Todas las “vueltas” en Güiria

Todas las “vueltas” en Güiria

12 de mayo de 2026
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El  capitán de un bote, una maestra y un obrero ofrecen un retrato realista y humano de Güiria, la ciudad, en el oriente de Venezuela, de donde eran la mayoría de las víctimas identificadas hasta ahora entre los que fueron muertos  en las embarcaciones bombardeadas por Estados Unidos en el mar Caribe. Juan, Olivia y Pedro* cuentan como el deterioro de la economía y las condiciones de vida en el país han llevado a muchos lugareños a cambiar la pesca y el trabajo en las empresas del Estado por narcotráfico, contrabando de combustible y otras mercancías, trata y tráfico de migrantes 

Por: Alianza Rebelde Investiga 

Si hay algo característico en Güiria es que todos los días se quema algo. Las calles siempre huelen a humo. El horizonte a toda hora tiene una bruma de nubes grises, blancas o negras que se alzan desde el suelo. No importa si es una calle de casas con techos altos de latón o zinc oxidado o esas con tejas terracota y luces led. El olor a quemado está siempre presente. 

Güiria está al sureste de la Península de Paria, en el estado Sucre, que forma parte del oriente de Venezuela. Se podría decir que es la ciudad más importante y con mayor carga histórica de este lado del país. Tiene un estrecho de aguas verdes que se abre hacia Trinidad y Tobago, Grenada, San Vicente y las Granadinas, Barbados, Santa Lucía, Martinica, Dominica. Y de ahí, a Centroamérica. 

Esta localidad, a casi 11 horas en automóvil desde Caracas, ha ganado fama en los últimos años. La precisión geográfica es clave para entender lo que sigue, porque Güiria se caracteriza por la pesca, el cacao, los carnavales y su gastronomía marcada por su cercanía con Trinidad y Tobago. Pero también por la criminalidad: su costa abierta al Caribe ofrece una ubicación estratégica para el narcotráfico, una actividad que, como el humo, es visible en las calles de la ciudad. 

Las nubes grises sobre el Puerto Pesquero de Güiria. Crédito: ARI
Las nubes grises sobre el Puerto Pesquero de Güiria. Crédito: ARI

Hay otros hechos que desde 2017 le han dado la vuelta al país y al mundo desde Güiria: además del tráfico de drogas, ha habido naufragios, tráfico de migrantes, trata de personas y, más recientemente, hombres que murieron en embarcaciones explotadas por fuerzas estadounidenses.

Como parte de la investigación Los bombardeados: sin derecho a la defensa, coordinada por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), la Alianza Rebelde Investiga (ARI), conformada por Runrun.es, El Pitazo y TalCual, se adentra en este territorio remoto para describir cómo es el lugar de donde provienen al menos una decena de los hombres que el gobierno de Donald Trump ha matado en altamar en nombre de la lucha contra el narcotráfico.

En este pueblo venezolano no se le llama narcotráfico o tráfico al traslado de drogas y otras mercancías de manera ilícita desde las playas de La Salina, Caurantica, Las Malvinas o Río Salado, hasta las islas caribeñas vecinas o a La Guajira colombiana. Se les llama “vueltas”, copiando el dicho popular que los narcos colombianos se han apropiado  para nombrar al transporte de estupefacientes o a las operaciones de sicariato o cobro. 

La mayoría de los que viven en Güiria deben recurrir a ellas para procurarse un bienestar real. “Uno llega hasta a sentirse mal porque no tenemos dinero, no estamos en la movida de las vueltas, no estamos haciendo ninguna trampa y nos estamos quedando atrás”, se escucha decir a una joven. “Tienes que estar metida en las vueltas para poder avanzar aquí”, comenta una maestra güireña jubilada. 

En Sucre hay casi 90% de inseguridad alimentaria. Crédito: ARI.
En Sucre hay casi 90% de inseguridad alimentaria. Crédito: ARI.

Los informes de la ONG Transparencia Venezuela señalan que el municipio Valdez -del que Güiria es la capital- es el principal punto de captación y tránsito para la trata de personas. Además, que la falta de control en los muelles y las salidas clandestinas desde aquí hasta Trinidad permite que 30% de esas víctimas que migran terminen en redes de explotación sexual. Mulier Venezuela calculó que en el país hubo incremento de 35% en víctimas de trata desde 2021 hasta 2024. 

