A pesar de que son muchos los incumplimientos que han tenido que afrontar no sólo los excombatientes del Frente 33 de las extintas Farc que hacen su proceso de reincorporación en esta región del Catatumbo, sino las comunidades de las veredas aledañas, antes y después de que se firmara la paz en La Habana, los proyectos educativos se han convertido en una esperanza para seguir creyendo en la implementación.

Siendo apenas una niña, las armas se convirtieron para Fanny, o ‘Claudia Guzmán’, como se hizo llamar en la guerra durante 24 años, en la única alternativa para sobrevivir y hacerle el quite al hambre y la pobreza de su familia.

Paradójicamente, haber tomado ese camino fue lo que hoy le permitió cumplir su sueño. Esta joven santandereana, desmovilizada del Frente 33 de la antigua guerrilla de las Farc que operó durante más de tres décadas en Norte de Santander, reconoce que no habría alcanzado su propósito si hubiera crecido en el seno de su familia: estudiar odontología.

‘Claudia’, a quien no le disgusta que la sigan llamando así ahora que está en la vida civil, es una de los 84 reincorporados que hacen su tránsito a la legalidad en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de Caño Indio, en Tibú, ubicado a 141 kilómetros de Cúcuta, la capital del departamento.

Sin duda, no ha sido fácil la vida en el ETCR desde que empezó el proceso de concentración, en febrero de 2017, luego de la firma de los Acuerdos de la Paz. Buena parte de las promesas que en un principio se hicieron en materia de vías, servicios públicos y proyectos productivos no se han cumplido como esperaban los reincorporados y los habitantes de la vereda y sus alrededores. Sin embargo, los excombatientes que siguen en Caño Indio, incluidos sus líderes, destacan un aspecto positivo del proceso: la formación académica.

“Hemos podido participar de varios procesos de formación. Yo me gradué recientemente de bachiller junto con otros 17 compañeros. Gracias al Consejo Noruego para Refugiados y a la cooperación internacional esto ha sido posible y hemos podido educarnos”, reconoció ‘Willy Peña’, como se le conoció en la guerra a este exintegrante de las extintas Farc que tenía mando en algunas áreas del Catatumbo y quien ahora lidera el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS) en la zona.

Lo mismo admite ‘Claudia’, quien desde el pasado 8 de mayo se encuentra en Bogotá formándose como técnica en salud oral, junto con otros cuatro compañeros del ETCR, como parte de los proyectos educativos impulsados por la comunidad internacional, en el marco del Acuerdo de Paz.

“Este era un sueño inalcanzable por las condiciones en las que estábamos, y si no hubiera sido por los acuerdos firmados, ya que con el Estado sólo vivimos fue la persecución, esto no hubiera sido posible”, asegura.

Esta mujer, que recientemente se convirtió en madre, cuenta que durante su paso por la guerrilla recibió procesos de formación en primeros auxilios, economía y computación. Con esos aprendizajes desempeñó diferentes roles al interior del grupo armado, uno de ellos el de enfermera. Sin embargo, fue en el 2000, en plena época de los diálogos de paz de San Vicente del Caguán, donde empezó a despertarse en ella el gusto por la odontología.

“En la guerrilla todo el tiempo se estudiaba, pero fue en la zona de despeje, donde estuvimos dos años recibiendo formación en odontología por parte de un compañero que sí tenía toda esa capacitación. Él tenía su cartón profesional y fue quien nos dio esa especialización”, recordó.

Rotas las conversaciones de paz con el gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana Arango, en febrero de 2002, Claudia fue enviada al Catatumbo, en donde permaneció hasta que se concretó el acuerdo de paz de La Habana. Allí tuvo la oportunidad de empezar a aplicar sus nuevos conocimientos en odontología.

Un nuevo amanecer

Si bien en los recuerdos de esos largos años en la guerra no hay reproches, pues insiste que las armas se convirtieron en una herramienta de lucha y de reivindicaciones, ‘Claudia Guzmán’ admite que el tránsito a la vida civil abrió nuevas puertas en su vida que la mantiene motivada y lista para, en adelante, poner a disposición de las comunidades del Catatumbo, sus conocimientos profesionales.

“Queremos tejer lazos de reconciliación y poner nuestros conocimientos al servicio de la comunidad. Queremos que el Catatumbo sea visibilizado y el gobierno nacional entre con proyectos productivos para todas las comunidades y para quienes estamos en este proceso de reincorporación y no con más pie de fuerza como hasta ahora”, dice.

