Briceño: la apuesta por la paz más allá de los Acuerdos

Este pequeño municipio del norte de Antioquia fue designado tanto por los negociadores del gobierno nacional como de las Farc para realizar allí un par de planes pilotos que luego serían replicados en otras partes del país. ¿Continuarán estos planes a pesar del triunfo del No en el Plebiscito?

bricenio y el no 1Pese a los resultados del Plebiscito, los habitantes de Briceño, donde se llevan a cabo varios planes pilotos vitales para el periodo de postconflicto, mantienen la tranquilidad frente al proceso de paz. Foto: Ricardo Cruz.Fue en la vereda El Orejón, de Briceño, norte de Antioquia, donde un día de mayo de 2015 se puso en marcha una de las primeras “medidas de construcción de confianza de carácter humanitario” que, a la postre, terminaron dándole la solidez necesaria al cese al fuego bilateral y definitivo, firmado el pasado 29 de agosto en La Habana, Cuba. En otras palabras, fue allí donde por primera vez efectivos del Batallón de Desminado (Bides) y miembros del Frente 36 de las Farc se articularon para realizar una tarea humanitaria más que urgente: descontaminar el territorio de las temidas minas antipersona y munición sin explotar.

Hasta ese momento, guerrilleros y soldados solían combatir sin tregua ni cuartel en esas escarpadas montañas a las que siempre las cubre una densa neblina. En medio de ese fuego cruzado siempre quedaban los campesinos.

Durante años, en El Orejón, como en todo Briceño, así como en los vecinos municipios de Ituango, Campamento, Anorí, Toledo y San Andrés de Cuerquia, los labriegos padecieron las restricciones a la movilidad impuestas por la guerrilla, los señalamientos y las retenciones arbitrarias cometidas por el Ejército, el peligro constante de una bala perdida, un enfrentamiento repentino o un accidente con un artefacto explosivo.

Por ello, cuando los pobladores de esta pequeña vereda de no más de 25 familias comenzaron a ser testigos de cómo militares y guerrilleros trabajaban “manga por hombro” por una necesidad sentida de la comunidad, en medio de un profundo respeto y sin perder el honor militar que caracteriza a los guerreros, el escepticismo frente al proceso de paz empezó a ceder. Las partes se mantuvieron fieles a sus compromisos. Los efectos del desminado humanitario comenzaron a sentirse en los pasos seguros que los labriegos daban por la zona. La expectativa de paz se regó por todo Briceño, que luego del último lustro bastante convulsionado, comenzó a vivir meses de tranquilidad.

No en vano, unas 1.367 personas votaron Sí en el pasado Plebiscito del 2 de octubre, esto es un 69.35 por ciento del total de electores, frente a 604 personas que marcaron el No (un 30.64 por ciento). Más que el conocimiento de los Acuerdos, lo que motivó el voto de los briceñitas fue el clima de tranquilidad que se respira en el pueblo desde que se afianzaron los diálogos en La Habana, Cuba. “Desde que comenzó el proceso de paz el pueblo sí ha estado más tranquilo. Aquí sí se siente la paz”, cuenta Álvaro Moreno, habitante de Briceño.

Tranquilidad estable, ¿y duradera?

bricenio y el no .2En próximas semanas culminará la Fase II del desminado humanitario llevado a cabo en la vereda Orejón. Se trató de la primera experiencia de descontaminación de minas antipersona que contó con la participación de las Farc. La comunidad espera que la experiencia continúe en todo el municipio. Foto: Ricardo Cruz.Pero la opción que se impuso en el país fue el No, situación que despierta inquietudes y algunos viejos temores. Por un lado está la suerte del desminado humanitario, una de las acciones humanitarias que requiere acciones más urgentes en esta localidad. Y con toda razón. En 2013, la Dirección para la Acción Integral contra Minas Antipersona (Daicma) reportó a los municipios de Briceño, Cáceres, Ituango, Campamento, Tarazá, Valdivia y Anorí como los de mayor presencia de minas antipersona y munición sin explotar en Antioquia.

Según informó en su cuenta de Twitter ‘Yira Castro’, líder de las Farc en el plan piloto de desminado humanitario que se lleva a cabo en El Orejón, ya culminó el proceso de descontaminación en los sitios conocidos como Alto del Capitán, Chiri I y Chiri II, correspondientes a la Fase I; y en próximas semanas culminará la Fase II que incluye unos 1.989 m2 de los sectores Chiri III, Chiri IV, Chiri V y Guinea II. Aún no hay información precisa sobre el número de artefactos explosivos desactivados.

