Aún no hay justicia para Chad Joseph tras el ataque de Estados Unidos
12 de mayo de 2026(Historia original publicada el 22 de diciembre de 2025 en Trinidad &Tobago Guardian)
Entre la costa noreste de Trinidad, encima de una frondosa vegetación y arropada por el mar Caribe se encuentra la comunidad costera de Matelot. Por tierra sólo es accesible a través de una carretera sinuosa enmarcada por el bosque a un lado y por vistas al mar al otro.
También es posible llegar a Matelot, llamada como la palabra francesa que significa “marinero”, en barcos por el mar. Hace mucho tiempo, los bienes llegaban a esta comunidad en “vapores” que llegaban a la boca del río Tiburón.
Y es del mar de donde la mayoría de habitantes consiguen su sustento. Esta es la comunidad, en la que la tradición tiene profundas raíces en la costa y en la que la vida y el estilo de vida están relacionadas con el mar, en la que creció Chad “Chapo” Joseph, de 26 años, antes de ser presuntamente asesinado por un ataque de los Estados Unidos el 14 de octubre [de 2025].
El domingo pasado se cumplieron dos meses desde que murió Joseph, según le dijo a Guardian Media su madre, Lenore Joseph.
Por fuera de su casa de ladrillo de un piso hay un cartel que marca las fechas del amanecer y el anochecer de Joseph y que ha estado ahí desde el 22 de octubre, cuando se celebró un evento en memoria de su vida.
En Matelot hay una escuela secundaria, una primaria, un bus privado que cobra $30 de ida hasta Sangre Grande y unas cuantas tiendas que atienden a los más de 300 miembros de la comunidad.
Las señales del progreso de la comunidad, como su Centro Comunitario, son tan visibles como las señales de su deterioro, como sus casas de madera en ruinas.
Un niño que comenzó a pescar
En este lugar, que está algo congelado en las historias de sus habitantes, fue fácil trazar la historia de Joseph en la comunidad, pues la mayoría de personas lo recuerdan como un niño que comenzó a pescar muy temprano, justo después de terminar la escuela en la Secundaria de Matelot. Joseph tenía a muchos tíos y a su madre y a sus varios hermanos y hermanas (tiene cinco en total), quienes también viven en Matelot.
La mayoría de niños del pueblo se convierten en pescadores y, o bien se quedan en la comunidad, o bien se van debido a la falta de oportunidades, dijo el tío de Joseph.
En el caso de Joseph, cuando creció, se fue a vivir con su tía, Lynette Burnley, y otros parientes a Las Cuevas.
Gaston Graham, el dueño de un bar del pueblo, dijo que recordaba a Joseph como un niño que siempre estaba en el mar.
Históricamente, como explicó Graham, las comunidades de Las Cuevas, Blanchisseuse y Matelot han estado conectadas por su condición de comunidades remotas del país. Como resultado, la mayoría de familias de estas comunidades han estado relacionadas. Y desde estas comunidades costeras era más fácil ir a Venezuela que al sur de Trinidad.
En este pueblo, la conexión con Venezuela no es sólo geográfica.
Graham dijo que buena parte de la familia de Joseph era miembro de los Salvary, una familia que fue dueña de varias hectáreas de tierra en Matelot y que fue una de las primeras en llegar de Venezuela a Matelot.
“Tiene ascendencia venezolana”, dijo Graham sobre Joseph.
“Pescar es algo que está integrado en la cultura de la familia. Son marineros”, agregó.
La comunidad de Matelot, en shock por el supuesto vínculo de Joseph con el narcotráfico
Graham dijo que la noticia de que el gobierno de los Estados Unidos haya calificado a Joseph como un narcoterrorista lo impactó a él y a toda la comunidad.
“No lo creí”, le dijo a Guardian Media cuando circuló la noticia. Dos meses después, la gente aún tiene dificultades creyéndolo.
Las muertes se siguen acumulando y aún hay poca evidencia que apunte a que Joseph era un narcotraficante, por lo que aquí han surgido opiniones sobre los Estados Unidos y sus acciones, sobre los derechos humanos y sobre lo que cada uno entiende sobre la ley y sobre el apoyo del Primer Ministro a estos ataques.
Graham, quien trabajó como agricultor por temporadas en Toronto, regresó y se retiró en Matelot hace varios años.
Desde su punto de vista, es fácil identificar a quienes llamó “delincuentes” en la comunidad.
Recalcó que el estilo de vida de las personas, como vivir en mansiones y tener varios vehículos, usualmente indica que son traficantes y que pocas de las cosas en el estilo de vida de Joseph y de su familia indicaban algo así.
“Creo que pudo haber una mejor manera de averiguar qué había en esos barcos, hubo un total menosprecio la humanidad”, dijo Graham.
Tras la noticia de su muerte, Joseph fue identificado como el sobrino del capo Vaughn “Sandman” Mieres, quien fue acusado de ser el líder de una banda durante el estado de emergencia de 2011, pero fue liberado por falta de evidencia.
