El Pacto de Granada, Córdoba (El Meridiano)

En marzo del año 2000 las Autodefensas firmaron con la clase dirigente de Tierralta un pacto que determinaría la elección de tres períodos de alcaldes. Eso dijo Salvatore Mancuso en su reciente versión libre, desestabilizando a muchos en el municipio del Alto Sinú. El actual alcalde, Aníbal Ortiz Naranjo, dice que nunca hubo pacto, que todos asistieron a la reunión porque fueron amenazados por el comandante paramilitar.


Por Gina Morelos para VerdadAbierta.com  

 


Salvatore Mancuso confesó que fue a Granada Córdoba a decidir los candidatos a las diferentes corporaciones públicas en Córdoba. Foto Semana. 

Los únicos dos profesores del Colegio La Inmaculada-Carrisola, de la vereda Nueva Granada, jurisdicción de Tierralta, les dijeron a los 60 niños que estudiaban en la institución: «mañana no hay clases porque aquí se va a celebrar una reunión importante». Nadie preguntó qué sucedería en la localidad, distante 20 minutos del casco urbano de la que ha sido considerada en Córdoba la cuna de los paramilitares de Salvatore Mancuso, ni mucho menos se inquietaron por saber quién vendría. A ellos se les había vuelto costumbre ver desfilar por sus callecitas olvidadas lujosos carros cargados con hombres armados, que más parecían los juguetes de Max Sthil que veían en los comerciales de televisión cuando tenían la oportunidad de visitar el comercio del municipio del Alto Sinú, porque en su humilde poblado no contaban con el servicio de energía eléctrica.

 

Guardaron los cuadernos en sus mochilas y se fueron felices a sus casas. Un día menos de clases, pensaron todos, y lo mejor, el viernes, lo que convertía el fin de semana en un extenso puente festivo por orden de los ‘paracos’. Eran los tiempos en que en la región no mandaba nadie más que ellos, y la comunidad lo sabía y además sentía que se habían ganado ese derecho por haber derrotado a la guerrilla del Epl y posteriormente haber sacado a las Farc de la región. Una historia que se repite de boca en boca y de generación en generación.

Nueva Granada había sido ‘colonizada’, primero por la guerrilla. De eso podría dar fe el ex comandante ‘Franco’, oriundo de esta región y quien estuvo al servicio del EPL en la década de los 90. Una vez llegó el reinado de Mancuso, ‘Franco’ como muchos otros desmovilizados, se vistieron de la causa paramilitar hasta cuando en el 2004, con el proceso de paz, se desintegraron los ejércitos de derecha. ‘Franco’ y otros, como mercancía de guerra, se quedaron pescando en río revuelto en Nueva Granada yotras localidades, y se sumaron a ‘Las Águilas Negras’, hasta que este año fue capturado y recluido en la cárcel. No hay duda que la población desde siempre ha sido marcada por los victimarios de la violencia.

Los padres de los alumnos, una vez supieron de la reunión, echaron por tierra los planes vacacionales de los niños y les ordenaron no salir de sus casas durante todo el día. Ese viernes fue uno de los cientos de días en que en Nueva Granada no se escuchó ni el zumbido de una mosca. El pueblo de 31 casas, enclavado en las montañas del Paramillo, amaneció más despejado que de costumbre.

Juan Marsiglia, un abuelo de Nueva Granada, recuerda que de los carros se fueron bajando líderes comunales y políticos que apenas los visitaban en época preelectoral. Llegaron hasta el colegio y se refugiaron en un ranchón de palma que hacía las veces de patio-salón. Las dos tiendas que habían en el poblado no dieron abasto para calmar la sed de las 300 personas que llegaron al encuentro.

El actual alcalde, Aníbal Ortiz Naranjo, recuerda que fueron convocados por un señor llamado Morante y un profesor apellido Villalba. De casa en casa fueron «invitando» a los representantes de la clase política del Alto Sinú a una reunión con el ‘Señor’ así le decían a Salvatore Mancuso en la zona. «Nadie podía negarse. Era una orden», dijo el mandatario.
Una mujer que aspiraba al Concejo en ese entonces, confirmó que la orden era perentoria. «De hecho a los que se resistieron les mandaron varios ultimátum: «vaya si quiere conservar su vida. Aquí ellos eran la ley y no había discusión alguna».

