Los ‘escribientes’ del crimen (Meridiano de Córdoba)

      
En dos semanas Montería se ha visto invadida de panfletos en el que le dan un ultimátum a maricas, prepago, cobradiarios, rateros, entre otros, para que abandonen sus prácticas o serán asesinados. ‘Los escribientes del crimen’ se han arrogado del derecho de dictarminar quien vive y quien no en una ciudad que, como el espiral, recorre las diferentes manifestaciones de la violencia sin tener la mínima oportunidad de salir de ella.
Por: Ginna Morelo del Meridiano de Córdoba

En muchos barrios de la ciudad han aparecido los pasquines regados en los andenes de las calles o pegados en postes. Desde El Cerro, en Sierra Chiquita, al sur, Montería es otra. Es la ciudad de las carencias, de la pobreza, y nuevamente del miedo. Un miedo que deambula en un pasquín que se regó por las trochas del sector y que también apareció en las calles de Cantaclaro, El Dorado, Rancho Grande, Róbinson Pitalúa, Dos de Septiembre, Mocarí… en fin.

No hubo punto cardinal a donde el mensaje del mal no arribara con toda su carga de zozobra. La temible lista que anuncia la muerte de prostitutas, enfermos de sida, maricas, rateros, cobradiarios e indigentes le quitó el sueño a los monterianos.

Esta ciudad, que con el paso de los almanaques ha visto pasar todo tipo de actores violentos, los cuales se han hecho llamar de distintas maneras,parece que estuviese condenada a repetir los climas de tensión como en un círculo vicioso. En esta oportunidad son los ‘escribientes’ del crimen los que auguran los malos momentos y presagian el fin de otros seres humanos.

Alfredo Guerrero, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio Pablo VI, recuerda especialmente los tiempos de ‘La mano negra’, “por allá a finales de los años 80, cuando mataban todas las noches”.
Era, sin duda, la época de ‘Los Magníficos’, muy respetados y temidos en Cantaclaro y La Pradera. Los mismos a quienes les cargaron los muertos de la masacre en el corregimiento Mejor Esquina, jurisdicción del municipio de Buenavista.

También en ese mismo año, 1988, otros que se hicieron llamar ‘Los Mochacabezas’ sembraron el terror en muchos rincones de Córdoba y por supuesto en Montería. A principios de la decáda de los años 90 los actores violentos cambiaron de nombre y arribaron las Autodefensas, que limpiaron a la región de todo lo que oliera a izquierda.

Las listas con los nombres de quienes serían ultimados se fueron pasando de mano en mano, obligando a muchos, entre ellos profesores, a huir de los paramilitares. En el corregimiento Las Palomas, Montería, los habitantes recuerdan con mucho temor un carro bautizado ‘La última lágrima’, que tras arribar a la vereda Guasimal dejó una estela de sangre a su paso.

El recorrido histórico de la violencia se fue transformando así como la teoría de la materia, que jamás se destruye. Un ex redactor judicial de este diario recuerda los más de 20 crímenes cometidos por un sujeto conocido como ‘El hombre de la moto roja’, quien sembró el terror en Montería. Solo las autoridades, después de tantos asesinatos, pudieron acabar con el delincuente que iba rumbo al mito.

Tiempo después se supo que no era un solo hombre, eran varios en motos de alto cilindraje los que repartían balín por las calles. Los muchachos hicieron parte de un grupo de limpieza social que cumplió con una misión por la que algunos pagaron en Monteríay su zona rural. Sin embargo, el de la moto roja había sido eliminado y eso era lo que importaba y merecía quedar en la memoria de todos.

Como ese sicario, otros mimetizaron el accionar, heredaron las armas y siguieron empleándose al mejor postor hasta llegar a las famosas bandas emergentes o criminales, que tienen azotado al departamento y trabajando a marcha forzada a las autoridades. Se han esparcido más que las cenizas hasta el punto que no hay terreno vedado. Solo en Córdoba en lo que va corrido del año han asesinado a unas noventa personas.

