En la Escuela Guardia Campesina del Catatumbo se forman los defensores del territorio

      

En las montañas de Norte de Santander, campesinos dejan las labores agrícolas por tres días y se concentranen recibir capacitación en áreas políticas y sociales. La figura fue creada, por voluntad comunitaria, en 2014.

escuela guardia catatumbo 1El entrenamiento físico es exigente durante la Escuela de la GCC. Foto: Giovanni Mejía.

En las actividades sociales que realizan los campesinos del Catatumbo no se viven actos de indisciplina ni mucho menos riñas o hechos que atenten contra la seguridad o la integridad de los asistentes. Tal comportamiento se ha logrado gracias al respeto que se ha ganado la Guardia Campesina, que siempre está vigilante.

Esta figura de autoprotección emergió de la historia de conflicto social y armado de una las zonas más convulsionada del país en las tres últimas décadas. Si bien no es asumida como un organismo de seguridad oficial, su existencia es mandato desde la Constituyente Popular del Catatumbo, realizada a principios de diciembre del año 2014 en el municipio de El Tarra. Allí se creó un colectivo que propugna por la defensa del territorio y los derechos humanos.

Wilmer Téllez, coordinador de la Guardia Campesina del Catatumbo (GCC), asegura que es un mecanismo de vigilancia que siempre ha existido en la comunidad, pero que a partir del proceso de constituyente local se le dio una estructura y un mandato claro.

Para cumplir con las funciones asignadas, sus integrantes pasan por distintas etapas de formación y una de las instrucciones más fuertes es la política, “para tener más claridad”, dice Téllez, por cuanto uno de sus propósitos es la interlocución con carácter humanitario, que no siempre es fácil, pues en la región operan diversos grupos armados ilegales con características muy disimiles, desde guerrillas tradicionales como el Eln, hasta organizaciones del narcotráfico.

Por este centro de formación pasan desde jóvenes hasta adultos, sin distingo de género, quienes reciben una instrucción especial que tiene entre sus objetivos fortalecer los conceptos para darle más sentido a la defensa de su territorio y sus derechos.

Ante las fuertes amenazas que han persistido históricamente en la región del Catatumbo, que ha enfrentado en las últimas décadas la presencia guerrillera desde los años ochenta, la arremetida paramilitar de finales de los años noventa, los temores que genera la explotación minera y de recursos naturales con sus consecuencias ambientales, y las afectaciones del cultivo de hoja de coca para uso ilícito, las comunidades decidieron crear la figura de defensa de su cultura y economía.

Recientemente se realizó uno de los cursos en una finca del corregimiento Las Juntas, a hora y media en carro del municipio de Hacarí, corazón del Catatumbo. VerdadAbierta.com estuvo presente en uno de estos espacios para observar cómo son formados las futuras guardias campesinas.

Tareas exigentes

escuela guardia catatumbo 2Miembros de la GCC reciben instrucción política y social. Foto: Giovanni Mejía.

Previa a la llegada de los asistentes, el área ha sido adecuada para su bienestar. Se construyen ranchones para las aulas de clase, consumo de alimentos, dormida, letrinas y áreas de baño. Todo está señalizado. Una vez en el lugar, comienzan los tres días de exigentes actividades.

Un día normal en la escuela comienza a las 5 de la mañana con tareas de formación física, que consiste en calistenia dirigida, ejercicios y una exigente etapa de trote por un empinado cerro. ¿Por qué lo hacen? “Para defendernos de cualquier situación que se presente, pues tenemos que estar bien preparados físicamente”, asegura el coordinador de la GCC.

Hacia las 6 de la mañana, luego de tomar el desayuno, los alumnos pasan a un aula artesanal, construida con madera y techo de plástico, donde capacitadores provenientes de Bogotá dictan charlas en temas políticos y sociales. Allí ven aspectos relacionados con el trabajo organizativo de las juntas de Acción Comunal, el movimiento social, derechos humanos y Derecho Internacional Humanitario e historia de la región del Catatumbo, temas con los que los asistentes, según uno de los conferencistas, toman más arraigo a su labor.