‘Claudia Guzmán’, quien aparece en la imagen con la camiseta del ahora partido FARC, se encuentra en Bogotá desde mayo pasado, adelantando sus estudios como técnica en salud oral. Foto: cortesía para La Opinión.

Su proceso de formación como excombatiente empezó en Caño Indio en 2017, después de su concentración en la llamada Zona Veredal Transitoria de Normalización (ZVTN). Allí validó el bachillerato y se convirtió, junto con ‘Willy Peña’, en uno de los 18 exintegrantes de las Farc que han finalizado con éxito sus ciclos académicos y se han graduado como bachilleres.

Después de este gran primer paso, la excombatiente hizo parte de los procesos de capacitación en economía, primeros auxilios, formación para el trabajo y otros que también han sido impartidos por el Sena, la Secretaría de Educación de Norte de Santander y la Universidad Nacional a Distancia (UNAD).

Sin embargo, fue a comienzos de este año que comenzó a materializarse su sueño, al ser seleccionada, junto con otros cuatro compañeros del ETCR Caño Indio, para adelantar un proceso de homologación de saberes en el proyecto Fortaleciendo Comunidades para la Paz, liderado por la Cruz Roja Colombiana, el Sena y la Cruz Roja Noruega.

“Ahora lo que estamos haciendo es dando a conocer nuestra experiencia y al mismo tiempo mirando en qué nivel estamos. Eso es lo que nos están evaluando, para ponernos en un mismo nivel y podernos certificar. En este proceso hubo un reconocimiento de saberes previos que hicimos en octubre del año pasado y ahora estamos en la fase presencial. Luego pasaremos a la práctica, que es donde evaluarán nuestro rendimiento. Todo esto será en Bogotá”, explica ‘Claudia’, quien agrega que el proceso irá hasta diciembre cuando se certifiquen como técnicos en salud oral.

Según cifras de la Agencia para la Normalización y la Reincorporación (ARN), el Ministerio de Educación Nacional y el Consejo Noruego para Refugiados, entre 2017 y lo que va corrido de este año, 197 excombatientes del antiguo Frente 33 han sido beneficiados con el proyecto de formación académica ‘Arando la educación’ en los diferentes ciclos de formación impartidos como parte del proceso de reinserción a la vida civil.

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De acuerdo con la ARN, entidad estatal encargada de acompañar el proceso de formación académica de los exguerrilleros, ‘Arando la educación’ es un proyecto de alfabetización y nivelación dirigido a los exintegrantes de las extintas Farc que se acogieron al proceso de paz y que se mantienen en los ETCR, pero que también se extiende a las comunidades aledañas a estos puntos de concentración.

“Este proyecto surge a partir de la iniciativa de la Fundación Colombiana de Excombatientes y Promotores de Paz (FUCEPAZ), la cual señala que desde la oferta educativa de adultos se carecía de un modelo que respondiera a las expectativas de la población reincorporada, por lo que se planteó la necesidad de crear un modelo propio que permitiera identificar sus intereses, pero a la luz de los procesos no solo individuales, sino también colectivos”, indica la ARN.

Para poner en marcha esta iniciativa,  el Ministerio de Educación Nacional (MEN) suscribió con el Consejo Noruego para Refugiados el Convenio 931 de 2017, “cuyo fin es aunar los esfuerzos técnicos y financieros para la prestación del servicio educativo a la población joven y adulta en proceso de reincorporación de las Farc – EP y de las comunidades aledañas, a partir de la caracterización de las necesidades educativas, la definición del modelo educativo pertinente a las necesidades y la implementación del proceso de alfabetización”.

El informe entregado por la ARN a La Opinión da cuenta de que, hasta el primer trimestre de 2019, el gobierno nacional invirtió un total de $10.712’081.418 para la ejecución del Convenio 931 de 2017 en los 24 ETCR. No obstante, el monto destinado para estos proyectos educativos no se pudo conocer discriminado, es decir, cuál fue la inversión precisa sólo en Caño Indio.

El Convenio entre el MEN y el Consejo Noruego para Refugiados tenía como fecha de terminación el 30 de abril de 2019, por lo que en este momento el gobierno nacional adelanta los trámites para concretar uno nuevo que permita dar continuidad al proceso educativo de la población que se encuentra en los ETCR de todo el país.