Pero las calles no siempre develan esas dinámicas. Hay que sentarse a hablar con la gente para darse cuenta de cómo interpretan estos viajes, que ya son parte de su cotidianidad, así como el humo, la pesca y la agricultura.

“Aquí uno lo que hace es cargar pasajeros. Uno pasa por Macuro, cruza la Isla de Patos, busca la costa trinitaria y entra ahí, en Maracas o Las Cuevas. Entramos tranquilos”, comenta Juan, un joven capitán que desde 2022 se dedica a llevar pasajeros—muchos de ellos, migrantes— y otras mercancías desde Güiria hasta Trinidad. 

Por esta zona se habla del tráfico de migrantes con soltura y a viva voz. Se comenta sobre la vida de los “mafiosos” de ayer y hoy, los que fueron asesinados y los que se unieron a alguna religión. Se dice que antes, “cuando los mafiosos eran gente seria”, nadie se enteraba de lo que hacían. Aunque no hay periódicos ni medios locales, los entrevistados para esta crónica coinciden en que todos saben cuándo alguien sale y regresa de hacer una “vuelta” con droga, con cobre, con acero, con yeso y con personas. 

La cotidianidad de Güiria transcurre entre la pesca, la agricultura y las “vueltas”. Crédito: ARI.
La cotidianidad de Güiria transcurre entre la pesca, la agricultura y las “vueltas”. Crédito: ARI.

Parece que es muy viable dedicarse a esos “negocios”, y que las autoridades poco hacen para impedirlo. Pero lo que prevalece aquí es la necesidad de proveer a sus familias, debido a que hay casi 90% de inseguridad alimentaria en Sucre. En 2023, Sucre era el tercer estado con la tasa más alta de homicidios por cada 100.000 habitantes, con un total de 12,6. Las cifras las hizo públicas el Observatorio Venezolano de Violencia

“Era mejor vender un poquito de gasolina para asegurarse el dinero y la comida, que mandar el bote a pescar y quizás no agarrar nada. De ahí, de ese negocio, conocí a la gente de La Salina y me puse la idea de hacer los viajes de personas”, sigue contando Juan. 

“Uno está metido en la masa prácticamente y se sabe todos los movimientos”

Además del humo y de las “vueltas” hay otros códigos que se manejan en Güiria: como preguntar “¿me entiendes?” cada vez que hablan. Juan pregunta seguido “me entienden” para precisar que gracias a ese trabajo pudo salir del rancho donde vivía. 

“Yo quisiera hacer esos viajes legal. Que la gente se monte con pasaporte y que la guardia revise y hacer mi trabajo legal. Siempre he pensado en eso, pero aquí no te dan los permisos y uno opta por hacerlo ilegal”, asegura.

Si ese deseo se cumpliera, Juan podría trabajar con zarpes desde el puerto y desde muelles autorizados y entrada lícita en Chaguaramas, sin tener que huir de la Guardia Costera, ni pagar vacunas para que lo dejen viajar sin dilaciones. Pero la norma aquí no es esa y conseguir esa legalidad luce cuesta arriba.

Los viajes en lancha hasta Trinidad salen desde puertos improvisados. Crédito: ARI.
Los viajes en lancha hasta Trinidad salen desde puertos improvisados. Crédito: ARI.

“Uno está metido en la masa prácticamente y se sabe todos los movimientos. Incluso cuando empezaron a explotar botes, uno iba y venía igualito porque uno no la debe y lo que lleva es gente, ¿me entiendes?”, dice. 

Antes de trasladar migrantes desde y hacia Trinidad y Tobago, Juan había sido migrante. Dos años estuvo en las islas vecinas trabajando. En sociedad con su hermano, compró un bote y lo puso a pescar. Gestionaba todo desde allá. La gasolina escaseaba, pero los pescadores tenían trato preferencial en 2021. Sin embargo, el dinero por la venta de pescado apenas le alcanzaba para dar de comer a su esposa y sus hijos que seguían en el pueblo. Entonces regresó a Güiria y comenzó a revender gasolina a otros lancheros.

Llevar migrantes y encomiendas a Trinidad es, en este lugar, un trabajo tan normal como dar clases, pero mejor remunerado. Aquí la gente utiliza los conocimientos que tienen del mar para el traslado de mercancía. Hacerlo es prácticamente un honor, sobre todo considerando que hay que atravesar la Boca de Dragón, el estrecho peligroso y turbulento que conecta el Golfo de Paria con el mar Caribe. 

