El Viento se muere de miedo

      

El
homicidio de los dos estudiantes de la Universidad de los Andes en San Bernardo
del Viento, Córdoba, dejó al descubierto la plaga que han desatado allí las
bandas de narcotraficantes, sin que la autoridad haya podido hacer mucho al
respecto. Por Tadeo Martínez.

300 mototaxistas se agolpan diariamente en la plaza principal de San Bernardo, algunos de ellos colaboran con las bandas criminales. Foto VerdadAbierta.com

Durante décadas en San Bernardo
del Viento y en otras poblaciones de Córdoba y Sucre sobre el mar Caribe se
contrabandeaban vajillas y telas que venían de Colón en Panamá. El tráfico
ilegal le dejaba a la gente algunos centavos, pero a nadie se mataba por ello. San
Bernardo, hoy un municipio de 32.000 habitantes regados en veredas y
corregimientos en la margen izquierda del río Sinú, era además un importante productor del arroz. Tanto,
que llegaron a existir allí siete molinos.

El Viento fue cuna de familias
tradicionales como los Gossain, los Morelos, Genes, Behaine, Abadala, Rognini y
Vega, entre otros. Casi todos se fueron ya. También ha sido tierra de decimeros
y cuenteros. Es un pueblo que celebra todo. Hacen diez festivales al año, el del cangrejo azul, del arroz, del ñame, del
plátano, de la yuca, del camarón, del caballito de palo, de la patilla y el de
la icotea carranchina, y cada una tiene su respectivo reinado, fiesta de canciones,
concursos de décima y cuentería. Esa era la vida en este alegre municipio
caribeño, trabajo, tranquilidad y gente desprevenida y hospitalaria.

Después, hacia el final del siglo
XX, las cosas se empezaron a dañar. Los paramilitares de Mancuso y de ‘El
Alemán’ se encaramaron al poder en Córdoba, y aunque en San Bernardo no se vivió
tanto su terror como en otras partes del departamento, la gente sí empezó a
sentirse limitada. Había una autoridad ilegal que todo lo vigilaba. Cuando se
desmovilizaron los ‘paras’ en 2005, hubo una calma pasajera. Pero, según dice
el alcalde actual  Efrén Manuel Pérez,
desde fines de 2009comenzó a llegar gente extraña y no tardaron en darse los
primeros asesinatos. Se armaron bandas de narcotraficantes que sacan la cocaína
por la costa, aprovechando los cientos de caños y ciénagas que forma el Sinú
cuando desemboca al mar, a pocos kilómetros del casco urbano del municipio. Cualquier
extraño que llega despierta la desconfianza de los lugareños. Hasta recelan a
sus propios jóvenes pues muchos son reclutados por estas bandas para atacar a
los enemigos.

Dos grupos se disputan el
negocio: ‘Los Paisas’, en la margen derecha del río, y ‘Los Urabeños’ en la
margen izquierda. Y la puja ha sido sangrienta. Dicen las cifras oficiales que
en 2010 mataron a 18 personas en este bello pueblo costero, la mayoría víctima
de las codiciosas bandas. La Personería sostiene que fueron 22 los muertos. La
Policía dice que ya ha capturado a 26 de los autores, incluido el jefe de ‘Los
Urabeños’, alias ‘El Flaco’.

El año pasado algunos homicidios en
particular dejaron a la gente muy prevenida y asustada. Al ex alcalde Eduardo
Benito Revollo lo mataron,  y la Policía
dice que un nieto suyo pudo haber estado involucrado y por eso lo han
capturado. Querían robarle un dinero de la venta de ganado. Nadie sabe por
qué  mataron al ‘gringo’ Tomás, un líder
político muy conocido. Y en el corregimiento Nueva Estrella asesinaron al hijo
del Sato Fuentes, el tendero. Un mal día dos hombres armados estaban en su
tienda y se vieron obligados a tirar una pistola que llevaban en el suelo
cuando vieron acercarse a dos policías. El joven Fuentes tuvo que decirles a
los agentes que el arma no era de él sino de los hombres que habían salido.
Después los hombres vinieron y lo mataron. El asesinato fue tan arbitrario y
aterrador que sesenta familias salieron despavoridas de la vereda.