Beneficio para comunidades aledañas

A pesar de que el Acuerdo de Paz con las extintas Farc le ha dejado desilusiones a los habitantes de las comunidades que están cerca al ETCR de Caño Indio, ya que fueron muchos los que creyeron encontrar en esta transición la oportunidad de contar -por fin- con la presencia del Estado, la apuesta que ha hecho el gobierno nacional por garantizar la educación de los reincorporados, como parte de los compromisos suscritos en el acuerdo de paz, ha traído beneficios también para 1.168 habitantes del núcleo veredal conformado, además de Caño Indio,  por los sectores Chiquinquirá, El Progreso 2, Palmeras Mirador y Casa de Zinc.

“El proyecto ‘Arando la Educación’ ha buscado beneficiar no sólo a los excombatientes de las Farc que residen en los ETCR, sino también a las comunidades que se encuentran alrededor de dichos espacios. Bajo esta premisa, y para el caso de Caño Indio, un total de 1.168 personas de las comunidades aledañas se han visto beneficiadas, atendidas con el modelo flexible para adultos ‘Ser humano’, con el acompañamiento del Centro Educativo La Serpentina y la institución Educativa Francisco José de Caldas”, explicó la ARN.

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A propósito de esta iniciativa, el Plan de Acción para la Transformación Regional del Catatumbo, elaborado por la Agencia para la Renovación del Territorio (ART), y el cual recoge las expresiones y visiones del campesinado catatumbero, frente a lo que ha sido la estructuración del PDET en esta zona del país, señala justamente que “la educación rural en el Catatumbo ha sido un renglón de la sociedad que ha enfrentado las mayores problemáticas agrupadas en deudas históricas, que de ser saldadas, son garantía para aportar nuevas posibilidades y futuro a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, que representan el 33% de  la población del territorio”.

En Caño Indio, al igual que en otras zonas del Catatumbo, las condiciones en la que los niños estudian son precarias, sumado a sus condiciones de pobreza, por lo que los niveles de deserción rondan el 40 por ciento, según un censo del Consejo Noruego para Refugiados. Foto: La Opinión.

Este mismo documento advierte que para que la educación se pueda convertir en una verdadera opción en el proceso de transformación de esta convulsionada subregión de Norte de Santander, es necesario que el Estado pueda disponer de las suficientes aulas de clase, la alimentación escolar, el transporte, útiles y otras herramientas, para que los 44.829 niños y jóvenes de la zona puedan encontrar una oportunidad diferente a la guerra.

Según un censo adelantado recientemente (no precisan la fecha) por el Consejo Noruego para Refugiados entre más de 2 mil hogares de diez municipios del Catatumbo, y que es detallado en el Plan de Acción de la ART , el 38 por ciento de los estudiantes de la zona abandona la escuela entre tercero de primaria y primero de bachillerato; el 45 por ciento de niños desescolarizados no puede estudiar por problemas económicos, y un 11,5 por ciento de los adolescentes desescolarizados entre los 13 y 17 años abandona el aula escolar como consecuencia de su estado de embarazo.

De ahí la satisfacción que hoy siente ‘Claudia Guzmán’ de haber podido cambiar las balas por libros y, en unos cuantos meses, por los instrumentos quirúrgicos con los que espera empezar a aplicar sus conocimientos como técnica en salud oral entre las mismas comunidades del Catatumbo que hoy todavía no tienen una oportunidad como la que logró ella gracias a la paz.

“Lo que queremos es sacar adelante esa región, visibilizarla y que el gobierno nacional se dé cuenta que estas comunidades también existen, que también merecen una oportunidad como la que estamos teniendo nosotros hoy. Por eso, estamos dispuestos a dar lo mejor en este propósito”, señaló esta excombatiente, quien asegura que regresará a Caño Indio una vez termine sus estudios.

¿Qué hay en el PDET?

Dentro del programa Catatumbo Sostenible que lidera la Consejería para la Estabilización y Consolidación y que tiene a su cargo la puesta en marcha de los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), el gobierno nacional tiene proyectada la intervención de 160 escuelas en los próximos cuatro años, con una inversión estimada de 45.200 millones de pesos, unos 282 millones por escuela. Estos planes quedaron incorporados en el Plan Nacional de Desarrollo aprobado por el Congreso de la República.

Adicional a estos recursos, la Consejería ha anunciado planes de formalización, mejoramiento y dotación de la infraestructura educativa en el Catatumbo entre 2019 y 2022, así:

Los anuncios generan esperanzas en el Catatumbo, pues a pesar de que el conflicto sigue vivo en la zona, lo que lograron ‘Claudia’, ‘Willy’, ‘Leidy’, ‘Cecilia’, ‘Aleida’ y otros excombatientes de cambiar las balas por cuadernos y, de paso la educación de las comunidades vecinas a este Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación, mantiene viva la ilusión de que la paz allí será posible.