Quienes hacen estas “vueltas” caminan por las calles sonrientes, con el pecho alzado, zapatos y ropas de marca, teléfonos nuevos y relojes brillantes. En las licorerías se les ve con las botellas más caras. Old Parr es una de las preferidas. Y estas personas, hombres todos, se ven como prestadores de servicios y proveedores de su hogar. 

Juan solo lleva migrantes y algunas cajas de Anís, una bebida alcohólica destilada que vende por 200 dólares, así que no muestra lujos en su forma de vivir o vestir. Su casa ya no es un rancho, pero sigue siendo sencilla, pequeña, con pocos ornamentos. 

“Cuando llegué aquí de nuevo vi los movimientos y seguí vendiendo gasolina para resolver la comida”, explicó. 

Después, se dio cuenta de que podía llevar personas a la isla y ganar más de 200 dólares por viaje. Eso mientras usaba motores alquilados y le pagaba a un capitán que conociera la ruta. Ahora que tanto el bote como los motores son suyos, sus ganancias aumentan considerablemente.

El Puerto Pesquero, terminal de Macuro. Crédito: ARI.
El Puerto Pesquero, terminal de Macuro. Crédito: ARI.

“Para esto hay que usar motores buenos y hay que mantenerlos, por el riesgo de que se vaya a apagar en La Boca. Allí tiene que responder, tiene que tener fuerza. Porque los que te van a sacar la pata del charco son los motores”.

Juan siempre viaja con alguien que tenga más experiencia que él. Nunca zarpa solo. Nunca sale de día. Nunca viaja sin avisar a los grupos criminales que controlan esa ruta en Venezuela y en ensenadas de Trinidad como Maracas y Las Cuevas, ambas al norte de la isla y a unos 15 kilómetros de las costas sucrenses. 

“Y entonces cuando todos dan el OK, una persona en el muelle nos avisa si salió una (lancha) costera. Si están adentro uno sale bien, y si están afuera uno no hace el viaje porque nos pueden ver. Salimos de Las Malvinas o de La Salina. Si es preciso podemos salir hasta Río Salado. Lo importante es salir sin que el gobierno nos vea”. Su tono  al hablar cambia y busca complicidad. 

“La ruta de las personas que andan en el tráfico es buscando hacia La Guajira. Buscan para arriba después de pasar la Boca: para Carúpano y pasan Margarita por ahí. Obviamente pueden entrar en Trinidad y entonces compartimos la ruta en ese punto”, explica Juan.  

Para 2019, solo tres o cuatro capitanes se atrevían a cruzar a Trinidad y Tobago. El pasaje costaba entonces unos 300 dólares. Ahora cuesta cerca de 200 y hay más de 10 embarcaciones, solo en Güiria, que cubren esa ruta para migrantes. El número de botes que usan ese estrecho marítimo para otros fines es difícil de calcular, pero están ahí siempre.

Para salir hay que pagar vacuna a quienes dominan esas aguas. Hay que pagarle a la banda que da las órdenes, no solo en la costa, sino también en la tierra. Ellos dictan las leyes que se cumplen. Y una ley clara es que para zarpar hacia Trinidad, hay que pagar. Y al llegar, la banda de la isla también exige un pago por vigilar la costa y dejarlos entrar por ahí. Si no les pagas, te pueden hacer algo. Van a querer quitarte el material o hacerte algo peor. .

El jefe  

De acuerdo con Transparencia Venezuela, el Tren de Aragua sigue teniendo presencia en Sucre y sobre todo en Güiria, por ser un punto clave para el traslado de drogas. 

En el terreno, el Tren sigue siendo ley y orden. Nada sale ni entra al pueblo sin que el líder lo autorice. No es un funcionario. No anda uniformado. Es solo un güireño que lleva las riendas del Tren de Aragua en esta zona tras la detención en Colombia de Carlos Antonio López Centeno, alias “Pilo”, quien era el líder de la facción de esa organización criminal en este municipio.

Calle Sucre de Güiria, cerca del Mercado Municipal. Crédito: ARI.
Calle Sucre de Güiria, cerca del Mercado Municipal. Crédito: ARI.

Nada pasa en la montaña, las playas, en altamar o el centro del pueblo sin que él esté al tanto. Lidera desde su base y cobra vacunas a los comerciantes formales e informales para que puedan trabajar. Todos saben quién es. No hay nadie que no sepa su nombre. Es el jefe de toda actividad delictiva, y el encargado de mantener el orden e impartir justicia. Le dicen “Ismaelito”.

