Bibliotecas para el desarme y la reconciliación

Durante las próximas dos semanas, 20 de los mejores bibliotecarios del país dejarán a sus familias y a sus bibliotecas locales para internarse en las veredas donde las Farc dejarán las armas. Recorrerán trochas y cruzarán ríos con la ilusión de instalar 20 nuevasbibliotecas en las Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN).

bibliotecas zonas concentracion 1En cada biblioteca habrá un bibliotecario experto y un auxiliar local atendiendo a la comunidad, y llevando servicios de extensión a los excombatientes. Foto: Biblioteca Nacional. “Queríamos poner la bandera, ser el primer proyecto del Estado en llegar a las zonas”, cuenta Henry García, coordinador del proyecto en la Biblioteca Nacional. Por eso, no dudaron invertir en las zonas veredales 2 millones de dólares que había donado la Fundación Bill & Melinda Gates al Ministerio de Cultura.

Buscando entre experiencias internacionales encontraron respuestas en la Fundación francesa ‘Bibliotecas sin Fronteras’, que ha trabajado en ambientes de crisis con refugiados e inmigrantes en Grecia, Alemania, Etiopía y Marruecos. “Lo pensamos como la instalación de una biblioteca pública que preste un servicio a los habitantes de las veredas y a los excombatientes. En este caso no está pensada para atender una crisis, sino para ser una experiencia de mediación cultural”, agrega García.

Compraron entonces unos módulos de colores vivos que tardan solo 20 minutos en expandirse en una biblioteca de 100 metros cuadrados con sofás inflables, mesas y sillas, donde los lectores podrán disfrutar de 380 libros físicos, 200 digitales, juegos de mesas, tabletas, computadores, cámaras de vídeo y un proyector acompañado de 50 películas. Estos módulos tienen su propia planta eléctrica y conectividad a internet, aspecto importante sise tiene en cuenta que en la mayoría estas veredas no cuentan con ese servicio.

La biblioteca será instalada en un lugar de la vereda, bien sea un colegio o una casa comunal para que todos los habitantes tengan acceso. Sólo una pequeña porción de los libros se destinará al campamento guerrillero, pero los desmovilizados podrán solicitar el material que requieran. Con el tiempo, se espera crear los mecanismos necesarios para que los excombatientes puedan trasladarse hasta la biblioteca sin ningún problema en algún momento de los seis meses que, inicialmente, deben pasar en las Zonas Veredales.

Aunque objetivo original es que estás bibliotecas lleguen para nunca irse, su permanencia está asegurada sólo hasta el 31 de agosto. Para esa fecha se evaluará qué tan apropiada está la comunidad de este espacio y cuál es el compromiso de las autoridades locales, para decidir si continua o no en la zona.

¿Cuáles libros van y cuáles no?

biblliotecas zonas concentracion 2Las bibliotecas ofrecerán acceso a internet, a actividades culturales y educativas, a recursos para la búsqueda de empleo y el emprendimiento. Foto: Biblioteca Nacional. Seleccionar los 380 libros que tendrían las 20 bibliotecas fue una de las tareas más difíciles y tal vez la que causó más debates. Para tomar esta decisión se creó un comité conformado por representantes de la Biblioteca Nacional, la Red Nacional de Bibliotecas Públicas y el Cerlalc (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe).

Se empezó por incluir los 180 de la lista básica de títulos que están en las 1.444 bibliotecas públicas que tiene el país, gran parte de ellas en los cascos urbanos de los municipios. Se tuvo en cuenta también un diagnostico hecho, junto a la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, con los miembros de las Farc y los habitantes de las veredas sobre lo que querían leer.

Partiendo de esas necesidades, prevalecen en la selección libros informativos para todas las edades. Hay entonces títulos sobre técnicas agrícolas, emprendimiento en el campo, tecnología de alimentos, prevención del embarazo adolescente y maternidad. Se incluyen varios títulos infantiles y algunos que pueden atraer a los jóvenes, como la versión en comic de la Ilíada, la Odisea y Hamlet. Además, de autores colombianos como Gabriel García Márquez y Héctor Abad Faciolince.

Esta experiencia, sin embargo, recuerda lo poco que el país conoce a los lectores rurales y sus necesidades, un debate que ha estado presente entre los expertos. “No es fácil elegir título correcto para unos lectores que no conocemos del todo, o no tanto como deberíamos. Entonces se parte de un trabajo en el que imaginamos la realidad rural con sus particularidades socioculturales”, dice Francisco Thaine, coordinador de proyectos del Cerlalc y uno de los encargados de hacer la selección.

Por otro lado, como en estas zonas se está dando el tránsito de los guerrilleros a la vida civil se dio especial importancia a fortalecer el área de ciencias sociales, políticas y de historia del conflicto armado de Colombia.  Elegir esta colección no resulta fácil si se recuerda, por ejemplo, los debates que ha suscitado entre las Farc y la fuerza Pública algunas publicaciones del Centro Nacional de Memoria Histórica o los desacuerdos entre los 14 académicos que hicieron el informe de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas en La Habana.