Si bien en un comunicado conjunto fechado el pasado 7 de octubre, tanto las Farc como el gobierno nacional anunciaron que continuarán las medidas de construcción de confianza, entre ellas el desminado humanitario, aún no es claro si seguirán estas labores en otras veredas de Briceño. Tampoco lo es si el gobierno nacional continuará con los proyectos de desarrollo social que se comprometió a llevar a cabo una vez terminara el desminado.

VerdadAbieta.com intentó dialogar con el equipo responsable de esta labor ubicado en la vereda El Orejón, pero los miembros, tanto de las Farc como del gobierno nacional, manifestaron no pronunciarse hasta tanto no se destrabe el “Acuerdo final para la terminación conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”.

Por ahora, no se advierte ningún signo de alarma que haga temer que el cese al fuego bilateral y definitivo vaya a romperse. Cada vez es más cotidiana la imagen de soldados del Ejército recorriendo antiguos fortines del Frente 36 de las Farc sin que ello desencadene un enfrentamiento. Cada vez es más común la escena de guerrilleros vestidos de civil y sin armas topándose con los militares por las veredas de Briceño sin que ello implique riesgo alguno de balacera.

“Aquí estábamos acostumbrados a que un guerrillero o un soldado se encontraban y ahí mismo se ‘daban candela’. Hace rato no es así. Hasta se saludan a veces. Hay un ambiente de mucha tranquilidad”, refiere Gabriel Sánchez, integrante de la Asociación de Campesinos de Briceño (Ascabri), quien, para ratificar su apreciación, añade: “y eso que en el pueblo también hay presencia de grupos paramilitares, que también están muy calmados”.

Incertidumbre cocalera

bricenio y el no .3Sin duda uno de los grandes retos que tendrá el proceso de paz si este llega a salvarse es adelantar planes de sustitución de cultivos ilícitos realmente sostenibles. Briceño constituye el piloto para transformar la concepción de la política de lucha antidrogas. Foto: Ricardo Cruz.Sin embargo, esto no es lo que más preocupa a los briceñitas. El 10 de junio de 2015, en el corregimiento Pueblo Nuevo de esta localidad, el delegado plenipotenciario de la guerrilla de las Farc, Félix Antonio Muñoz, conocido como ‘Pastor Alape’; y Rafael Pardo, en representación del gobierno nacional, presentaron un plan piloto para sustituir los cultivos de hoja de coca que inundan las montañas de Briceño, por proyectos sostenibles construidos por las mismas comunidades. Este plan sui generis se llevaría a cabo en once de las 32 veredas e implicaba, además, la realización de una serie de obras de infraestructura y proyectos de inversión social que los campesinos llevan décadas esperando.

Se trata de un asunto que toca el bolsillo de todos los pobladores. En este municipio, una muy larga cadena de personas, que va desde el dueño del cultivo, pasando por el raspachín, el arriero, las estaciones de gasolina, las ferreterías, los transportadores y el comercio en general dependen, directa o indirectamente, de la hoja de coca. Proponer cualquier acción tendiente a erradicar este cultivo ilícito también obliga a pensar en un plan que evite la debacle de la precaria economía local.

De ahí que el triunfo del No en las urnas el pasado 2 de octubre, sumado a la reciente propuesta del fiscal general, Néstor Humberto Martínez, de reanudar las aspersiones aéreas con glifosato como una de las estrategias para combatir el narcotráfico, tenga a los campesinos con los pelos de punta. Muchos temen que nuevamente lleguen a sus tierras las acciones represivas de las autoridades de Policía, que considera a los cocaleros como el primer eslabón de una larga cadena en la producción y tráfico de estupefacientes que también debe ser combatido con todo el peso de la ley.

“Cuando somos campesinos que no tuvimos otra opción más que la coca”, dice Edilberto*, habitante del corregimiento Pueblo Nuevo, quien desde hace más diez años depende económicamente del cultivo de esta hoja. “Para nosotros es como un producto más de la tierra. Sembramos y vivimos de eso, porque aquí no hay más de que vivir. Y la plata que nosganamos nos da para comer y vestir y no más. Los que ganan plata son los narcos, ellos sí”.