Coincidencialmente los pasquines recorren los barrios de Montería y los municipios de Córdoba, en medio de una ola de asesinatos que hace que más de uno se pregunte si el que mataron en el Coliseo, los ‘cobradiarios’ de San Pelayo o las muchachas de Pueblo Nuevo, entre muchos otros, hacían parte de la temible lista, debido a que casi siempre se construye con alias.

“Ya uno ni siquiera se atreve a quedarse hasta tarde en la puerta de la casa”, dice Catalina Zabaleta, abuela de varios chicos a quienes no deja de encomendar a Dios cada vez que le anuncian que van al colegio, o simplemente a la tienda.

El miedo que siente Catalina y que se respira en los barrios, lleva a recordar con nostalgia las coloridas narraciones del escritor David Sánchez Juliao, cuando con encanto y desparpajo refiere lo sabroso que resulta en estas tierras del Sinú disfrutar de una tertulia en la terraza de la casa. Eso ya no es posible debido a los amenazantes panfletos que le sembraron el susto a todos.

María, una menor de once años de edad, comentó en el parque de Rancho Grande, en medio de un partido de microfútbol, que debía apurarse si quería llegar rápido a su casa, porque “quien esté en la calle después de la 9:00 de la noche lo matan”.

En una Universidad la semana pasada se vivieron dos días de asueto, pero no porque se les haya concedido vacaciones a los estudiantes, sencillamente porque los profesores debieron dedicar sus clases a responder decenas de inquietudes sobre los panfletos, que también llegaron a los salones de clase. Igualmente debieron escuchar los comentarios relacionados con los ‘escribientes’ del crimen.

El miedo ronda en Montería por cuenta de la circulación de pasquines amenazantes
“Son desocupados”, “Son los malosos de los barrios, eso es lo que dice la muchacha de mi casa”, relataban eufóricos los estudiantes que solo así han vuelto a ver los periódicos regionales y los noticieros. Los pasquines se han convertido en una realidad nacional que se vio en Turbana, Bolívar, donde publicaron una lista de mujeres infieles; en Dos Quebradas, Pereira, donde le advirtieron a las ‘prepago’ que se recogieran; en Valledupar, Cesar, donde le pusieron un ultimátum a los travestis para que se fueran; en Cali, donde han asesinado a 22 homosexuales en los últimos dos años, luego de que se dieran a conocer listas con sus nombres; en Medellín,donde proliferan los mensajes en la web con sentencias de muerte; o en Cereté, Córdoba, donde le exigen a los ‘cobradiarios’ y ajiotistas que bajen el cobro de intereses al 2.5 por ciento si no quieren morir en menos de 24 horas.

Ninguna autoridad ha podido determinar con certeza el origen de los panfletos. El general Óscar Naranjo, director de la Policía Nacional, sostuvo en su reciente intervención a la institución en el Bajo Cauca antioqueño y sur de Córdoba, que las bandas criminales podrían estar detrás del asunto. Desafortunadamente son solo hipótesis que al pretender identificar al responsable no aminora la tensa calma que se respira en Montería. Finalmente sobre el particular no hay un solo detenido.

Ingrid Asendra, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio Alfonso López, sueña con que el ambiente no vuelva a deteriorarse como en el pasado. “Queremos una ciudad sana y amable, un sitio donde nuestros hijos puedan crecer en paz, un lugar donde seamos libres para expresarnos sin el miedo a las represalias”.

Con ese mismo lugar sueñan todos. Sin embargo, al despertarse y salir a las calles, la sorpresa es encontrar el panfleto tirado en los andenes, pegado en un poste o publicado en el diario local. La amenaza de los ‘escribientes’ del crimen se traduce en que la mano negra, las bandas del crimen o lo que sea, están a la vuelta de la esquina, haciéndole cacería a quienes no entendieron que debían irse si no querían morir.

Publicado por El Meridiano de Córdoba  15/03/2009