Desacuerdos sobre la guerra

bibliotecas zonas concentracion 3El Ministerio de Cultura hizo la compra de las Bibliotecas Públicas Móviles a la ONG francesa Bibliotecas Sin Fronteras. Foto: Biblioteca Nacional. “Sabemos que no hay nada que no esté teñido de ideología y que por lo tanto teníamos que ser simplemente equilibrados, simplemente justos y mirar el espectro ideológico y escoger distintas voces para que sea una biblioteca plural”, asegura Marianne Ponsford, directora del Cerlac.

Se incluyen títulos básicos como ‘La violencia en Colombia’ de Germán Guzmán, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña; la Constitución Política de Colombia y el Código Pena; hay otros títulos que cuentan historias de la guerra, como ‘Sindicalistas asesinados’, de León Valencia; ‘Guerreros y Campesinos. Despojo y restitución de tierras en Colombia’, de Alejandro Reyes; y dos libros de Alfredo Molano: ‘Del llano llano’ y ‘Siguiendo el corte’.

Algunos otros que narran las historias de otros combatientes, como ‘Camilo, el cura guerrillero’, de Walter Broderick; y la biografía del Ché Guevara, del periodista Jon Lee Anderson. Otras son historias contadas en primera persona por desmovilizados como ‘Descansen las armas’, de Yezid Arteta, o ‘Mis años de guerra’ de León Valencia. Estos títulos comparten espacio con otras biografías, como la del Papa Francisco.

Se tuvo en cuenta también la inclusión de relatos periodísticos de la guerra con ‘Mujeres en guerra’, de Patricia Lara; ‘Crónicas que matan’, de María Jimena Duzán; ‘Crecimos en guerra’, de Pilar Lozano.

“Es imposible tener algo que dejé contento a todo el mundo y creo que sería un esfuerzo tonto, porque más que tapar las heridas lo que buscamos es que estas bibliotecas ayuden a curarlas. Queremos lecturas que problematicen a los lectores, porque el dialogo a través de la lectura es sanador”, afirma Thaine.

Adelantándose a cualquier debate sobre la selección de los libros, Posnsford recuerda que no hay que perder de vista que “leer no es sólo un proceso de corroborar lo que se piensa a través de la escritura, sino de confrontar el propio pensamiento que a veces es nebuloso. Uno no sabe lo que piensa de muchos temas y solo cuando lee y descubre la propia incomodidad empieza a tener su propio pensamiento y logra articularlo para expresar ideas ante los demás”

Bibliotecarios: el alma

bibliotecaszonas concentracion 4Henry García de la Biblioteca Nacional instalando la Biblioteca en la zona que se ubicará en la vereda El Gallo, Tierralta, Córdoba. Foto: Biblioteca Nacional. Este proyecto parte de la premisa de que el alma de este proyecto son los bibliotecarios, quienes serán los encargados de tejer lazos con la comunidad para que sientan la biblioteca como propia. “Para nosotros ellos son más de media biblioteca. Su impacto tiene que ver con qué tan creativos sean los bibliotecarios y de las buenas lecturas que hagan del territorio. Por eso elegimos a los mejores del país”, explica Henry García de la Biblioteca Nacional. Se trata de funcionarios que saben lo que es trabajar en zonas rurales que han vivido el conflicto armado.

Del grupo hacen parte, por ejemplo, Luceli Narváez López, de la Biblioteca ‘Los Cocuyos’ de Samaniego, Nariño, que el año pasado ganó Premio Nacional de Bibliotecas ‘Daniel Samper Ortega’, por sus programas de promoción de lectura que llevó hasta las veredas más apartadas del municipio; Gloria Stella Nupán, ganadora del mismo reconocimiento en 2014, por lograr que la biblioteca de La Hormiga en Putumayo se convirtiera en una lugar de resistencia ante la violencia de los paramilitares; y Esteban Castañeda, el bibliotecario del Laboratorio de El Espíritu de El Retiro en Antioquia, una biblioteca que se ha destacado por la promoción de lectura en esta zona rural afectada por la violencia.

Una de las primeras tareas de los bibliotecarios es hacer un mapeo de los actores claves en el territorio para que la biblioteca tome fuerza; además de identificar las necesidades propias de la vereda para adecuar su oferta.

Para los expertos, es importante pensar estos espacios más allá de un anaquel lleno de libros. “La biblioteca del siglo XXI es un lugar de cohesión comunitaria, de empoderamiento de la comunidad, incluso de contrapeso político cuando no puede ejercer ciudadanía”, indica Ponsford.

Sin duda alguna, esta nueva concepción de biblioteca será indispensable para las veredas que atestiguarán el fin de una guerrilla en armas y el nacimiento de un movimiento político.