Todos los que accedieron a recordar la historia confesaron que habían aprendido a manejar el miedo. Al fin y al cabo les tocó convivir con los paramilitares y aceptarlos aun cuando el cura jesuita Sergio Restrepo, a finales de los años 80, había conminado a la población a nunca aceptar a los violentos. Por eso, dicen los tierraltenses, lo mataron en el atrio de la Iglesia por orden de los hermanos Castaño Gil.

Las horas pasaban y en el colegio de Nueva Granada los centenares de visitantes comenzaban adesesperarse. Edilma, la encargada del aseo de la institución, dice que allí no hubo ni francachela ni comilona. «Esa gente pasó todo un día de hambre. A cada rato les decían que no se desesperaran, que muy pronto llegaría el patrón». Al mediodía calentaba un helicóptero surcó el cielo de Nueva Granada. «Del coso ese se bajó un señor. Ese que muestran en televisión que ahora está calvo».

Se trataba de Salvatore Mancuso. Caminó entre la multitud, que lo miraba expectante, y saludó a todo el que pudo. Con aire de prepotencia les comunicó a todos que estaban allí reunidos para definir la suerte política de Tierralta.

Acto seguido, todos los precandidatos a la Alcaldía de Tierralta, que era como diez, pasaron al salón de clases de cuarto de primaria, caminando en fila india detrás de Mancuso. Ocuparon los pupitres y el jefe paramilitar se paró al lado del tablero en posición de profesor vehemente. «Vamos a decidir quién será el próximo alcalde de este municipio y yo les voy a decir quiénes no pueden aspirar», recuerda la aspirante al Concejo. Ella no entró a la reunión, pero la voz de Mancuso se filtró entre los calados del salón.

Descalificó a Germán Dávila Bracamonte y a Franklin De la Vega, de quienes habría dicho no eran transparentes. El alcalde Ortiz asegura que él fue al primero al que Mancuso le dijo tajantemente que no podía aspirar. «Yo le pregunté ¿por qué no podía? Ahí fue cuando sacó la pistola, me la puso en la sien y me dijo que si aspiraba me mataba».
Al lado de Aníbal Ortiz estaba sentado Humberto Santos Negrete. «Él se apartó porque creyó que me iba a matar. Él puede dar fe de ello», dice Ortiz Naranjo.

Estaba claro hasta ese momento que el candidato de Mancuso era Humberto Santos, a quien llamaba su compadre. Sin embargo, para no imponerlo, según se lo confesó en su reciente versión libre al fiscal Leonardo Cabana Fonseca, de la Unidad de Justicia y Paz, Mancuso accedió a someter a votación la escogencia del alcalde.

Otra versión de Rafael Yepes Burgos, quien asistió a la reunión de Nueva Granada, da cuenta de que Mancuso, al salir del salón de clases le pidió a los asistentes que escogieran quién querían que fuera el alcalde, entre Humberto Santos y Sigilfredo Senior, a quien todo mundo conoce como ‘Chichifredo’ y quien hoy está preso por el tema de la ‘parapolítica’.
«180 personas respaldaron al ‘Chichi’ y 38 a Santos. No es que quisiéramos a Sigilfredo, es que como se notó desde un principio que Mancuso quería que fuera Humberto Santos, y como no nos dejaron votar por Aníbal Ortiz, pues escogimos al ‘Chichi'», relata Rafael Yepes. En efecto, Sigilfredo Senior fue alcalde durante el periodo 2001-2003.

Aníbal Ortiz asegura que él se fue antes de que se diera la elección, que calificó de payasada. Desmoralizado se refugió en la finca de su amigo Mario Fuentes Cabrales, desde donde decidieron aspirar en una lista única del Partido Liberal al Concejo de Tierralta, para no quedar por fuera de la política.

Ese día los habitantes de Nueva Granada conocieron lo que solo ocho años después ha sido confesado por Salvatore Mancuso: el ‘Pacto de Granada’. O lo que decidieron llamar los asistentes: ‘El granadazo’.

El secreto de esta población perdida no trascendió jamás. «La verdad nunca pensamos que eso se sabría», dice la frustrada aspirante al Concejo, quien una vez abandonó la vereda, ese día de la reunión, decidió no aspirar. «No estuve de acuerdo con nada y tenía miedo, así que me marginé».

