas completamente adversas a las víctimas, a las organizaciones de derechos humanos”.

Por su parte, Wilfredo Cañizares, director de la Fundación Progresar, con sede en Cúcuta, que adelanta desde hace más de dos décadas labores de defensa de los derechos humanos en Norte de Santander, reconoció que, afortunadamente, no entregaron sus archivos de más de 30 años de labores. Incluso, dijo, que desde que Gonzalo Sánchez estaba al frente del CNMH, mostraron sus reservas sobre la manera de investigar en las regiones.

“Nosotros con ellos fuimos prudentes porque no nos gustaba la metodología de venir, recoger información, escribir libros y nada más. O venir, entrevistar una persona dos o tres días y ya”, explicó Cañizares, aunque reconoció que el año pasado hicieron un acuerdo y adelantaron algunas actividades, como la valoración de su documentación, que cuenta con 300 mil archivos.

Con la llegada de Acevedo la desconfianza se incrementó. A juicio del director de la Fundación Progresar, “este gobierno está desmontando todo y está tratando de montar su visión de las cosas, van a tratar de crear su versión de los hechos”.

Esa situación de desconfianza ya le había sido advertida, 15 días atrás, al presidente Duque, en la carta que le enviaron las 89 organizaciones sociales y de víctimas: “Expresamos nuestra preocupación por el uso que en adelante se hará de los aportes en testimonios y otros registros que, bajo la consideración del principio de buena fe, las víctimas y organizaciones de la sociedad civil entregamos para su tutela, y por la falta de garantías para los derechos de las víctimas y la independencia del CNMH, que una eventual designación de Rubén Darío Acevedo Carmona implicaría”.

Por otro lado, desde el Movice alertan sobre la posibilidad de que el CNMH se convierta en una trinchera desde la cual se ataque a la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad -creada tras la firma del Acuerdo de Paz con las Farc- y se produzca una falsa memoria. “Según la ley 1448, el Centro Nacional de Memoria Histórica tiene que liquidarse hacia el 2021 y su puerto de llegada es el Museo Nacional de la Memoria, y se presume que perdurará para las futuras generaciones en términos de la historia que se quiere contar al futuro. La preocupación mayúscula para los colombianos y las colombianas es que hacer una falsa memoria, desde la mentira, desde la negación de la realidad y desde la exclusión de la voz de las víctimas, generará en el futuro la reedición de la guerra, pero con peores consecuencias”, plantea Vargas.

Esta vez  el mandatario de los colombianos no escuchó las voces críticas sobre su candidato y generó una ruptura en la confianza de las víctimas y de quienes trabajaron durante años con el anhelo de construir paz y reconciliación por medio de la memoria histórica.

Las primeras palabras de Acevedo al CNMH

Darío Acevedo dirigiéndose por primera vez al equipo de trabajo del Centro Nacional de Memoria Histórica. Foto: CNMH.

Dos días después de su nombramiento, el historiador antioqueño inició su presentación ante el personal que dirigirá durante los próximos años, realizando “un ritual” por las “víctimas colombianas”. Para ello, les pidió a los asistentes que se pusieran de pie y encendieran unas velas, para realizar un minuto de silencio.

Retomó su intervención señalando que en los últimos días habrán escuchado hablar de él, bien o mal, pero pidió ser escuchado directamente sobre sus posturas y pronunciamientos. Acto seguido, señaló que hablar del tema de la memoria no es fácil, “sobre todo cuando todavía estamos en los estertores de una confrontación política violenta en nuestro país”; resaltó que el Estado ha realizado esfuerzos “por encontrarle una salida negociada a los problemas de la violencia”; y enumeró las acciones que se realizaron entre los gobiernos de Julio César Turbay y Andrés Pastrana.

Y continuó: “Lo que quiero remarcar es que el Estado colombiano, que yo defiendo, constitucionalmente ha hecho esfuerzos, ha dado muestras de voluntad, se ha reformado, ha creado instituciones para aclimatar las negociaciones y para buscar la paz que todos anhelamos. Todos llevamos ese anhelo en el corazón, en nuestras mentes, para tranquilidad de nuestras familias. Fruto de esos esfuerzos o uno de los tantos, es la creación de esta institución, respetable, en la que me ha precedido mi colega Gonzalo Sánchez, a quien respeto”.

Después hizo una reflexión sobre el uso de la memoria, sobre la cual, considera, hay múltiples discusiones, batallas y desencuentros: “Ahí es donde uno se pregunta si es lógico que eso se siga presentando. O sea, si aquello a lo que estamos tratando de guardar, va a servir para seguir peleando, ¿vale la pena eso? ¿O hay que hacer como dice el periodista y escritor David Rieff, vamos a utilizar la memoria de las víctimas para estimular las venganzas?”.