Bajo esa dinámica de actividades físicas tempraneras y después concentrados en las charlas, transcurren los tres días de formación. Hasta el momento se han realizado tres periodos de formación: el primero, de carácter nacional, con 80 participantes del Catatumbo y más de 30 campesinos de otras organizaciones de Córdoba, Nariño y Antioquia; el segundo, con 90 personas del municipio de Tibú; la tercera, en Las Juntas, con 60 labriegos procedentes de Convención, El Tarra, El Carmen, Teorama, San Calixto, y Hacarí. Está pendiente un cuarto encuentro que se hará con gente de La Playa y Ábrego. Se espera lograr la certificación de 260 miembros.

La GCC tiene su radio de acción en los once municipios del Catatumbo. Cada vez que se va a presentar una actividad masiva, los coordinadores informan a los mandos militares y policiales de la zona que será la Guardia la encargada del control, descartando la presencia de Fuerza Pública. Su autoridad es de tal dimensión que ni siquiera los grupos insurgentes intervienen donde hay presencia de la GCC, llegando a interlocutar sólo si es necesario. Dignatarios de Juntas de Acción comunal también hacen parte de la conexión entre la Guardia y las autoridades municipales cuando se requiere.

Paola Pallares, integrante de la Guardia Campesina, tiene a su cargo, durante los tres días de formación, una de las funciones con más trabajo; el economato. Esta mujer verifica la llegada del mercado y revisa que las raciones diarias salgan completas. Además, lleva la contabilidad de los víveres. También se encarga de coordinar las personas que cocinan para un variado menú. Dice que su “responsabilidad es que nadie se quede sin comer durante los días de Escuela”.

En la Escuela también está Yebrail Contreras, campesino del municipio de Hacarí, quien ha participado en muchos eventos donde aplica la formación recibida. Fue convocado en esta ocasión para servir como miembro de la Guardia. Contreras ha tenidoque asistir a situaciones importantes donde “se tiene que imponer la disciplina para mantener el control y el comportamiento de la gente en actividades organizadas por la Asociación Campesina del Catatumbo”.

La joven Yureidy Albernia, de 18 años de edad y nacida en la vereda Caracol del municipio de San Calixto, participa activamente en las clases. Ella destaca entre los temas vistos los que tienen que ver con los principios y valores como persona: “Muchas de las cosas que se aprenden en la Escuela ayudan mucho a uno a crecer, pues lo que uno ve en el colegio es limitado por que a los grandes mandatarios no les interesa que los campesinos nos formemos como personas”.

El sitio también cuenta con un puesto de salud, bajo la responsabilidad de Tilsio Emiro Quintero. Allí se prestan servicios de primeros auxilios y suministro de medicamentos básicos para dolores de cabeza y posibles afectaciones estomacales. Si la situación es más compleja el paciente se lleva al puesto de salud de Hacarí. “Para traslados urgentes los campesinos saben cómo armar una camilla improvisada con sus camisetas y el bolillo patriótico”, dice.

El encargado de los aspectos de seguridad durante los tres días de formación es Dimer Pallares, quien lidera un grupo de hombres y mujeres que prestan guardia para impedir el ingreso de personas que no hacen parte de la actividad, orientar visitantes y velar por las pertenecías de los alumnos. “Día y noche prestamos turno de guardia”, dice.

La puesta en marcha de una Escuela de Guardia Campesina demanda una inversión grande de recursos provenientes, según Olger Pérez, directivo de la Asociación Campesina del Catatumbo, de actividades que organizan en los municipios, como rifas y bingos. Además, reciben donaciones en víveres por parte de la comunidad y comerciantes, así como de organizaciones sin ánimo de lucro que apoyan procesos de interés social en la región.

La Guardia Campesina del Catatumbo se prepara continuamente para ejercer con diligencia funciones de control y protección de su territorio, su única arma es el bolillo patriótico, elemento símbolo de autoridad el cual representa la idiosincrasia campesina y las luchas sociales que han enfrentado en la convulsionada zona que clama por la paz con justicia social.