Su versión refrenda la de Mancuso en el sentido de que no solo fue escogido Sigilfredo Senior, sino que se decidieron los alcaldes de los próximos dos periodos. El ex comandante paramilitar le dijo al Fiscal que en una votación interna se escogió el orden en que serían elegidos los próximos tres alcaldes de la población y los resultados fueron: primero Sigilfredo Senior Sotomayor, segundo Humberto Santos Negrete y tercero Aníbal Ortiz Naranjo (actual). Y de hecho así sucedió.

Sin embargo, Ortiz Naranjo dice que eso es falso. «Eso es una gran mentira. No sé qué propósito tiene este señor (Mancuso) de seguir haciéndole daño a una región y a su gente. Allí no hubo ningún Pacto de Granada, lo que hubo fue un ‘Granadazo’ en contra de la libertad y de la democracia. Se hizo a través de unos señores que fueron sus ideólogos políticos. El señor Morante, un profesor de apellido Villalba y otro señor, Hugo Rendón, ‘El abuelo’. Ellos nos citaron con todas las acciones comunales y dirigencia política para definir no sé qué cosa. Él se inventó la escogencia entre Santos y Sigilfredo y a mí me dijo rotundamente que no podía aspirar. -Te voy a cumplir tu dulce sueño si te atreves a aspirar- recuerdo que me lo sentenció. Yo ese día me vi muerto. Así que cuál pacto. Si aspiré y gané es gracias a que él ya no está y hay un poquito más de libertad en Tierralta».

Según Salvatore Mancuso, el Pacto de Granada sí lo hubo, marcó la línea de la alcaldía del municipio del Alto Sinú y aun cuando, según la versión rendida al Fiscal, él ya no tuvo injerencia en la campaña de Ortiz, finalmente el pueblo le dio cumplimiento a lo pactado en esa oportunidad.

A raíz de que Mancuso volvió a alborotar el avispero en Tierralta, desde hace dos semanas se han vuelto a escuchar en el pueblo las voces de quienes hablan del Pacto.
Marco Fidel Suárez Morelo, ex concejal y quien también estuvo en la reunión deNueva Granada, relata que a Aníbal Ortiz sí le prohibieron aspirar. El contrincante de Sigilfredo fue Overnis Díaz. En la siguiente elección en el 2003, Ortiz aspiró y se enfrentó a Humberto Santos. Con la Alcaldía se quedó este último, compadre de Mancuso. «¿Si hubo pacto, cómo se explica que yo haya aspirado cuando también lo hizo Humberto Santos Negrete (octubre de 2003), que se supone seguía después de Sigilfredo?, argumenta Aníbal Ortiz.

Suárez Morelo continúa diciendo: «esas fueron épocas difíciles. En el 2003 yo fui delegado electoral. El día de las elecciones nos detuvieron en Santa Fe Ralito, nos encerraron en un cuarto y nosotros escuchábamos por los radioteléfonos de los paras que nos tenían encerrados, que la votación de Aníbal era muy alta. Entonces ordenaron tomar medidas».
En Tierralta se comenta abiertamente que las urnas electorales de todos los pueblos que posteriormente en el 2004 hicieron parte de la Zona de Ubicación donde se adelantó el proceso de paz entre Gobierno y AUC, fueron a parar a Ralito y allí fueron manipuladas.

Nueva Granada, el epicentro de un pacto que no le trajo nada bueno a la población, más que el mejoramiento temporal de la vía de acceso y la energía eléctrica, la cual instalaron hace tres años durante el gobierno de Humberto Santos, se despidió ese viernes caluroso del mes de marzo de los líderes, políticos y dirigentes, y se volvió a resguardar en su olvido.
Del colegio donde se hacían las reuniones con los paramilitares hoy quedan algunas aulas abandonadas y destruidas por el paso del tiempo. La Virgen, que fue la única testigo muda de los acontecimientos, dejó de ser inmaculada por culpa de un manto de verdín que la cubre. Las ruinas de algunas garitas desde donde hacían guardia los paras y tenían montados sus retenes de control, asoman entre las montañas del Paramillo.

De Nueva Granada se olvidó el resto de la humanidad. Por lo único que volvió a ser recordado el poblado fue por un pacto que no vieron firmar sus estudiantes y habitantes en general, quienes se hicieron los ciegos, sordos y mudos, cuando Mancuso arribaba a la población a pasar revista y a hacer negocios.

Tomado de El Meridiano de Córdoba 01/12/2008