Ante ese cuestionamiento, señaló que ese no debe ser su fin, pues “la memoria tiene que servir como catarsis, como un testimonio válido para los investigados que están tratando de encontrar la llamada verdad del conflicto”.

Sin hacer alusión directa a sus tesis académicas que cuestionan la existencia del conflicto armado en Colombia, refirió que ha sostenido un punto de vista que fue “tergiversado profundamente” en medios de comunicación y en redes sociales. Además, indicó que la virtud de la democracia consiste en que todos los puntos de vista circulen libremente y que no se le imponga un criterio a nadie, situación que se compromete a cometer en el CNMH.

Por eso, reiteró que la memoria no es la verdad. “La memoria es un insumo para los investigadores encontrar explicaciones a los conflictos entre los seres humanos. Es una fuente y esa fuente tiene que ser preservada. Nosotros no podemos ir a los sufrientes de una masacre, de un atentado terrorista o de un abuso de autoridad, a decirle cómo tienen que hablar, incluso si están diciendo cosas con las que nosotros discrepamos porque supuestamente tenemos más conocimientos”.

Sobre el hecho de que la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, que ordenó la creación del CNMH, explicita la ocurrencia de un conflicto armado en Colombia, Acevedo indicó que simplemente ha dicho que es una afirmación “controversial”. No obstante, señaló que respetará la ley, pero realizó el siguiente cuestionamiento: “¿Qué significa respetar la ley? ¿Que yo me tengo que quedar callado? ¿Que no puedo decir nada? ¿Que si hago una investigación u otro profesional dice otras cosas puede ser castigado? No. En mi caso hay una limitación porque (ahora) soy un funcionario público y responsable de una función que prohíbe usar el pensamiento político propio o religioso para imponerlo en su área de trabajo”.

Acto seguido, recalcó no es un activista político, sino que ha sido un “opinador”, y que en ese sentido nunca escondió su pensamiento. “No lo he escondido antes porque cuando todo ciudadano actúa como ciudadano, tiene el derecho, consagrado en la Constitución, de expresar sus pensamientos libremente, con causticidad, con ironía, con cierta dosis de salsa de ají picante. En la política es así, pero ahora dejo de lado esa forma de expresar mis opiniones porque tengo que ser respetuoso con los límites que me establece la ley”.

Esas palabras también pueden estar relacionadas con sus palabras despectivas y descalificadoras hacia miembros de la oposición del gobierno de Iván Duque y hacia quienes han respaldado el proceso de paz, de las que no hizo mención alguna.

Finalmente, marcó dio pistas de la dirección que tomará el CNMH bajo su tutela, la cual se centrará en “escuchar a las víctimas que no han sido escuchadas” y de buscar explicaciones profundas y sistemáticas, “sobre los conflictos de la nación colombiana desde 1985 hasta hoy”, para que estén a disposición de los investigadores colombianos.

Por tal motivo, recalcó que deben hacer un trabajo integral: “Vamos a escuchar a las víctimas de victimarios concretos. Vamos a escuchar las víctimas que no han sido escuchadas de la oleada paramilitar de los años 80 y los años 90. Vamos a escuchar las víctimas de los diferentes grupos guerrilleros, que han cometido crímenes de lesa humanidad: las Farc, el Eln, el Epl y otros pequeños grupos. Vamos a escuchar a las víctimas de los agentes del orden que han abusado de su fuerza y de la misión que les fue encomendada de guardar la Constitución y la integridad de la ley; y que fueron tan lejos, que afectaron la vida, los bienes y la honra, de los ciudadanos de bien por sospechas o por cualquier otra cosa”.

Sólo el tiempo dirá si esas palabras se cumplen y si Acevedo logra restaurar la confianza de las víctimas hacia el Centro Nacional de Memoria Histórica. Mientras tanto, varios colectivos de sobrevivientes del conflicto armado, como los de la Unión Patriótica, de la masacre de Bojayá y de la Asociación Nacional de Afrocolombianos Desplazados (Afrodes), expresaron que solicitarán la devolución de sus archivos. Además, otras organizaciones están descargando las versiones digitales de los informes que el CNMH tiene alojados en su página web; y otras, como la Fundación Hasta Encontrarlos, han solicitado copias físicas de sus publicaciones para garantizar su preservación.

Posteriormente, el 25 de febrero, 84 organizaciones y 32 líderes sociales emitieron un comunicado en el que se suman al retiro de su información del CNMH, expresando «su determinación colectiva de no colaboración con esta institución, pues la evidente falta de imparcialidad de DarÍo Acevedo para asumir el mandato de develar todos los hechos victimizantes y sus responsables, no es coherente con los Principios Internacionales referidos al deber de la Memoria del Estado y el Derecho a la Verdad y lucha contra la impunidad que poseen las víctimas y la sociedad en general». (Descargar comunicado)

* Foto de apertura: agenciadenoticias.unal.edu.co