La gente saca cuentas de los
muertos y dice: la familia Padilla se fue huyendo porque les mataron a un hijo;
después mataron a un joven de apellido Ballestas que compraba ñame; en el
corregimiento de Paso Nuevo, mataron a Eutimio Cardales, después al
‘Barranquilla’ y al ‘Coge-caimán’; y también asesinaron a Julio, el hijo de la
señora Presentación. En una batalla por el sector de La Rada por la que ‘Los
Urabeños’ querían quitarle el control del paso a ‘Los Paisas’, quemaron la casa
de una familia.

El momento de mayor tensión fue
el año pasado cuando miembros de las dos bandas estuvieron frente a frente, a
escasos quince metros, pero los disparos no alcanzaron a nadie. La gente ha
dejado de ir a la playa los domingos y la circulación hacia Moñitos, municipio
costero al sur de San Bernardo, estuvo restringida durante varios meses.  La policía sostiene ahora que ya retomaron el
control.

No es fácil identificar a los
miembros de estas bandas en el pueblo, andan en pequeños grupos, dos, máximo
cuatro. En la zona rural, de acuerdo con testimonios, sí hacen ostentación de
poder con las armas: se meten en las casas de los campesinos y piden que les
preparen comida y al que se resista, lo matan. A los que hablan les ponen un
tiro en la boca. Y obligan a la gente a identificarse para ir de un lugar a
otro.

El alcalde Pérez y el comandante
de policía de San Bernardo, Duván Gelvez, coinciden en que hay tantos caminos
para llegar a la orilla de la playa, que no necesitan pasar por el casco
urbano. Pero en otra época, dijeron varios habitantes del pueblo, la luz se iba
durante una o dos horas para que pasaran los camiones y vehículos cargados con
drogas rumbo a la playa, donde entierran los alijos mientras se logran embarcarlos
en las lanchas rápidas. También se meten en las fincas y acampan. Matan al
dueño que se oponga.

Pero lo que verdaderamente tiene a
los sanbernardinos al borde de la desesperación es que estas bandas se están
llevando a sus hijos. Van a los billares, atestados de jóvenes desempleados, y
les ofrecen unos pesos para que les trabajen de mensajeros. “Cómo vamos a
denunciar a los miembros de las bandas si nosotros, que no hacemos retenes ni
requisamos, sabemos quiénes son y la policía también lo sabe, pero dicen que
como no tienen antecedentes no los pueden detener”, dice un poblador haciendo
eco de lo que todos piensan.

La mayoría de los muchachos reclutados
por ‘Paisas’ y ‘Urabeños’, prestan servicio de mototaxi. Sólo en la Plaza
Principal han sido censados 300 mototaxistas, muchos de los cuales sirven de
informantes o llevan y traen mensajes. Incluso, hay zonas rurales donde para
entrar, un mototaxista necesita ‘permiso’ de la banda. No todos los mototaxistas
son de El Viento. La gente ha visto a muchos extraños en ese oficio.

Los pobladores hacen como si no
pasara nada. Nadie abre la boca. Uno rezonga con timidez: “Ahora que mataron a
unos estudiantes universitarios, hijos de familias importantes, es que vienen a
traer 300 policías para hacer registros de las caletas y perseguir a los
miembros de las bandas. Pero cuando han caído personas de la región no han
hecho mucho”. El personero de San Bernardo afirma que la gente tiene dos
opciones: o denuncian lo que está ocurriendo, a sabiendas que se tendrán que irse
después de hacerlo, o se acomodan a las circunstancias. La mayoría de la gente
se conforma y se queda callada.