Un plan B

bricenio y el no .4Por ahora, los equipos integrados por miembros de las Farc, funcionarios del gobierno y organizaciones  internacionales permanece en Briceño, a la espera de que se solucione jurídicamente el galimatías en que se encuentra el proceso de paz. Foto: Ricardo Cruz.Por ahora, los campesinos cocaleros, los delegados del gobierno nacional y los miembros de las Farc continúan con el cronograma del plan piloto como si el proceso de paz no estuviera en la encrucijada política y jurídica en que se encuentra. “Pues aquí ganó el Sí con amplia ventaja. Eso le da mucha legitimidad a lo que se viene haciendo con las comunidades”, señala Gabriel Sánchez, de Ascabri.

De acuerdo con el cronograma, ya culminó la primera fase correspondiente a la creación de las llamadas “mesas temáticas”, que estarán integradas por delegados de las veredas priorizadas y contarán con acompañamiento tanto del gobierno nacional como de las Farc. Se trata de espacios de discusión abierta donde se recepcionarán y concertarán las propuestas que construyan las comunidades. En total, fueron seis mesas y responden a las categorías de Desarrollo Social; Tierra, Agua y Medioambiente; Infraestructura; Seguridad; Desarrollo productivo y Sensibilización.

Lo que sigue es la construcción de lo que se ha denominado “Línea de base y diagnóstico rural participativo”. Esto es, indagar en las veredas priorizadas el número de habitantes que dependen económicamente de la hoja de coca, sus condiciones socioeconómicas y el tipo de relación de los campesinos con la tierra. “Y luego de conocer ese estudio se pasa a la construcción de las propuestas por parte de las mismas comunidades. Aquí se estudia qué tan viables son, si se pueden realizar aquí en el municipio o si resulta mejor otra cosa”, señala Adiel Muñoz, campesino e integrante de Ascabri.

Para que dicha tarea sea exitosa, la Asociación impulsa la creación de los llamados comités cocaleros, instancia que busca aglutinar y organizar a quienes se dedican a la siembra de hoja de coca. Hasta el momento, siete de las once veredas priorizadas ya cuentan con su comité, pero la idea es que estos se extiendan, incluso, a aquellas veredas que no fueron incluidas en el plan piloto.

Iniciativas similares se vienen consolidando en municipios con presencia de cultivos ilícitos como Tarazá y Anorí. La idea es que todos terminen articulados en un gran movimiento. Se trata, en esencia, del “Plan B” de los campesinos cocaleros por si el Acuerdo de paz con las Farc se va al traste.

“Si el proceso –de paz– no continúa, los comités tendrán un gran trabajo. Siempre se ha criminalizado al campesino que siembra hoja de coca, cuando éste lo hace como alternativa de subsistencia. Por eso, los comités deben convertirse en garantes de las comunidades y acompañarlas”, agrega Muñoz. Sus palabras son reforzadas por Sánchez quien señala que si eso llega a pasar y comienzan las fumigaciones y las erradicaciones, “tocará hacer lo que mejor sabemos hacer: salir a marchar, movilizar al campesino, realizar un paro general”.

Mientras tanto, los campesinos de las veredas priorizadas prefieren esperar a que se resuelva el galimatías jurídico del Acuerdo para darleluz verde a los proyectos de asistencia social que desarrollarán la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) y la Agencia de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), designadas como acompañantes de este proceso.

“Simplemente la comunidad no confían en estas instituciones. Ya en el pasado entregaron semillas, proyectos ganaderos y otros para sustituir cultivos, pero estos no sirvieron y terminaron perjudicando al campesino. Por eso, los cocaleros dicen que le apuestan al plan piloto, pero si las Farc están presentes, acompañando, tal como está planteado”, reitera Muñoz.

Lo que sí esperan los campesinos de Briceño es que los proyectos de infraestructura que iban de la mano del plan piloto no se suspendan a pesar de la suerte que corra el Acuerdo para el fin del conflicto. El más sentido de ellos: mejorar la vía que comunica Briceño con el corregimiento Pueblo Nuevo, que incluye la construcción de un puente a la altura del punto conocido como La Quebrada.

Sería lo mínimo que podría espera una comunidad azotada históricamente por el conflicto armado y el abandono estatal: que si la paz se escurre como agua entre las manos, por lo menos se hagan las obras que llevan décadas esperando a que algún gobierno realice.