Y tiene mensajeros en cada sector del pueblo; personas encargadas de cuidar que el orden se mantenga, que nadie desobedezca, que no se estorbe el trabajo de la organización y que cada uno cumpla con su función. 

Quien no obedezca las reglas es castigado en la base, una zona elevada y montañosa dentro del pueblo. Las reglas en tierra son: no robar, no estafar, no agredir sin motivo, no sabotear eventos. En la montaña, la norma es no estorbarles y proveerles de suministros si lo necesitan. Los asesinatos y robos de los últimos años han desaparecido casi por completo del pueblo.

“ Lo único que había eran las ‘vueltas’”

Olivia conoció al ahora líder de la célula del Tren de Aragua en Güiria porque es maestra y por años ha trabajado en la escuela rural en la zona donde él tiene su base. 

Para ella, el humo que se siente en el pueblo también es metafórico porque se quema la calidad de vida de los niños y jóvenes, que deben decidir por dos caminos: ser unos prospectos del béisbol (hay güireños en las Grandes Ligas) o dedicarse a hacer “vueltas”.

Plaza Bolívar de Güiria durante la celebración del Campeonato Mundial de Béisbol en marzo de 2026. Crédito: ARI.
Plaza Bolívar de Güiria durante la celebración del Campeonato Mundial de Béisbol en marzo de 2026. Crédito: ARI.

La primera opción es, por supuesto, la preferida de los padres del pueblo. Y por eso, los presionan para conseguir “el cierre”, como se le dice al acto de firmar con los equipos de Grandes Ligas antes de cumplir los 16 años. Así que los jóvenes dejan los estudios en segundo plano para enfocarse en eso. Si no lo consiguen, entonces apelan a la segunda opción. 

Olivia considera que la deserción escolar es también clave para entender cuándo comenzaron los muchachos a ver en el crimen el camino para progresar. 

“Yo estudié para ser maestra, porque era lo único que había en ese momento aquí. Ahora hay más opciones de carrera, pero ninguna que te permita una calidad de vida buena, como sí lo permitía ser maestra en aquel momento. Ahora no”, recalca. 

Cuando se graduó, la única vacante que había era en la Unidad Educativa Juana Ramírez La Avanzadora, la misma escuela rural donde luego estudió el nuevo líder del Tren de Aragua en Güiria.

Dice que la gente se dedicaba a la siembra casi por completo. Las casas eran sencillas y no había familias adineradas. Pero a partir de 2012 las cosas comenzaron a cambiar. “Todo era delincuencia, secuestros. Los delincuentes se metían a la escuela y pasaban frente a los salones con armamento, con granadas en las manos. A las 10 u 11 de la mañana se presentaban tiroteos. Yo tenía que salir corriendo con esos niños”, explicó la maestra Olivia.

Desde el Puerto Pesquero se ve, al fondo, las ruinas de una planta de hielo. Crédito: ARI.
Desde el Puerto Pesquero se ve, al fondo, las ruinas de una planta de hielo. Crédito: ARI.

También contó que “cuando estaba empezando la crisis en el país (entre 2015 y 2017) que se fueron las empresas y todas esas fachadas quedaron solas, empezó la robadera de cobre. Eran varias bandas y se tumbaban entre ellos. Era un lío. A partir de allí se empezaron a dividir las comunidades por bandas”. 

Por las empresas se refiere a la Planta Termoeléctrica “Juan Manuel Valdez” y otros proyectos que la complementaban. Fue inaugurada en 2018 en Güiria para generar energía a través del gas natural. Pero durante la Emergencia Humanitaria Compleja que azotó al país, fue saqueada, con la complicidad de las autoridades. Incluso Juan se dedicó un tiempo a extraer cobre para venderlo a algún extranjero. 

“Esa robadera de cobre duró más de tres años, hasta que se llevaron un último paquete. Entonces empezaron a dividirse esos bandos. En esos choques asesinaban personas, las picaban como cochinos”, narra Olivia con naturalidad. 

Recuerda que esa delincuencia así no se veía antes. “El narcotráfico se veía pero eran dos bandos, la gente de León y la gente de Los Gordos. Ambos eran de Río Salado. Ellos eran familia, eran primos hermanos. Cada quien traficaba su parte. Después empezaron a meterse los hijos de ellos. Entonces hicieron grupitos por aquí, grupitos por allá, para adueñarse de la plaza”, explica Olivia. Una historia que muchos otros güireños también cuentan. Cuando recuerda los días como maestra en aquella escuela, entiende por qué Güiria se volvió uno de los lugares más inseguros del país. 

