
Esta sección está dedicada a contar las historias de los crímenes cometidos, a las víctimas del paramilitarismo, sus perfiles, la forma en que resistieron la violencia, las organizaciones y cómo han reconstruido sus vidas.

| Martes, 05 de Mayo de 2009 00:00 | |
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La región que bordea el río Naya, en el límite entre el Valle y Cauca, la pueblan mayoritariamente comunidades indígenas y negras de campesinos y pescadores. Con una geografía aún virgen, enmontada y abandonada por la civilización ha sido una ruta ideal para sacar drogas ilícitas desde hace años. Últimamente, la selva cedió a los cultivos de coca, y la población se arrinconó, cada vez más amedrentada por los actores armados de distinto color. Las Farc llegaron de primeras, hace un cuarto de siglo, con sus promesas de revolución, el ELN, llegó hace 15, y desde 1999, desembarcaron los bloques Calima y Pacífico de las AUC. Estos últimos se desmovilizaron en diciembre de 2004, el primero, y agosto de 2005, el segundo.
Con la misma estrategia de terror que ya habían usado en la Costa Caribe para romperle el alma a las poblaciones indefensas y montar sus negocios ilícitos a gusto, los hombres de ‘H.H.’ entraron por Tuluá y siguieron matando por el centro del Valle. En ocho días ya habían asesinado a 17 campesinos. Después siguieron otras masacres en la Buenaventura rural y marginal, en Sabaletas, La Meseta, y en los corregimientos de San Antonio y Liberia de Jamundí (Valle). ‘HH’ dijo a los fiscales que un comerciante de la zona, Henry González López, presuntamente fue el encargado de buscar la financiación y que Ramiro Rengifo Rodríguez, conocido como ‘El Gordo’, quien para la época se desempeñaba como jefe de seguridad del ingenio azucarero San Carlos, fue el responsable de entregar información al Bloque Calima de quiénes él consideraba eran colaboradores de la guerrilla o dirigentes sindicales que debía asesinar. Luego de su captura en 2007, ‘HH’ reconoció en versión libre ante un fiscal de Justicia y Paz, algunas de las matanzas del grupo Calima que comandó: dos en el corregimiento Sabaletas, de Buenaventura y, una más en el caserío El Palo, en el centro del Valle del Cauca, en las que fueron asesinadas 18 personas. Aun cuando no se tiene claridad sobre la fecha exacta, las Auc empezaron a secuestrar transportadores y señalados informantes de la guerrilla, entre ellos, cayó Eladio Viveros. Le echaron mano en el sitio El Palmar y luego fue llevado a un campamento paramilitar en Timba. ‘El Capi’ lo interrogó por varios días intentando sacarle información sobre la guerrilla. Querían volverlo su guía en El Naya. Durante su cautiverio, Viveros fue testigo de reuniones de varios integrantes del bloque Calima con militares. El transportador presenció por ejemplo, un encuentro entre alias ‘El Gato’ con un mayor del Ejército en la propia sede del Batallón Pichincha de Cali. Allí le dijeron al militar que Viveros podría ser utilizado por los militares como guía en la región. A Viveros no le quedó más remedio que informar lo que le pedían. Conocía bien El Naya y sabía donde se movía la guerrilla, dónde estaban cultivos y laboratorios. Creyó que luego lo liberarían En su momento, Eladio informó sobre detalles de la región, sus pobladores y cómo estaba ubicada la guerrilla. También dio información sobre plantaciones y laboratorios cocaleros. Creyó que con esa información sería liberado, pero lo tuvieron secuestrado por tres meses más. En ese lapso vio como mataron a muchos a bala y a machete. Finalmente fue llevado a una finca en la vereda El Barejonal, que según pudo escuchar pertenecía al narcotraficante Pacho Herrera, donde estuvo encerrado junto con otro secuestrado. Sobrevivió, dijo luego ante el Juzgado Penal de Popayán, porque se ganó la confianza de varios paramilitares. En un descuido de sus captores se escapó. Apenas salió denunció los planes en la Defensoría del Pueblo de los paramilitares de emprender una masacre en El Naya. La Defensoría del Pueblo en varias ocasiones alertó al gobierno de la época sobre la inminente tragedia, sin embargo, éste hizo poco. |