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En 2016, los colombianos sabían muy poco sobre esta zona rural de Norte de Santander.

Ese mismo año, mientras los ojos del mundo estaban puestos en La Habana por el resultado del proceso de paz entre las Farc y el gobierno nacional, los aproximadamente 360 habitantes de esta vereda estaban a punto también de salir de su anonimato.

Ubicada a unos 50 kilómetros de Tibú, que se recorren en una hora y media, y a 10 de la vía principal que comunica a ese municipio con La Gabarra, Caño Indio se encuentra en su tránsito a la vida civil tras la firma del acuerdo de paz.

A pesar de que no cumplía casi ninguna de las condiciones y características que en su momento exigió el gobierno nacional para establecer allí una Zona Veredal Transitoria de Normalización (ZVTN), era la oportunidad para que el Estado por fin llegara a este recóndito lugar del Catatumbo.

Esa ausencia histórica pesó para que fuera elegida como zona de concentración.

A Caño Indio se llega a través de una vía de acceso en pésimas condiciones e intransitable en época de lluvias.

No hay redes de energía eléctrica para surtir las viviendas del núcleo conformado por otras cuatro veredas (Chiquinquirá, El Progreso 2, Palmeras Mirador y Casa de Zinc) y entre las que suman 250 familias.

Tampoco hay acueducto para abastecerse, el agua lo sacan de caños y quebradas.

Esas condiciones y una economía alrededor de los cultivos ilícitos se convirtieron en la excusa de estas comunidades para permitir que allí empezara a florecer la paz de la región con el impulso de la ZVTN.

Esta carretera de acceso a Caño Indio es intransitable cuando el invierno llega a la zona.

Foto: Mario Franco | La Opinión.

Desde la primera visita que hicieron los representantes del gobierno nacional a la zona, en agosto de 2016, se habló de los beneficios que podría significar para estas comunidades el fin del conflicto con la guerrilla más antigua del hemisferio.

Gerson Arias, entonces asesor del Ejecutivo en la llamada Comisión Tripartita, llenó de esperanzas a los habitantes de Caño Indio y sus alrededores al advertirles que, de instalarse allí la Zona Veredal, no sólo se les abriría la oportunidad de contar con servicios públicos, sino que en el tiempo que duraran los campamentos, los pobladores de la zona tendrían prioridad en la contratación de otros servicios como alimentación, compra de productos, entre otros.

En el acuerdo suscrito por el gobierno y las Farc el 28 de enero de 2017, en el que se definió que Caño Indio sería ZVTN, quedaron consignados exclusivamente los compromisos relacionados con la inmediata implementación del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS).

Para los habitantes era un hecho que con el acuerdo de paz llegaba también el progreso a su territorio.

Pero casi tres años después, la efervescencia que produjo la ansiada presencia del Estado se transformó -nuevamente- en frustración y desconfianza, sentimientos a los que ya están acostumbrados los catatumberos.

A tres meses de terminar la vigencia de los ahora Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), los 84 excombatientes que siguen allí deben abastecerse de dos generadores de energía que les dispuso la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), esto obliga a hacer racionamientos diarios debido a que presentan fallas.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/3″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text][/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]Los planes de la nueva administración presidencial, enmarcados en el programa Catatumbo Sostenible para estabilizar y consolidar la paz en la subregión, están orientados a llevar electricidad a 2.899 hogares al término de 2019, aunque no se determina cuántos de esos corresponderían al núcleo Caño Indio.

Adicionalmente, el Ejecutivo ha dicho que espera atender a 4.525 hogares adicionales entre 2020 y 2022, y reducir el déficit en un 70% durante el cuatrienio, así:

Proyección del programa Catatumbo Sostenible para atender el déficit de energía en la región.

Vías de acceso

Tener una buena vía de acceso, como la electricidad, ha sido otra ilusión truncada para habitantes y excombatientes.

Hoy sigue siendo un suplicio conectar a la vereda con la carretera principal que conduce a Tibú y transitar los caminos internos hacia la escuela del lugar y al ETCR mismo.

Son 10 kilómetros que reclamaron hace casi dos años y que hoy siguen siendo difíciles de recorrer.

Esta vía es la única ruta de acceso a la zona y por ende es imprescindible para la vida de sus habitantes, pues por allí mueven sus productos, van al hospital, al banco, se conectan con Cúcuta, la capital del departamento.

Dada su importancia, esta fue una de las promesas que desde un principio el gobierno hizo a las comunidades, cuando se dio la concentración de las Farc en el lugar, pero actualmente son pocos los recursos que se han invertido para mejorarla.

En 2015, la Gobernación, por intermedio del Banco de Maquinaria, y los mismos campesinos de la zona que aportaron la mano de obra, lograron que el camino se hiciera transitable para automóviles y motos.

Entre 2017 y 2018, a partir de la estrategia 50/51 (que consiste en mejorar 50 kilómetros en cada uno de los 51 municipios priorizados por ser los más afectados por el conflicto), la Agencia para la Renovación del Territorio (ART) adelantó una inversión de $198.282.502 entre Mirador y Caño Indio.

Esta contempló la construcción de tres alcantarillas, un tramo de placa huella, el arreglo de cinco kilómetros y el mejoramiento de uno más.

Recientemente y como parte de los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial, Invías asignó $10.000 millones para el mejoramiento de corredores viales correspondientes a la red terciaria de la zona del Catatumbo, de los cuales fueron priorizados $800 millones para el tramo que va desde el puente sobre el río Vetas hacia la escuela de Caño Indio, que comprende aproximadamente tres kilómetros de vía.

Estos recursos se gestionarán a través del Órgano Colegiado de Administración y Decisión de Paz, OCAD Paz.

La vía Guamalito–Culebritas–Santa Inés tendría la mayor inversión para mejorar 81 kilómetros de esta carretera.
Vuelven a ser un sin fin de proyecciones y promesas.

Mientras estos nuevos dineros se materializan, campesinos y exguerrilleros suplican para que el verano agresivo no les termine quebrando la polvorienta carretera.  

O que el invierno los vuelva a dejar confinados, más de lo que ya se sienten hoy.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/3″][/vc_column][/vc_row]

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