Escuela María Blandín de Alfonso, una de las pocas unidades educativas de Güiria. Crédito: ARI.
Escuela María Blandín de Alfonso, una de las pocas unidades educativas de Güiria. Crédito: ARI.

Cuenta con tristeza que siguen usando la escuela como lugar de tránsito y que, como está prácticamente vacía, hacen barbacoas en esos terrenos. Olivia también trabajó en la escuela de Río Salado, histórica sede del narcotráfico en el pueblo, pero prefiere no recordar esos días. 

“Aquí en 2017, 2018, 2019 no había empleo. Lo único que había eran las ‘vueltas’ de robar las compañías, ‘vueltas’ de drogas y ‘vueltas’ de llevar cobre. Y ahí entonces empezaron las ‘vueltas’ de llevar muchachas para Trinidad, o sea, el tráfico de personas. Y cada quien empezó. Casi todo el mundo vivía de esas ‘vueltas’ porque no había otra cosa. No había otra fuente. Ya para esa fecha los maestros eran un cero a la izquierda, no valían nada”, dijo.

El abandono de la zona agrícola de Güiria. Crédito: ARI.
El abandono de la zona agrícola de Güiria. Crédito: ARI.

Mientras los habitantes de la zona migraban y empresas como PDVSA se quedaban sin trabajadores, los delincuentes comenzaron a azotar las zonas agrícolas: robaban mercancía, siembras, ganado. La mayoría de los alumnos de Olivia quedaron a merced de las bandas. A muchos los mataron.

“Aquí la economía se ha movido más que todo por el narcotráfico”

En 1972 Güiria era sede del puerto pesquero más importante del oriente venezolano y el único con salida directa al Atlántico. La infraestructura era compleja y su funcionamiento representó una inyección clave en la economía local. Pero eso duró poco. El puerto se deterioró y ya para la década de los 90, las fuentes de empleo eran escasas. Así lo vivió Pedro, un güireño que desde hace 28 años trabaja para la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec). 

Corpoelec “era la mejor empresa que había en ese momento. Los servicios funcionaban bien porque se hacía mantenimiento a todas las redes eléctricas. Pero ya después hace muchos años que no se hace ninguna clase de mantenimiento”, confesó Pedro. 

De la época de los buenos pagos, cuando él tenía poco más de 30 años, solo quedan los montos devaluados por la inflación o las múltiples reconversiones monetarias. Antes de entrar a Corpoelec, él hacía mantenimientos a los barcos en el Puerto Pesquero. 

“Después de eso llegó PDVSA y empleó a más personas. Y con los proyectos que después hubo por aquí, que dependían de PDVSA, era la única fuente de trabajo, de las pocas empresas públicas que existían aquí”, aseguró Pedro. 

Calle del centro de Güiria. Crédito: ARI.
Calle del centro de Güiria. Crédito: ARI.

Pedro camina por el pueblo con su uniforme desgastado y decolorido; una indumentaria obligatoria, pese a que el salario no le alcanza para renovarlo. Aquí el servicio eléctrico es tan deficiente como en el resto del país: 54% de los venezolanos sufre fallas eléctricas a diario, según un estudio realizado por el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos en abril de 2023. 

Sobre el servicio eléctrico, Pedro explica que “los empleados trabajan con las uñas porque no tienen ninguna clase de material para reponer nada. Se revienta una línea, la empatan con esa misma porque no hay material. No hay ninguna clase de vehículo para movilizarse, por eso los muchachos trabajan con sus vehículos personales, que son motos. Tenemos muchos años sin carros”.

En esa zona también están todas las repetidoras de las antenas telefónicas, por eso la señal en el pueblo es inestable, e inexistente cuando falta la electricidad. 

Mientras el pueblo está a oscuras e incomunicado, las actividades ilícitas prosperan.“Aquí la economía se ha movido más que todo por el narcotráfico. De hecho, había muchas personas que quedaron desempleadas cuando (Hugo) Chávez eliminó las arrastras (pesca de arrastre industrial) y las rastropescas (con la Ley de Pesca y Acuicultura de 2009 que buscaba proteger ecosistemas marinos y favorecer a los pescadores artesanales). Muchos padres de familia quedaron sin empleo. No les quedó de otra que dedicarse a hacer ‘vueltas’”, contó Pedro.

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