“[Joseph] era sus sobrino. Pero, ¿por qué la gente lo menciona? Eso no tiene nada que ver con lo que le pasó”, dijo su tía Lynette Burnley.
Hace dos semanas, dijo Graham, los habitantes del pueblo escucharon a drones de Estados Unidos “zumbar” y, en una ocasión, una aeronave rodeó a un barco, pero nada sucedió.
Cuando Guardian Media visitó el pueblo la semana pasada, sólo había un barco anclado para pescar. El dueño, Brent, que también es tío de Joseph, dijo que la situación en la comunidad ha estado complicada debido a la falta de mantenimiento de las instalaciones y los cambios en los patrones del clima.
Una madre busca un cierre
Para Lenore, la lucha interna diaria es notable: la sombra de la duda que permanece porque no se sabe del cuerpo de su hijo muerto le pesa cada día.
Desde que supo la noticia, su vida se ha caracterizado por la tormenta contradictoria de tener una vaga esperanza y la cruda realidad de la súbita muerte de Joseph, sin que haya un cuerpo para enterrar.
Joseph es su segundo hijo. Se enteró de su muerte a través de otras personas que le contaron en redes sociales.
Aunque la familia realizó un evento en memoria de Joseph y, en su mayoría, cree que está muerto, nadie lo ha confirmado oficialmente.
Se cree que Joseph y otro pescador trinitense, Rishi Samaroo, fallecieron a causa del mismo ataque. La familia de Joseph cree que se trata de él porque se había comunicado con su pareja de hecho, Ayana Roberts, para decirle que regresaba a casa desde Venezuela la noche del bombardeo. Murió en el mar, entre los dos países en los que vivía.
Lenore dijo que la última vez que habló con Joseph él le dijo que estaba feliz en Venezuela, pero que se había cansado y quería volver a casa.
Ante la pregunta de si Joseph había considerado el riesgo de viajar en ese momento, dado que era un mes tras el comienzo de los repetidos ataques de Estados Unidos, Lenore respondió: “creo que sí y tomó ese riesgo”.
Cuando Guardian Media le preguntó a Lenore por qué Joseph tomó ese riesgo, ella respondió: “sé de la ley del mar; la conozco desde que era joven. Si es un barco, o una cosa así, se supone que tienes que detenerlo, ¿ves? La ley no consiste en matar a personas. Donde sea que estés, no debes matar a personas así. Esta es la primera vez en mi vida, y tengo 51 años. Nunca he escuchado de algo así”.
Ante el hecho de que su hijo haya sido calificado como narcotraficante, Lenore dijo: “¿dónde están las pruebas? Si eran drogas, ¿dónde están las pruebas? ¿Dónde están? ¿Entiendes?”.
Fue la familia de Joseph, al ser una de las primeras en identificarlo entre más de 100 personas que han perdido su vida en los ataques, la que arrojó una luz humana sobre las personas que han muerto como resultado de los ataques de los Estados Unidos en el mar Caribe. Las historias humanas hicieron que congresistas comenzaran a ponerle presión al gobierno de Trump al pedir transparencia sobre estos ataques y al intentar cuestionarlos y detenerlos.
El gobierno de Trinidad y Tobago se mantiene en que ningún pescador trinitario ha muerto. El 12 de noviembre, el fiscal general, John Jeremie, le dijo al Financial Times que ningún pescador local ha muerto y el día siguiente el ministro de asuntos exteriores, Sean Sobers, mantuvo esa línea.
Tanto la familia Roberts como la familia Samaroo han interpuesto denuncias de desaparición.
“Es difícil. El domingo pasado se cumplieron dos meses desde que eso sucedió y el gobierno aquí dice que ambos pueden estar encarcelados. Si están encerrados en alguna parte, en tres días, se supone que vamos a saber qué está sucediendo realmente”, dijo Lenore.
Lenore dijo que su representante en el Parlamento, Wayne Struge, no ha visitado a la familia desde que se conoció la noticia.
“Y todo el mundo nos conoce. Saben dónde encontrarme. Tú me encontraste. No es un secreto”, dijo.
Lenore, así como otras 74 personas de la comunidad, trabajaba en los programas laborales estatales Cepep, URP y Forestry, hasta que perdió su trabajo hace varios meses.
Sin un ingreso al cual acceder fácilmente, Lenore dijo que no puede hacer que sus otros hijos, que también son pescadores, no salgan al mar.
“A veces les puedes decir ‘no vayas’. ¿Cómo van a conseguir su poco dinero? Los peces son peces… la mayoría de gente pesca y así consigue su dinero”, dijo.
Por ahora, Lenore quiere tener un cierre y que el gobierno se interese en sus ciudadanos desaparecidos.
Guardian Media no pudo obtener un pronunciamiento de miembros del gobierno o del comisionado de policía Allister Guevarro sobre el estado de estas investigaciones o sobre los dos cuerpos descompuestos que aparecieron en las costas de Cumana y Balandra a principios de septiembre y que se cree tienen alguna relación con los ataques.