No sólo a San Bernardo del Viento
lo tienen acabado las bandas criminales. Otros municipios de la zona costera
cordobesa como San Antero, Moñitos, Los Córdoba y Puerto Escondido, también. En
febrero de 2010 asesinaron a Juan Carlos Pérez, un prestigioso odontólogo de
Corozal casado con la hija de un ex gobernador, que había comprado una pequeña
finca en Puerto Escondido. Se cree que lo mataron porque se opuso a que
utilizaran su propiedad para guardar droga o llevarla rumbo a las costas. En Arboletes,
Antioquia, otro pueblo que también tuvo ‘paras’ desalmados, hoy esta en  puja por la exportación de droga. Algo similar
sucede en los municipios del Bajo Sinú como Lorica, Purísima y San Pelayo en
Córdoba. Y los del Alto Sinú, donde están los cultivos de coca y a las cocinas
de pasta, como San Jorge, Tierralta, Valencia, Puerto Libertador y Planeta
Rica,  registran el mayor número de
homicidios.

¿Por qué
mataron a los estudiantes?

Los miembros de las bandas se
confunden con la población para hacer inteligencia, dice Héctor Páez,
comandante de policía de Córdoba, y pensaron que los estudiantes bogotanos Margarita
Gómez y a Mateo Matamala los estaban investigando. Espera el oficial que las
cámaras y los celulares de los jóvenes les pueden ayudar a esclarecer los
hechos. Sostiene que no es una zona desprotegida, que patrullan allí de noche.

¿Por qué no hubo mayores
controles en la temporada turística previendo que habría visitantes que
desconocían lo peligrosa que estaba la zona? El comandante Páez explicó que
como las muertes solían ser entre miembros de bandas, no tomaban medidas
especiales de protección de la población civil.

Un señor que los vio llegar a la
zona dice que los estudiantes parecían dos turistas más, educados y de pocas
palabras. La policía estableció que acamparon en Los Tambos, donde una familia,
que alquila ranchos, les vendió la alimentación. Los días que estuvieron habían
sacado fotos en las playas de las bandadas de pájaros. El último día de su vida
los vieron salir hacia las Playas del Venado, 
una zona de manglares y camaroneras en la vereda Nuevo Oriente. La
policía dice que han podido establecer que salieron en mototaxi,  e incluso, que ya identificó a los dos
mototaxistas que los llevaron. A otras personas que se habían ido a esa zona de
las camaroneras, a orillas de los manglares, unos mal encarados los habían
forzado a irse. Nadie advirtió a los jóvenes del peligro.

La policía cree que los vecinos
que viven y trabajan en las fincas cercanas a la playa debieron escuchar los ocho
disparos. Pero, cuando les pregunta, nadie ha visto ni oído nada. El coronel
Páez dice que es complicidad, otros que no hablan por miedo. “Más demora uno en
preguntar algo, que los miembros de las bandas en enterarse”, dice un hombre
sentado en el parque principal, bajo la mirada de piedra de la estatua de
Antonio De la Torre y Miranda, fundador del pueblo.

Mucha gente tuvo que haberlos
visto. Con el invierno la temporada turística fue mala, y según dijo un joven,
ellos eran casi los únicos. ¿Vieron Mateo y Margarita algo relacionado con el
narcotráfico que no han debido ver? ¿Los confundieron las bandas con agentes de
inteligencia que estudiaban y fotografiaban la zona? ¿Simplemente los mataron
por sacar fotos del Caño Negro, a donde el Sinú desemboca al mar por el sector
de Tinajones, y ese es un canal de salida de la droga? ¿Por qué si todos los
vieron en las playas, la policía, ni el ejército, ningún oficial los alertó del
peligro? ¿Por qué ninguno de la mayoría de gente buena que habita en El Viento
les advirtió nada?¿Miedo, desidia, complicidad?

En San Bernardo no murmura ni el
viento. Cada uno a lo suyo. Esas son las verdaderas plagas que han desatado las
bandas de narcotraficantes sobre el municipio, la de la desconfianza por miedo
y la insolidaridad de los que tienen el alma comprada. Esas son la que les
costaron la vida a los estudiantes bogotanos, y son las que les están dejando
que la muerte se ensañe con sus propios hijos.